La CAMe, al paredón

CAME. (Cuartoscuro)

El entramado jurídico que hace posible que la Comisión Ambiental Metropolitana (CAMe) tome decisiones que afecten la vida de millones de capitalinos debe adecuarse de tal manera que las contingencias ambientales no se tomen sólo considerando los indicadores de contaminantes, sino que también se tomen en cuenta múltiples factores más, como la movilidad, el transporte público, la seguridad pública, la salud, economía y hasta la propia gobernabilidad.

Resulta absurdo que un grupo de tecnócratas, comenzando por el titular de la Semarnat, Rafael Pacchiano, y terminando por el secretario de la CAMe, Martín Gutierrez Lacayo, asuman posturas y posiciones que no sólo lastiman la vida cotidiana de más de 15 millones de personas, sino que ponen en riesgo la propia operación del corazón del país.

Este tema, el de las contingencias ambientales, es un harakiri político que además de afectar al gobierno de la república, daña a Miguel Ángel Mancera y al inepto de Eruviel Ávila y por supuesto que la molestia ciudadana se eleva geométricamente hasta, incluso, la violencia.

Los inspectores de la secretaría del Medio Ambiente del gobierno capitalino son la vil imagen de chacales que se regocijan con el dolor ajeno. He visto casos en los que, aun sin cometer falta alguna, estos patanes despojan de las placas de los vehículos a los conductores, que su único pecado fue atravesarse en su camino.

Tanto los legisladores como el presidente Peña Nieto deben tomar cartas en el asunto para ubicar a la CAMe en un plano subordinado a un grupo interdisciplinario de mayor envergadura que sea el que tome las decisiones.

La medida, que tiene como finalidad el cuidado de la salud de los habitantes del centro urbano de la república, pone al descubierto la vulnerabilidad de las políticas públicas que se aplican en la megalópolis; el transporte público además de obsoleto es insuficiente; las autoridades viales no están preparadas para controlar conglomerados humanos en horas pico; los avisos sobre la medida aplicada no sólo son inoportunos sino ineficaces, pues el manejo informativo es confuso.

Colapsar el Metro con la incorporación de miles de usuarios, seguramente provocará accidentes mayores y, ojalá me equivoque, pero habrá muertes, y entonces será Martín Gutiérrez el causante de esos males y se le sancionará penalmente.

Quejas hay muchas en torno a la activación de lo que se conoce como Fase 1 de Contingencia Ambiental por Ozono, pues además de la medida se debe orientar a la población sobre las alternativas que existen en materia de transporte público y, por ejemplo, en las empresas se deberían establecer protocolos laborales que permitan el manejo de horarios escalonados, tanto para la salida como para la entrada a los centros de trabajo.

En los hospitales, todos los días y a todas horas, ingresan o se dan de alta enfermos, unos con padecimientos más graves que otros, pero pacientes al fin, y en la mayoría de los casos estos tienen la necesidad de ser trasladados en vehículos particulares que a duras penas lograron conseguir o sus familiares dejaron de utilizar en sus actividades cotidianas para atender la emergencia, por ese motivo los hospitales, centros médicos y clínicas deberían de estar autorizados para extender documentos que permitan utilizar vehículos que no circulan por la contingencia y evitar con ello más problemas a la ciudadanía.

No hay duda, en el tema ambiental hay puras ocurrencias y las políticas públicas siguen esperando; de alguna manera tendrán que ser los legisladores los que pongan los puntos sobre las íes en este rubro, eso o de plano nos seguimos acostumbrando a la fase uno y a funcionarios de medio pelo que tienen la sensibilidad de un elefante.

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