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Aciertos, errores y horrores en salud que cometen los que buscan la dieta para adelgazar “antes del verano”

Bajar de peso es uno de los objetivos más asociados con la salud. A pesar de que este indicador no es uno de los más importantes (a excepción de padecer sobrepeso u obesidad), mucha gente lo toma como un objetivo a “abatir”: reducir el peso corporal se vuelve una moda y casi una obsesión.

Ahora que llega el buen tiempo, las dietas, los “trucos” y los malos hábitos para adelgazar vuelven a coger protagonismo. Entre toda esta amalgama de acciones para perder kilos hay todo tipo de actividades, y no todas buenas. Las dietas milagro y sus horribles consecuencias pululan por ahí. Pero para perder peso y sentirnos más saludables solo hay un camino.

El error: buscar la dieta

Llega el buen tiempo, las ganas de lucir tipazo y la sombra de las navidades pasadas, los tres de la mano. En esta primavera que pasa rápidamente ya hay quien busca sin cuartel una forma maravillosa para perder kilos. Eso sí, que no sea a costa de su salud. ¿Quién quiere poner en peligro su bienestar? Existen cientos, si no miles, de dietas de todo tipo.

Los más decididos se ponen en manos de especialistas y nutricionistas, que son los expertos más adecuados para estas cosas. Por descontado, no estamos hablando de problemas de salud (como podría ser la obesidad), sino de una y sencilla voluntad de sentirnos mejor de cara al verano. La cuestión es que, como un buen profesional de la nutrición, probablemente diga: buscar una dieta es como poner un parche.

Lo importante para adquirir un cuerpo saludable es hacerlo a través de los hábitos saludables. Una dieta es un error porque funcionará mientras la mantengamos. Este secreto a voces es difícil de aprehender, pero muy importante. Si no lo grabamos a fuego, podemos caer en los típicos errores que nos harán desistir o, peor aún, hacer que nuestra salud se resienta.

No esperes perder muchos kilos

Nuestra compañera, Iria Reguera, hacía un cálculo más bien optimista de cuánto peso podemos perder si comenzamos una dieta de aquí al verano. En el mejor de los casos, siendo muy estrictos con el deporte y el cambio en nuestra nutrición, podremos perder de medio a un kilo por semana. Esto, además, no ocurrirá todas las semanas, pues el peso fluctúa, y suele ser mucho menos a partir de las dos o tres primeras semanas.

No todo es una cuestión de peso

Lo más importante, como decíamos, no es perder esos kilos de más. Lo más importante es contar con un cuerpo saludable. Volumen y peso son dos factores importantes que determinan la composición de nuestro cuerpo. Los kilos no siempre son indicativos de una pérdida de grasa, ya que también se asocian a la ganancia de músculo, que es importante y un mejor indicador de un cuerpo saludable. Si vamos buscando solo perder peso, sin entender el valor de esta cifra en su contexto, estaremos cometiendo el error más común.

Perder peso y perder volumen: no es lo mismo, ¿qué es lo que más te interesa?

El horror: las dietas milagro

Si promete que bajarás seis kilos en una semana, probablemente funcione. Pero en ningún caso te merece la pena pagar el precio. Las conocidas como dietas milagro son patrones nutricionales restrictivos, normalmente absurdos, y que no respetan las normas de una alimentación saludable. A cambio, reducen el aporte calórico de forma salvaje haciendo triquiñuelas y sometiendo al cuerpo a bastante estrés.

Al no tener en cuenta las necesidades nutricionales, llevar a cabo este tipo de dietas supone un problema importante de salud. El déficit calórico es el único secreto que funciona a la hora de perder peso. Pero el peso, como hemos dicho más arriba, no es un buen indicador de hábitos saludables.

El Grito Munch

Más bien al contrario. En el caso de las dietas milagro, esta pérdida rápida de peso implica también un impacto nutricional importante, un estrés excesivo en nuestro metabolismo y, como consecuencia, un peligroso efecto rebote. Perder y ganar peso rápidamente, en primer lugar, está relacionado con una mayor mortalidad. En segundo, la ganancia puede ser incluso mayor que la pérdida que habíamos conseguido.

En tercer y último lugar, este estrés metabólico también tiene su impacto en nuestro ánimo. Además de los múltiples problemas fisiológicos que son capaces de ocasionar (algunos de ellos muy graves), también se asocia una mayor probabilidad de sufrir depresión y otros problemas de ánimo derivados. Con este panorama, probablemente no seamos capaces de cumplir los objetivos que queríamos para el verano, pues no llegaremos tan lejos. Y es que ya lo dice el aforismo: “Lo que fácil llega, fácil se va”.

El acierto: cambiar los hábitos

Entonces, ¿cuál es el truco para llegar al verano de manera más saludable? El único acierto que podemos tener es cambiar nuestros hábitos. Esto no quiere decir que una dieta no nos ayude. Por supuesto que lo hará. Pero, como ya hemos dicho, solo mientras la apliquemos. Si queremos que sus efectos permanezcan, deberemos adherirnos a ella, o lo que es lo mismo, volverla un hábito.

El factor más importante que distingue a una dieta milagro de otra que no lo es: la adherencia

Esto tiene varias explicaciones. En primer lugar, por mucho que nosotros tengamos prisa, nuestro metabolismo va a su ritmo y necesita cierto tiempo para adaptarse. El metabolismo controla el gasto energético y el almacenamiento de sustancias, entre otras muchísimas cosas. Cambiar de hábitos es una apuesta a largo plazo, que se ajusta mejor al ritmo biológico de nuestro cuerpo.

Por otro lado, los cambios en los hábitos nos permiten adquirir una mejor educación dietética. Adquirir hábitos saludables supone eliminar los azúcares libres, reducir la ingesta de grasas, aumentar las frutas y verduras, las fibras, las legumbres, la calidad de proteína… amén de aumentar la actividad física que realizamos día a día.

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Esto último es indispensable para tener unos buenos hábitos saludables, que no solo dependen de la dieta. Movernos más puede implicar hacer ejercicio o, sencillamente, despegarnos del sofá. Un asiento cómodo es un asesino lento pero eficaz. Si queremos vivir de manera más saludable es imprescindible alejarnos del sedentarismo con el mismo horror que de la comida ultraprocesada y del exceso de azúcar.

No comiences a entrenar ahora si no vas a seguir

Puedes convertir un error en un acierto si te lo planteas con detenimiento: al igual que las dietas, de nada sirve un entrenamiento que solo practicarás un mes o dos. Cualquier hábito debe convertirse en eso… un hábito. Llegar al verano y sus incomodidades es una razón de peso para reducir la actividad física. Pero en vez de dejarnos llevar por este error, es mejor plantearlo con tiempo, pensando en una estrategia para que el entrenamiento (o el ejercicio) continúe no solo en el verano, sino aún más allá.

Planifícate

Uno de los mejores aliados de los hábitos saludables es la planificación. El mundo moderno, con sus agobios, su vida frenética, sus cómodos productos ultraprocesados y sus interminables horas en una silla de oficina suponen un atentado contra la salud. Pero podemos evitar muchos de sus perjuicios con un poco de estrategia: perfilar un horario, saber dónde practicar y qué practicar, aprovechar horas muertas, organizar una expedición al supermercado… toda planificación es la puerta de entrada a la eficiencia. Y no hay mejor eficiencia que aquella que busca la salud. El mejor acierto que podemos acometer es, sin duda, la organización. Un remedio seguro para sortear los errores y los horrores que se perciben en el aire de estas fechas preveraniegas.