¿Por qué cuestan tanto los suéteres de la isla del fin del mundo?

Mati Ventrillon es una de las últimas personas en el planeta que aún hace suéteres legítimos de la isla de Fair.

Y ella no sólo los teje: también cría las ovejas, las esquila con delicadeza, y luego trabaja uno a uno con los clientes para seleccionar colores y patrones. Luego comienza a tejer.

La diseñadora franco-venezolana vive y trabaja en la propia isla de Fair, que se encuentra en la costa noreste de Escocia.

Con un diámetro de 2.4 kilómetros y tan sólo 55 residentes, es la isla más remota habitada del Reino Unido.

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Las prendas de Ventrillon están adornadas con patrones misteriosos e históricos, que cobran vida con colores vibrantes.

Universalmente popular y usado por siglos, este suéter es un clásico, y luce tanto en estudiantes de las exclusivas universidades de la costa Este de Estados Unidos, como en pescadores azotados por el viento.

Sin embargo, mantener un negocio para producir estas prendas significa comprometerse a una vida de dificultades y soledad.

Aunque pequeña en circunferencia, es fácil sentirse empequeñecido por la intensidad dramática de los accidentes geográficos de la isla de Fair.

Abruptos acantilados y formaciones rocosas se asoman como alas erguidas y petrificadas, como si estuvieran a punto de arrojar la isla cada vez más profundamente al centro de la nada. Las olas reemplazan el crujido de las hojas —no crecen árboles aquí— mientras se yerguen y se estrellan en la distancia.

Los viajeros que deseen visitar la isla deben prepararse para una excursión de 12 horas en transbordador a través del mar del Norte desde Aberdeen a las islas Shetlands, seguido de un vuelo turbulento en un avión de dos hélices que despega del ‘aeropuerto’ de Tingwall, un nombre generoso para lo que es poco más que una pequeña pista de asfalto oculta entre los valles de Veensgarth, antes de aterrizar en Fair.

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Mati vive en el extremo sudoeste de la isla, en una pequeña casa de piedra desgastada por el tiempo, donde teje y vende sus suéteres, siguiendo una tradición transmitida por generaciones.

“Se llama Fair Isle porque se originó aquí en la isla. Nadie sabe realmente cómo ni por qué sucedió. Los patrones se encontraron en muchos lugares diferentes en el norte de Europa y los países bálticos alrededor de 1850, y se ha fabricado aquí de forma continua desde entonces”, explicó Ventrillon. “En términos de mantener la tradición, la ubicación es absolutamente crucial, lo que incluye el uso de sólo recursos locales”.

Los recursos locales comprenden ovejas, de las cuales Ventrillon tiene su propio rebaño. Ella las cría y las cuida durante todo el año.

“Utilizamos la misma raza de ovejas que habría sido usada aquí hace siglos, importada de Shetland. Además del mío, hay un rebaño comunal que cuidan todos los isleños. Son como tesoros para nosotros”.

Cuando no teje, cuida de sus hijos pequeños, su ganado, la siembra y la cosecha y contribuye a la pequeña pero estrecha comunidad de la isla.

“Todas estas cosas extra —las cosas que tengo que hacer, que no puedo ignorar— son parte de la razón por la cual estos artículos son de lujo”, explica Ventrillon. “Uno no sólo paga por la calidad del tejido, sino por el rigor y el difícil estilo de vida que es necesario para vivir y trabajar en esta isla.”

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