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A Mark Zuckerberg se le acaban las ideas para vendernos el Metaverso

Mark Zuckerberg quiere que nos centremos en la promesa del metaverso. El fundador de Facebook, ahora Meta Platforms Inc., apareció en el podcast de Joe Rogan el 25 de agosto, impasible ante las burlas que despertó Horizon Worlds (una copia de Second Life) y decidido pregonar los beneficios de pasar horas con un dispositivo colocado en nuestra cara.

Además de entregarle a Rogan una versión preliminar de los nuevos lentes de realidad virtual de la compañía, llamadas Project Cambria, Zuckerberg también aprovechó la entrevista para intentar renovar su marca personal, a fin de armonizarla con su decisión de centrar su atención en la realidad virtual y la realidad aumentada. Durante la entrevista de casi tres horas, Zuckerberg, el nerd y prodigio de la programación, se presentó a sí mismo como un adicto al gimnasio y un obsesionado de los deportes de combate. Se refirió a sí mismo como un polideportista universitario, proclamó su amor por el jujitsu (contrató a uno de los amigos de Rogan como entrenador) y dijo que entre sus pasatiempos estaba “simplemente jugar luchitas con amigos”.

Fue vergonzoso, o debería haberlo sido. No solo porque Zuckerberg tiene casi 40 años, sino por el anfitrión al que tanto trató de halagar. Rogan tiene un papel clave en la difusión de la desinformación sobre el Covid-19, en franco contraste con la postura a favor de la vacunación de Zuckerberg y las propias políticas de contenido de Facebook. Desde el comienzo de la pandemia, Rogan ha suministrado a los influencers antivacunas una audiencia receptiva y ha promovido la ivermectina, un antiparasitario que ha demostrado repetidamente su ineficacia como tratamiento para el virus que causa el Covid.

Rogan se ha disculpado por usar un lenguaje racista en su programa, y también se disculpó, más o menos, por la información errónea sobre el Covid, aunque al día siguiente de la emisión del episodio de Zuckerberg, Rogan presentó en su podcast a Alex Berenson, el escritor que pasó gran parte de la pandemia promoviendo la falsa idea de que las vacunas eran más peligrosas que la enfermedad. Y al día siguiente el invitado fue Aaron Rodgers, el jugador de fútbol americano abiertamente antivacunas.

Pero Zuckerberg no voló a Austin para criticar a una de las figuras mediáticas más influyentes de Estados Unidos. Fue al programa para cortejar a la base de fans, mayoritariamente masculina, de Rogan, estimada en alrededor de 11 millones por episodio. Durante la entrevista, el fundador de Facebook argumentó que la realidad virtual y la realidad aumentada revolucionarían el trabajo, la socialización y el ejercicio, y desplazarían otras formas de entretenimiento, en especial la televisión. Zuckerberg dijo que, personalmente, no ve televisión, excepto los combates de la UFC, porque considera que el medio es demasiado “pasivo” en comparación con las redes sociales. “Simplemente estás sentado en este estado beta, consumiendo cosas”, dijo.

Los tecnófilos, por supuesto, usan la palabra “beta” todo el tiempo para referirse a productos sin terminar, pero Zuckerberg no parece haberlo dicho en ese sentido. Estaba usando “beta” de la forma en que Rogan y los miembros de la machoesfera lo usan, como “macho beta”, lo opuesto a “macho alfa”, para implicar que había algo afeminado en ver televisión. Al parecer para Zuckerberg, los hombres de verdad deslizan el dedo sobre una pantalla táctil. Aunque en su visión supermasculina del futuro definido por la realidad virtual, ni siquiera tendremos que usar nuestras manos para desplazarnos porque se sentiría “raro”, dijo. En lugar de ese movimiento físico fastidioso, explicó, las interacciones ocurrirán a través de lentes inteligentes controladas por ondas cerebrales.

“Podrás tener esta experiencia en el futuro, cuando estés sentado en una reunión, y tu esposa te envíe un mensaje de texto y este aparezca en la esquina de tus lentes”, narró Zuckerberg. “Quieres responder, pero no quieres sacar tu teléfono porque eso es un poco descortés”. Los usuarios de los productos de realidad aumentada de Meta, continuó, podrán enviar mensajes usando una “mano virtual” que controlan con su mente. “Nadie sabrá que estás escribiendo, y simplemente envías el mensaje”.

Como argumento o pitch de ventas, esto no tiene mucho sentido, sobre todo porque, como señaló el propio Rogan con cierta exasperación, Zuckerberg propone tomar lo que acaso es lo peor de los teléfonos móviles (la forma en que se inmiscuyen en la vida normal) y magnificarlo. Además, sugerir que los productos de realidad virtual son de alguna manera “alfa” podría captar la atención de la audiencia de Rogan, pero no parece una buena manera de vender un producto a un mercado masivo.

A nadie le importa la “alfanidad” de un producto. Es más, el mismo público de Rogan podría sentirse tentado a preguntar si Zuckerberg es realmente una autoridad confiable en masculinidad. ¿Textear a tu esposa a escondidas es una conducta alfa?

Si los últimos esfuerzos de marketing de Zuckerberg parecen divertidos, también revelan cuánto se ha equivocado la compañía en su giro hacia el metaverso. Comenzó hace más de ocho años con la compra de Oculus VR por 2 mil millones de dólares (mdd) y se ha extendido prácticamente cada año desde entonces con poco que mostrar. Meta ha construido un negocio eficiente vendiendo publicidad en línea que aparece en sus múltiples redes sociales, lo que le reportó 116 mil mdd en ingresos y 57 mil mdd en ganancias en 2021. Reality Labs, el nombre de su negocio de realidad virtual y realidad aumentada, generó ingresos de solo 2 mil mdd, una cifra pequeña.

Meta reportó pérdidas de 10 mil mdd en Reality Labs en 2021, sin incluir los miles de millones que Facebook gastó en comprar Oculus y desarrollar, fabricar y comercializar visores de realidad virtual entre 2014 y 2020. Las pérdidas del año pasado solo han crecido este año, un 15 por ciento más en el trimestre más reciente respecto a 2021.

Zuckerberg ha presentado estas pérdidas como inversiones, como si Meta estuviera destinando todo ese dinero a investigación fundamental y como si estas ideas fueran nuevas para los consumidores. Pero Facebook ha pasado la mayor parte de su historia como empresa cotizada comercializando agresivamente visores de realidad virtual, tanto en su propia plataforma como en otros sitios. Escuché por primera vez el discurso comercial o pitch de Zuckerberg sobre la realidad virtual en 2015, un año después de la adquisición de Oculus. Al escuchar el podcast de Rogan, me sorprendió lo poco que había cambiado desde entonces. A mediados de la década de 2010, Zuckerberg y sus ejecutivos hablaban sobre la forma en que su dispositivo de realidad virtual, entonces conocido como Rift, brindaba a los usuarios una sensación de presencia física que iba a revolucionar el trabajo remoto, entre otros usos; y además iba a transformar los videojuegos. Pero el negocio de los videojuegos, dijeron, era solo el comienzo.

Esto era embriagador, y era difícil no quedar impresionado. Pero los consumidores han respondido con poco entusiasmo y Facebook sigue buscando una fórmula ganadora. En 2016, para el lanzamiento de Rift, la compañía instaló tiendas efímeras dentro de 500 tiendas Best Buy para promocionar el nuevo dispositivo, solo para cerrar cientos de ellas al año siguiente después de que los consumidores no asistieran a las demostraciones. Facebook lleva tres años promocionando Horizon Worlds, empezó en 2019 con una elaborada campaña de marketing. Zuckerberg aún insiste en que la plataforma será excelente para juegos y reuniones, incluso si atrae las burlas tanto de laicos como de fanáticos de la realidad virtual.

Para ser justos, Meta ha tenido algunos éxitos modestos. Según estimaciones, su último visor de realidad virtual, el Quest 2, ha colocado casi 15 millones de unidades desde que salió a la venta hace dos años. Eso es bueno, pero el rendimiento financiero de Reality Labs y las noticias recientes de que la compañía subiría los precios sugieren que Meta ha estado vendiendo el dispositivo con una pérdida sustancial.

En febrero, después del comercial del Super Bowl, la compañía anunció que 300 mil personas habían seguido al perro animatrónico a su plataforma de realidad virtual. Eso suena impresionante, Meta señaló que la cifra representó un aumento de diez veces respecto al uso mensual en diciembre, pero sigue siendo una fracción de lo que Second Life atrajo en el pico de su popularidad, y es un pelo de gato para los estándares de Facebook. Su red social insignia atrae a 2 mil millones de personas por día; esa cifra sube a casi 3 mil millones cuando incluyes Instagram y WhatsApp. En otras palabras, a pesar de años de promoción, miles de millones de dólares de inversión y un costoso anuncio de Super Bowl, todo lo que la compañía ha podido conseguir es una audiencia mensual equivalente al 0.01 por ciento de lo que atrae un martes. Si Horizon Worlds fuera el producto de otra compañía, Zuckerberg probablemente ni siquiera se molestaría en copiarlo.

Como podría sugerir la entrevista con Rogan, a veces ha sido difícil separar este esfuerzo de marketing de la vanidad de Zuckerberg. Después de recibir críticas por publicar una “selfie” de su avatar con una burda imagen de la Torre Eiffel que parecía sacada de un videojuego de los años noventa, Zuckerberg reapareció unos días después en Instagram con un nuevo y mejorado avatar. Según una publicación de LinkedIn de un artista visual de Meta, el avatar había sido producto de cuatro semanas de trabajo y 40 versiones diferentes. Es como si Zuckerberg hubiera traído de vuelta a ese ejército de expertos que empleó para gestionar su imagen en su página de Facebook, pero ahora para el metaverso.

Afortunadamente para Zuckerberg, el negocio publicitario de la compañía es grande y bien consolidado como para aguantar pérdidas de miles de millones en el metaverso, mientras mantiene su dominio en las redes sociales. Pero mientras la compañía se afana en explicar exactamente qué es el metaverso y para quién está dirigido, uno se pregunta si el fundador y director sigue siendo el mejor portavoz de estos esfuerzos. Cuando Meta era una red social, tenía cierto sentido tratar la propia página de Facebook de Mark Zuckerberg como el principal activo de marca de la empresa. Pero hoy, Zuckerberg no se parece en nada al usuario prototipo de Meta. Es un hombre casado de 38 años, multimillonario, con entrenador personal, que trata torpemente de aplicar el manual de jugadas de las redes sociales para vender una tecnología aún más intrusiva. No hay nada alfa en eso, tal vez valdría la pena pedir ayuda.

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