Esta aldea abandonada en Italia es ‘retrato perfecto’ de un paraíso perdido

Cuando Villaggio Coppola fue construida en los años 60 a orillas de la costa mediterránea occidental de Italia, justo al norte de Nápoles, la aspiración era que fuera un área residencial utópica.

Pero la utopía rápidamente se convirtió en algo más. Alrededor de 12 mil departamentos, en la playa y en la cercana localidad de Castel Volturno, se construyeron violando las leyes de zonificación, en una época en que las autoridades locales ignoraron el desarrollo a lo largo de la costa. Eventualmente, muchos residentes fueron obligados a mudarse.

Lo que queda hoy parce menos una utopía que un paraíso perdido, un sitio abandonado y en degradación, y una concentración de los problemas perdurables del sur de Italia: criminalidad, gobernanza local laxa y extrema pobreza.

La sección originalmente designada para los residentes más ricos, Parco Saraceno, se erige como un pueblo fantasma, incluyendo un hotel ahora vacío pero alguna vez popular construido para parecerse a un castillo, un remanente de las grandes ambiciones de la aldea. La mayor parte de las construcciones antes coloridas son un retrato del descuido, las calles y el paisaje a menudo están fantasmagóricamente desiertos.

Parco Saraceno, se erige como un pueblo fantasma. (NYT)

A lo largo de toda la costa, por docenas de kilómetros incluso más allá de los confines de Villaggio Coppola, edificios de un solo piso ocupan la ribera, a pocos pasos de la playa y el mar. Pero en vez de ser un refugio paradisiaco para los vacacionistas y amantes del sol, la playa se ha convertido en un vertedero de colchones sucios y está flanqueada por pórticos con vista al mar donde difícilmente alguien se sienta.

Pero eso no quiere decir que no haya residentes. Algunos aún llaman hogar a Parco Saraceno.

Aunque muchas estructuras están abandonadas, algunos residentes pudieron negociar amnistías con las autoridades locales a fines de los años 80 y principios de la década del 2000, para evitar el desahucio. Algunos aún viven ahí. Otros edificios abandonados tienen ocupantes ilegales.

La aldea recibe muy poco apoyos municipales, ya que casi vive en el limbo de la legalidad. (NYT)

Pero Parco Saraceno recibe pocos servicios municipales, pues existe casi en el limbo legal, y los habitantes no quisieron que se publicaran sus nombres completos debido al estatus legal gris de la aldea.

Salvatore, un pintor de casas de 40 años de edad, y su pareja, María, una mujer de limpieza de 41, se mudaron a la aldea desde el centro histórico de Castel Volturno después de que encontraron que las rentas ahí eran demasiado altas.

Hoy, viven en Parco Saraceno con tres de sus cuatro hijos en un departamento con vista a los campos de fútbol y a Villaggio Coppola en la distancia.

Penurias financieras similares empujaron a Thomas, un nativo de Mali de 54 años de edad, a mudarse ahí también. (NYT)

Penurias financieras similares empujaron a Thomas, un nativo de Mali de 54 años de edad, a mudarse ahí también. Operaba un café internet en Castel Volturno hasta hace un año, cuando empezó a perder la vista y tuvo que dejar de trabajar. Una organización de caridad católica local le provee comida y atención médica.

La prostitución florece en el área, una bendición para los mafiosos locales. Al anochecer virtualmente todas las tardes, la Vía Domitiana, un antiguo camino romano que corre paralelo al mar, se transforma en una larga pasarela para las mujeres, muchas originarias de África, que ofrecen sus cuerpos por un poco de dinero a los conductores que pasan por el lugar.

Las autoridades han tratado esporádicamente de restaurar el área. Pero la construcción de un puerto turístico ha permanecido estancada desde hace tiempo.

La prostitución es un problema creciente en la aldea, casi abandonada. (NYT)

Aunque la yuxtaposición de un desarrollo turístico tan cerca de tal nivel de pobreza podría parecer discordante, la costa sigue siendo el atractivo para todos. Casi todos los residentes de Parco Saraceno tienen vista al mar, aunque en ocasiones obstruida por antenas parabólicas oxidadas.

El barrio alguna vez fue designado para la expansión, pero los cimientos de las nuevas casas se convirtieron en depósitos de cualquier cosa arrastrada por los vientos marinos. Casi cualquier cosa de valor, incluido el metal, ha sido arrancada por los rebuscadores de desechos.

Sin embargo, desde la distancia, es casi imposible imaginar la decadencia total de la aldea y fácil visualizarla como la utopía que se pretendía fuera, un oasis frente al cielo abierto y el mar azul. Un campo de golf de 18 hoyos cercano realza la ilusión.

El campo de golf que aún opera da la ilusión de suntuosidad. (NYT)

Aun cuando se le inspecciona de más cerca, es difícil decir cuáles de las docenas de pequeños balcones tienen residentes que pudieran salir a disfrutar la vista, y cuáles de las casas son simplemente el cascarón de un sueño olvidado.

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