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La estratagema oficial en la revocación de mandato

No se necesita ser demasiado malicioso, ¡vaya!, ni siquiera medianamente suspicaz, para descubrir que en esto de la revocación de mandato se sembraron al menos un par de trampas. Aquí se va a comentar una. Por supuesto me refiero al proceso revocatorio que posiblemente se realice en 2022. Se dice “posiblemente” porque no hay seguridad de que sus promotores reúnan las 2.8 millones de firmas que se necesitan, de otros tantos ciudadanos, para que el INE se vea obligado a convocar, organizar y llevar a cabo dicho proceso revocatorio.

Como se sabe, tal proceso, de acuerdo al texto constitucional, consiste en “determinar la conclusión anticipada [de López Obrador] en el desempeño del cargo a partir de la pérdida de la confianza”. Así literalmente dice la Constitución.

Pues bien, ante la posibilidad de que ese ejercicio de votación popular se realice el año próximo, en su proyecto de presupuesto de egresos para 2022 el INE incluyó una previsión de gasto por 3 mil 800 millones de pesos. Obviamente, en caso de no efectuarse el proceso revocatorio, el monto quedaría sin ejercer y se reintegraría a Hacienda.

Pero ocurrió lo insólito: La Cámara de Diputados al aprobar el Presupuesto de Egresos de la Federación para el año próximo, recortó al INE de su proyecto casi 5 mil millones de pesos. ¿Cómo entonces quieren el gobierno, su partido y aliados que organice y lleve a cabo el multicitado proceso, si no autorizó el gasto que ello implica? Como veremos adelante, se trata de un ardid.

Cuando en diciembre de 2019 se aprobó la reforma constitucional que estableció la figura de “revocación de mandato”, el artículo Quinto Transitorio del correspondiente decreto dispuso que las erogaciones que implique su realización “se cubrirán con base en la disponibilidad presupuestaria para el presente ejercicio [se refiere al del año 2020] y los subsecuentes”.

Luego, en la correspondiente ley reglamentaria, cuya expedición por cierto se retrasó demasiado, denominada “Ley Federal de Revocación de Mandato”, publicada en el Diario Oficial del pasado 14 de septiembre, el artículo Quinto Transitorio de ésta dice: “Las erogaciones que se generen con motivo de la entrada en vigor del presente Decreto serán cubiertas con los presupuestos asignados y subsecuentes”.

En ambos casos la redacción, muy parecida, es notoriamente extraña. ¿Cuándo se ha visto que un gasto estrictamente corriente, como es sin duda el que implicaría la realización del proceso revocatorio, se cubra con los presupuestos de los años subsecuentes? ¿En dónde queda el principio de anualidad en materia de gasto público establecido por la Constitución? ¿o le estarán dando a estas erogaciones el tratamiento de inversión multianual? Averígüelo Vargas.

Por otro lado, en la Constitución se dice que ese gasto se cubrirá con la disponibilidad presupuestaria de 2020, año en el cual no hubo consulta popular ni de revocación de mandato. A su vez la ley en el transitorio citado dispone que se “cubrirán con los presupuestos asignados”. ¿Cuáles? ¿Los de años pasados? No hay forma de tener otra lectura de ese precepto transitorio, toda vez que para el año 2022 el INE no sólo no tendrá una asignación neta adicional de recursos sino que sufrirá además un brutal recorte en su presupuesto, recorte superior en más de mil millones, a lo que prevé gastar aun sin la realización del proceso revocatorio. En otras palabras, requiere 3,800 millones de pesos más y le recortan casi 5 mil. ¿Cuál es la lógica?

La lógica es la del enredo y la confusión. El propósito del gobierno y de Morena es tener salidas, falsas desde luego, si el caso llega a la Suprema Corte. Como ya anunció el INE que lo hará.

La meta de López Obrador es reunir las 2.8 millones de firmas para que el proceso revocatorio se lleve a cabo, que vote más del 40 por ciento del electorado para que el proceso sea válido y que el número de sufragios a su favor sea aplastante. De fallar algo de lo anterior, con toda la virulencia que se le conoce, echará la culpa al INE. Y si el resultado es finalmente como él quiere, dirá que fue a pesar del INE. En sus estratagemas, cada vez López Obrador es más obvio.

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