La tragedia apenas comienza para la familia de Rodolfo

Luego de que se encontró a la última persona sepultada entre los escombros del edificio de Álvaro Obregón 286, la tragedia apenas comienza para la familia de Rodolfo Molina Campos, último hombre en ser recuperado tras el sismo del 19 de septiembre, asegura el sobreviviente Enrique García.

La razón de la tragedia es que el hombre de 46 años que murió en el derrumbe y fue encontrado 15 días después del terremoto, era compatible con su hijo para poder donarle un riñón; un día antes del sismo se enteró de eso.

“El proceso que Rodolfo vivió el último año era de angustia constante solo por esa razón, entonces cuando quedó sepultado pensamos que lo mejor hubiera sido que cualquiera de nosotros (tres compañeros de trabajo) hubiera quedado en su lugar”, cuenta a El Financiero Enrique García, quien sobrevivió al terremoto de 7.1 grados.

Sus compañeros Eduardo Monroy y Antonio Vázquez no se movió de la zona cero desde el 19 de septiembre hasta el 4 de octubre, no por sentirse héroes, sino por volver a ver al hombre de semblante duro que en diciembre pasado se enteró que su hijo de 19 años, padecía insuficiencia renal.

“La principal preocupación que él tenía era reunir todos los recursos que pudiera y tuviera a su alcance, ya sea económico y de tiempo, todo lo que se requería para enfrentar esa situación”, cuenta el jefe del hombre que murió en el quinto piso del edificio de la colonia Roma.

Enrique se convirtió en un amigo para Rodolfo, quien le contaba sobre el proceso, de dos meses, al que se sometió para saber si era compatible con su hijo que había dejado la escuela por su padecimiento; la relación laboral traspasó los cinco años que llevaban en el mismo negocio, remodelando espacios, como el que los ocupaba tres meses atrás en ese edificio.

“Esa era nuestra urgencia, la de Tony, la de Lalo, la de su familia, que Fito saliera de ahí para poder continuar con la misión que tenía, porque en el protocolo médico que le hicieron a él para el trasplante, no solo le dijeron que era compatible, le hicieron todos los exámenes médicos que tenían que hacerle para asegurar que podía hacer la donación”, cuenta.

Fito era el diminutivo por el que algunos llamaban a aquel hombre, aunque también le decían Viejo. Para la familia de su amigo, Enrique pide ayuda, ya que Rodolfo era el sostén económico: “deja a su esposa, a una hija, Itzel, de 26 años, a Alexis y a Melani, de 10 años”.

A la una de la mañana del 4 de octubre fue localizado el cuerpo de Rodolfo, estaba en el quinto piso, en el pasillo que unía las dos partes del edificio, una parte de difícil acceso para los rescatistas por la debilidad de la estructura, pero fue recuperado a las cinco de la mañana, cuatro horas duraron las labores para sacarlo de la montaña de concreto.

“Lo que necesitábamos era que saliera porque el último día, cuando ya era la última persona que quedaba, nos decían que era muy difícil, que ya no se podía, y nosotros decíamos que se tenía que poder, y no importaba cuánto tiempo tenía que pasar íbamos a esperar ahí, si ya habíamos esperado 15 días, podíamos esperar mucho más”, recuerda el señor Enrique.

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