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Adiós a cobrar el seguro tras una DANA: cómo la industria está cambiando sus coberturas por el cambio climático

Quizás no sean las lecturas más cautivadoras ni edificantes del mundo, pero los informes sobre fenómenos y catástrofes meteorológicas como los que elabora el IPCC, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático, tienen su público. Están los expertos, están los los periodistas, los políticos… y están también, en gran medida, las compañías aseguradoras. Normal. A medida que lo extraordinario para a convertirse en ordinario y lo excepcional en pauta, sus propios modelos de negocios se ven obligados a adaptarse al nuevo escenario. Suena raro, pero tiene lógica.

Y en España ya tenemos algún ejemplo.

¿Qué es un «episodio normal»? He ahí la pregunta del millón. Y he ahí uno de los cambios más significativos que registra el sector en, al menos, una parte de España. Esta misma semana el diario Levante publicaba que las compañías aseguradoras de la Comunidad Valenciana han empezado a incluir en sus pólizas cláusulas para no cubrir daños por fenómenos meteorológicos que hasta hace no tanto se consideraban anormales e imprevistos y ahora ya no lo son tanto.

Un ejemplo: si hasta ahora los seguros cubrían daños si la lluvia excedía de 40 litros por metro cuadrado (l/m2), ahora se especifica que ese volumen de agua debe concentrarse en una sola hora. Otro cambio que apunta el diario se relaciona con el viento: de omitir su umbral en los temporales, las empresas han pasado a concretarlo, aclarando que debe situarse por encima de los 90 km/h.

«Ni imprevisto, ni accidental». Ese es el argumentario principal del sector, que fenómenos que hasta ahora suponían casos espaciados en el tiempo empiezan a sucederse con una frecuencia que obliga a replantear las «reglas de juego». «Estos episodios ya no son algo imprevisto, ni accidental. Lo que viene a decir esta nueva cláusula es que antes estas lluvias fuertes sucedían cada ‘X’ años, no todos, y ahora se repiten varias veces todos los años. Al ser ya ‘normales’ o ‘previstas’, el seguro ya no se va a hacer cargo porque han dejado de ser episodios extraordinarios o imprevistos», explica José Vicente Grau, de la Junta del Colegio de Mediadores Profesionales de Seguros de Vàlencia.

Más allá de la teoría o las cifras, el cambio afecta directamente a cómo se plantea por ejemplo la cobertura frente a las DANA o gota fría, episodios que suelen dejar un saldo de millones de euros en compensaciones para el sector. Hace solo unos días, por ejemplo, Efe publicaba que el Consorcio de Compensación de Seguros destinará entre 35 y 38 millones a indemnizar a las aseguradoras por los daños que ocasionaron las lluvias la semana pasada en Valencia, Castellón y Alicante.

Una preocupación que lleva tiempo en el sector. No abundan noticias que concreten modificaciones específicas en el sector, pero sí las que advierten de lo expuesto que está a los efectos del cambio climático. El informe Insurance 2025 and beyond, publicado por PWC este mismo verano, concluía que en 2040 los riesgos asociados al cambio climático podrían generar primas para el sector asegurador por valor de 183.000 millones de dólares en todo el mundo.

«La mayor parte de esta cantidad se correspondería con seguros relacionados con la protección de hogares y propiedades contra distintas catástrofes naturales como las inundaciones, los terremotos y eventos meteorológicos extremos, como tormentas o incendios, entre otros», precisa el informe. No es el único en pronunciarse en ese sentido. Arpem o Mapfre han lanzado avisos similares.

Un desafío para las empresas. A mediados de 2021 Mapfre publicó un estudio que expone con claridad meridiana la situación. «Las lluvias torrenciales, sequías, huracanas o incendios son eventos naturales cuya frecuencia de ocurrencia crecerá debido al calentamiento global. Estos eventos tienen graves consecuencias sociales, medioambientales y económicas a nivel local. En estas situaciones, las compañías aseguradoras juegan un papel clave para la reconstrucción de las zonas afectadas», razona el informe, antes e sentenciar: «Ante la multiplicación de eventos extremos, prevista como consecuencia del cambio climático, la resiliencia del sector asegurador podría verse afectada».

Un nuevo factor clave en las inversiones. Conclusiones deslizadas por el organismo valenciano o Mapfre dan una idea de lo presente que está la reflexión en el sector. Que esté hoy sobre la mesa no significa en cualquier caso que sea algo nuevo. Hace un año INESE ya apuntaba cómo un tercio de las inversiones de las aseguradoras están expuestas al cambio climático, según cálculos de IAIS, la Asociación Internacional de Supervisores de Seguros. Por las mismas fechas aquí, en España, la patronal, Unespa, solicitaba al Gobierno que el Consorcio de Compensación asuma más daños. Su petición llegaba tras haber desembolsado más de 400 millones por fenómenos atmosféricos.

El cambio climático se mide en euros. Esa es la gran clave. Aunque el principal impacto del cambio climático se mide en términos sociales y por supuesto medioambientales también deja una clara lectura económica, en euros o dólares contantes y sonantes. Y en esa arista las aseguradoras juegan un papel fundamental. Hace no mucho la consultora Aon elaboró un informe en el que pone el termómetro económico a los desastres naturales registrados en el mundo a lo largo de 2021.

¿Cuál es su conclusión? El coste derivado de fenómenos meteorológicos ascendió a 329.000 millones de dólares, una cifra que dice tanto en bruto como al ponerla en contexto: convierte a 2021 en el tercer ejercicio —entre los registrados— con un mayor volumen de pérdidas computado.

Imagen de portada: Ramón Durán (Flickr)

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