Riesgos de la política mexicana frente a Trump y EU

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Cada día que pasa me preocupa más la estrategia y las acciones que está adoptando el gobierno mexicano frente a Trump y EU. Tengo la percepción de que conduce a un callejón sin salida, en el que México no obtendrá nada positivo a cambio de las concesiones que se están haciendo. Por el contrario, se está perdiendo la oportunidad de un cambio que desde hace tiempo se requiere en nuestro modelo de desarrollo y en nuestra inserción en el mundo, si pretendemos construir una nación próspera, justa y con dignidad y respeto internacional.

Mis primeras impresiones pesimistas las tuve durante la campaña de Trump para obtener la candidatura republicana. Observé que no había reafirmación alguna de la dignidad nacional –ni respuesta directa o indirecta– frente a sus ataques constantes a México y los mexicanos.

Después de leer el libro del Art of the Deal, del entonces precandidato, me quedó claro que Trump estaba buscando un punching bag fácil de golpear, que atendiera a sus prejuicios y a los de un grupo importante de estadounidenses que no entienden, ni quieren entender, al pueblo mexicano, mucho menos las realidades de la relación México-EU, pero que demandan un muro y la salida de migrantes como un chivo expiatorio para sus agravios económicos y sociales.

Visitar México, en el momento más álgido del debate con Hillary Clinton, me pareció, como a la mayoría de los mexicanos, un acto equívoco e indigno. La manera en que lo aprovechó Trump de inmediato, comprobó que se trataba de un “paso en falso” diplomático que nada bueno presagiaba; ya sea que ganara Hillary –como esperábamos muchos– o que llegara a ganar Trump, México se percibía vulnerable.

La sorpresiva y polémica elección de Trump evidenció que la política exterior de EU iba a cambiar para mal, en detrimento de los acuerdos prevalecientes con México y el mundo. No habíamos percibido la dimensión de su apoyo político en vastas zonas de su país, ni su obstinación por cumplir con sus amenazas en materia bilateral y multilateral, trátese de cuestiones de comercio exterior e inversiones, de migraciones o de medio ambiente. Lamentablemente se supuso que se le podía apaciguar y lograr cambiar su actitud, a través de contactos con su familia, amigos de negocios o políticos afines a México. El tiempo, los intereses políticos y económicos, la realidad real se impondrían tarde o temprano.

Los hechos han mostrado que no es así. La personalidad de Trump, su impredictibilidad, su aspiración a revertir todo lo asociado a Obama y su menosprecio por lo políticamente correcto, los medios y las realidades sigue siendo la norma. Aunque no ha obtenido victorias mayores respecto a sus promesas de campaña y de gobierno –y sí mucha resistencia y condena a sus acciones más polémicas– Trump sigue expresando tercamente que logrará sus objetivos. Es verdad que el tiempo y los tropiezos lo han conducido a deshacerse de algunos de sus asesores más ideologizados; a dejar mucho del “día a día” en manos de políticos y militares más pragmáticos, y a aceptar a regañadientes ciertos fracasos políticos. Pero en el fondo sigue impulsando sus metas de política interna e internacional –ciertamente en lo que a México se refiere. No ha dejado de hablar del muro, de advertir la posibilidad de retirarse del TLCAN (a pesar de las directrices y negociaciones en curso) o de afirmar que expulsará a migrantes ilegales, incluyendo a los dreamers. Ante cualquier ventanita de esperanza que abre su gobierno, viene un afrenta para atender a su público más conservador –a la galería de fieles– como ha sucedido en sus mítines políticos, sus equivocas declaratorias sobre los conflictos raciales y su indulto concedido al sheriff Arpaio.

Lo que no se entiende es que a pesar de estos actos, México siga queriendo quedar bien con EU y declare al embajador de Corea del Norte como persona non grata sin mayor justificación que la realización de pruebas nucleares de su gobierno. ¿La intención es alinearnos también en otros asuntos?

Tampoco que se tome la iniciativa de invitar al secretario de Defensa de EU a la ceremonia del Grito de Independencia, coincidiendo con las fechas que el jefe de la Casa Blanca, John Kelly, comparó a México con Venezuela, advirtiendo que nuestro país “está al borde del colapso”, además de calificarnos como un “narcoestado fallido”.
La SRE declaró que la información del NY Times no es correcta y que el general Kelly no dijo tal cosa en la cena del miércoles pasado de Trump con su gabinete.

Pero la pregunta sigue en el aire. No obstante la buena actitud de muchos gobiernos estatales (admirable la decisión de California respecto a migrantes), ciudades, grupos empresariales y de la sociedad civil hacia México y los mexicanos legales e indocumentados en EU, se observa una permanente hostilidad de Trump y ciertos círculos del gobierno, el Congreso y la sociedad conservadora hacia México.

¿Es la mejor estrategia la que México viene adoptando? ¿Qué estamos esperando de nuestras concesiones y expresiones de buena voluntad? ¿Un TLCAN modificado? ¿En qué sentido? ¿Inversiones norteamericanas? ¿Un cambio de actitud de Trump o del Congreso de EU? No parece que vayamos en la dirección correcta. No es poniendo la otra mejilla ante las agresiones que podemos esperar un cambio favorable a nuestro país.

Extracto, lea la versión completa en: www.elfinanciero.com.mx

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