Columna | Democracia

21

El arquitecto navarro Leandro Pérez Cadarso fue detenido semanas atrás en la frontera de Tijuana por agentes de migración de Estados Unidos. Encerrado durante 40 días entre San Diego y Caléxico, lo deportaron el 1 de junio sin cargos ni explicaciones, aunque se sospecha que el detonante fue un viaje a Siria que hizo seis años ha. Medios españoles destacaron que es hijo de un biólogo y una profesora, que estudia un máster, que viajaba a San Diego para conocer la obra de su arquitecto favorito. O sea, decían los medios: un hombre intachable devuelto a su remitente por una política migratoria perversa como si se tratara de escoria. Yo recordé a Ada Ghiara. En 2001 se desató, en la Argentina, una crisis bestial. El desempleo alcanzó el 22%, cerraron empresas, murió gente. España apareció como un sitio en el que se podía tener lo que en mi país no: futuro. En 2002 el consulado español en Buenos Aires atendió 4.000 solicitudes de doble nacionalidad por mes y, en España, el rechazo a migrantes argentinos empezó a crecer. Duró mucho: en 2007 fueron deportados 600; en 2009, cerca de 2.000. Ada Ghiara fue una de ellas: la devolvieron la noche del 13 de julio de 2010 en el mismo avión en el que había llegado a Barajas por la mañana. Sin cargos. Sin explicaciones. Ella no iba buscando futuro. Iba, como Cadarso, de visita. Tenía 88 años, era maestra jubilada, viuda, y viajaba para ver a su hijo y sus nietos que vivían en España desde hacía décadas. Pero fue devuelta al remitente como si se tratara de escoria. Ahora el mundo se volvió democrático: igual de jodido para todos. Seré ramplona, pero pensé en aquello de “Primero se llevaron a los judíos, pero como yo no era judío no me importó (…) Más tarde se llevaron a los intelectuales, pero como yo no era intelectual tampoco me importó. (…) Ahora vienen por mí, pero es demasiado tarde”.

Puedes seguir EL PAÍS Opinión en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.