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Del optimismo a la confianza

Fuente: Cortesía

Confieso que todo el día he estado dándole vueltas en mi cabeza sobre el tema que desearía escribir para este artículo. Pues es claro, que el tema central debería ser el inicio de la administración federal que nos llevará a la 4ta transformación – o al menos eso es lo que se cree. Ante la acumulación de ideas unas malas y otras peores, decidí buscar nuevas ideas en los medios electrónicos.

Como desde el sábado había estado leyendo medios nacionales preferí echar una mirada a la prensa internacional. Entré al NY Times y no fue sorpresa ver que las notas prevalecientes fueron relacionadas al fallecimiento del presidente George H. W. Bush, también sobre los disturbios en París, la reunión del G20 y otras notas en donde Trump es el protagonista de cada nota.

Busqué entonces información en el Washington Post y lo mismo. Me quedé sorprendido que ninguno de los dos medios informativos, en su formato en línea, hicieran alusión al inicio de la 4ta transformación en México. Sin embargo, sí encontré notas, muy generales, por cierto, en el Washington Times, WSJ, y US Today. Pero las notas sobresalientes eran las mismas, la muerte del expresidente, los disturbios en París y la reunión del G20.

Me sorprendió que mientras en nuestro país todos queremos dar una opinión sobre el cambio de gobierno – o de régimen como lo describió el presidente López Obrador – nuestro vecino del norte no parece realmente inmutarse por el camino que pueda tomar las relaciones México – Estados Unidos, pues el aparente cambio de ideología que propone López Obrador traerá, sin duda, cambios en la relación entre ambos países.

Enfáticamente en su discurso, AMLO dijo que habrá un cambio de régimen, porque la combinación entre la corrupción y el modelo neoliberal ha dado como resultado todos los problemas que vivimos en el país en los últimos 30 años. Difícil pensar que alguien esté en desacuerdo que la corrupción es un grave problema en México y que efectivamente debería de ser un delito grave, y aplaudo la iniciativa; sin embargo, difícil pensar también que la corrupción terminará sólo por decreto.

En su discurso, nuestro nuevo Presidente dijo que se acabará el huachicoleo, que no habrá corrupción, que no subirá impuestos y que el país crecerá gracias a la participación más activa del Estado en la economía. Me pregunto ¿qué pasará? cuando en los siguientes meses continúe el robo de combustibles, cuando continuemos viendo actos de corrupción de gente que participa en la 4ta transformación, cuando se tengan que incrementar algunos impuestos o la deuda pública, y cuando la economía del país no crezca y que continúe la aguda desigualdad social y económica en nuestro país ¿qué pasará?.

Tengo amigos optimistas, tengo otros amigos no tanto y yo la verdad, quisiera encontrar evidencias que generen optimismo en mi. Creo que mi naturaleza es más optimista que pesimista, pero hemos sido testigos de tantas promesas, de tantas incongruencias y de tanta palabrería que honestamente me encuentro en una actitud “Tomasiana” – hasta no ver no creer.

Nuestro nuevo Presidente dijo que no le interesa “el circo” de las persecuciones contra casos de corrupción de administraciones anteriores; pero si le gusta el circo de las consultas populares que han servido meramente para buscar legitimar sus decisiones ya tomadas.

¡Si hay o ha habido actos de corrupción que se persigan! el Presidente no puede elegir perseguir o no actos evidentes de corrupción. ¿Acaso desea continuar el mermado y prevaleciente fallido Estado de Derecho que tenemos? En su discurso inaugural, el Presidente no dijo nada significativamente nuevo, reconozco que ha sido consistente en su discurso desde el 01 de julio.

Sólo espero que esa consistencia de palabras, se traduzca en acciones congruentes y consistentes, tanto de él como de todo su equipo, solo así mi escaso optimismo se traducirá en confianza.

El autor es Decano de la Región Norte de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno, del Tec de Monterrey.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.