Roma-Condesa: poca fiesta, mucha ayuda

Es viernes, quincena y aunque el corredor Roma-Condesa perdió su ambiente festivo, los jóvenes y vecinos de una de las zonas más afectadas por el sismo del martes cambiaron tarros por picos y palas.

Al caminar por las calles de este barrio, conocido por su vida nocturna, la baja afluencia de comensales se refleja en los rostros de los aparcacoches que aguardan sentados en las jardineras de la Avenida Álvaro Obregón.

“Sí está tranquilo, desde el viernes. Estamos como al 50 por ciento”, dice uno de los hombres que cada viernes en quincena no para de sudar de tantos carros que normalmente tienes que estacionar en Casa Lamm.

A ellos les va bien, pues restaurantes como El 10 Roma tienen apenas el 20 por ciento de sus mesas ocupadas cuando cerca de las seis de la tarde, en cualquier otro viernes, estarían prácticamente llenos, cuenta Daniel, uno de los meseros.

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Los comercios se reparten entre los que están cerrados, los abiertos y los que ahora son centros de acopio.

Y entre los que sí dan servicio es común ver a brigadistas que descansan o toman unos minutos para comer y reponer sus fuerzas. Los chalecos naranjas y los cascos en la mesa los delatan.

Aunque la poca afluencia en la Roma impresiona, se queda corta con lo que pasa en la Condesa, cuyas calles más representativas, como Tamaulipas, son marcadas ahora por las bandas plásticas amarillas y rojas que prohíben acercarse a edificios cuya fachada pareciera desmoronarse.

Es el caso del Plaza Condesa, el Pata Negra o el Wallace. Las cortinas están abajo, pero el ánimo no. A escasos 50 metros hay un centro de acopio en el Parque España, mellizo del que se dispuso en el Parque México, donde militares se confunden con civiles, todos trabajan. Unos resguardan bidones de gasolina para las plantas de luz que usarán en un par de horas, otros cuidan y curan animales y el resto organiza paquetes de víveres y herramientas.

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Cae la noche y el ritmo en la Condesa quiere acelerarse. El silencio de la avenida Tamaulipas se va disipando mientras que uno avanza por la calle hacia el sur, hacia donde se ven las luces de los comercios y en dirección contraria a donde se encuentran los edificios más afectados de este barrio.

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Si en otra calles de este vecindario la mitad o el 10 por ciento de los locales abrieron, acá es diferente, el 90 está abierto, incluidas sex shops. Eso no significa que tenga mucha gente y mucho menos que esté lleno.

Y aunque la música y los gritos se dejan escuchar en la esquina de Mexicali con Tamaulipas, estos son cortados, de tajo, por la sirena de un camión de bomberos que parece recordar a todos los que hace apenas tres días se quedó grabado en las calles de esta ciudad.

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