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Don Sabino, el mexicano que a los 85 años terminó la secundaria y atiende su propio negocio

Twitter @Jacquiecix

José Sabino Odilon Xochipiltecatl Carvente, también conocido como Don Sabino, vive en el municipio de Zacatelco, al sur de Tlaxcala, lugar característico por su arquitectura colonial y por sus actividades económicas en ganadería, agricultura e industria. La tranquilidad de este pueblo tlaxcalteca de casi 40 mil habitantes contrasta con la actividad ‘agitada’ de Don Sabino, quien a sus 85 años de edad acaba de terminar la secundaria, vive solo, dice no padecer dolor alguno y, además, atiende su propio negocio.

Sabino Xochipiltecatl pasó por lo que muchas personas nacidas y crecidas en el siglo pasado: el impedimento de estudiar por la necesidad temprana de mantener una familia. Como Don Sabino mismo lo llama, “necesidades de la vida”.

“Yo nada más llegué hasta segundo de primaria. A los 14 o 15 años, ya quería ganar mi propio dinero por mi propio trabajo. Fue entonces que abandoné el estudio”, cuenta Don Sabino en entrevista con El Financiero.

Y así, sin primaria concluida, Sabino Xochipiltecatl fue presidente de su comunidad, presidente de las fiestas patrias del pueblo, representante social de una fábrica que tenía mil 200 trabajadores, trabajador en la fiscalía. Sin haber estudiado, “he salido avante con todos estos trabajos que me han encomendado”, dice Sabino.

-¿Entonces por qué es importante estudiar?

La importancia es que no le quedé mal a mi nieta y avancé en aprender más de lo que yo sabía. Ésa es la satisfacción y el orgullo que cabe en mí por no quedarle mal a mis hijos y tener mi certificado de primaria y secundaria.

Su nieta, recalca Don Sabino, es una de sus grandes motivaciones y quizá la que inició con sus ánimos de completar los estudios de educación primaria.

Ella, ahora con 16 años de edad y quien se encuentra estudiando preparatoria, le dijo a Don Sabino que se acercara al Instituto Tlaxcalteca para la Educación de los Adultos (ITEA) para acabar la primaria en una de las modalidades que ofrece, similar al sistema abierto.

Y así lo hizo: “La motivación fue desde que empecé con mi nieta. Ahí fue donde yo me motivé porque veía los libros, los leía y los estudiaba. Entonces, proseguí en el estudio. Mi nieta vive cerca y es la que me venía a dar las instrucciones”.

Don Sabino comenta que los apoyos de su nieta en primaria y luego de una tutora en secundaria fueron fundamentales porque él no podía asistir a las clases en grupo de la modalidad de estudio que ofrece el ITEA.

“La persona que me asesoró (en secundaria) se dio cuenta de que yo tenía actividades y no podía ir a la escuela. Todos los problemas (de los libros del ITEA) se resuelven entre 5 o 6 personas del grupo, pero yo los hice solo. Ella se comprometió a que vendría una hora cada ocho días y así lo hizo. El problema que ella me dictaba sí lo resolvía”, cuenta Don Sabino.

Entre otras actividades que realiza, Sabino no podía asistir a las clases porque atiende su propio negocio de comida para animales. Hace aproximadamente un año, el tlaxcalteca de 85 años vende alimento para gallos, pollos, caballos, puercos y vacas. Él mismo va a comprar la comida, que luego lleva a su casa, en donde vive solo (aunque con familiares cerca de su hogar).

Con mi negocio ahí la voy llevando. No es para hacer un gran negocio, pero ahí la voy pagando tan siquiera para comer. Lo emprendí para seguir en actividad”, lo dice Sabino, quien hace cuatro años inició con una carnicería que ahora administran sus hijos.

Don Sabino es un claro ejemplo de que la edad no es un impedimento. Aunque él sabe que sus logros rozan más en lo simbólico que en lo utilitario, es firme en una cosa: “(A jóvenes y adultos mayores) los exhorto de todo corazón a que sigan estudiando, a que no se desanimen. Les digo que tengan una visión para llegar a una licenciatura, a una abogacía”, que es la carrera a la que se habría dedicado Sabino en caso de haber estudiado más joven.

A pregunta expresa de si seguirá con sus estudios de preparatoria, Don Sabino responde que “no, yo con todo respeto le digo que ya no puedo proseguir porque en la casa yo vivo solo y tengo que atender el changarro (…). Usted sabe que a los 85 años pues ya no salgo tan fácil. Yo solito pues no puedo proseguir. Pero estoy orgulloso de que ya tengo mi certificado de primaria y secundaria”, en los cuales logró un promedio final de 7.8 y 8.7, respectivamente