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Así es Freedom Ship, el megabarco diseñado para convertirse en una ciudad flotante con 100.000 pasajeros

Si en el sector naval hubiese un concurso del “y yo más”, el Freedom Ship ganaría todas las rondas. Sin dudas. Sin concesiones. Sin margen de maniobra para el resto de navíos. Veamos. Con 1.371,6 metros, su eslora es tan grande que a su lado el Seawise Giant parecería una lanchita para navegar los fines de semana. En cuanto a la manga, mide 228 metros, equivalente más o menos a la Torre Emperador de Madrid tumbada. Y si nos fijamos en la altura, roza los 107 m, más que La Giralda.

No, ni tú has leído mal ni nosotros nos hemos vuelto locos.

Freedom Ship es una auténtica locura. Eso sí, de momento si quieres echarle un vistazo tendrás que conformarte con el papel, los renders y los vídeos. Aunque su proyecto lleva años sobre la mesa aún no ha conseguido despegar… O llegar a buen puerto, dadas las circunstancias.

Una ciudad flotante en ruta

En términos navales Freedom Ship es un proyecto descomunal, casi casi de ciencia ficción. Y lo es porque, aunque está pensado para navegar y moverse a lo largo del mundo, no es un barco al uso. Su diseñador, el ingeniero Norman Nixon, lo planteó a finales de los años 90 como un meganavío capaz de actuar como una ciudad flotante, una con todas las de la ley: con sus calles, viviendas, comercios, oficinas, hoteles, casino… Como una gran urbanización, solo que en alta mar.

Desde luego puede acoger más pasajeros-ciudadanos que muchas urbes de España. Sus creadores calculan que entre habitantes y visitas podría sumar entre 50.000 y 100.000 personas a bordo, lo que lo situaría en la horquilla en la que se mueven ciudades como Pontevedra, Ciudad Real, Toledo, Benidorm o Palencia. “El distrito comercial sostendrá una población de 100.000 personas compuesta por 40.000 residentes, 20.000 tripulantes a tiempo completo, 30.000 visitantes diarios y 10.000 huéspedes que pasen la noche en el hotel o casino”, detalla la web del proyecto.

Freedom Ship, eso sí, plantea ofrecer a sus inquilinos algo que no está al alcance ni de esas ni de ninguna otra ciudad de España o el resto del mundo: una singladura constante por los océanos y paisajes nuevos cada pocas semanas. Al menos si descontamos las largas travesías por alta mar para desplazarse de un punto a otro del globo. Su objetivo es completar una vuelta a la Tierra cada tres años y pasar alrededor del 70% amarrado fuera de las principales ciudades y puertos.

Dado sus enormes dimensiones no lo tendrá fácil a la hora de atracar en muchos muelles, así que… ¿Cómo solucionarlo? Fácil. Como se puede ver en los renders elaborados por sus diseñadores, Freedom Ship incorpora un aeródromo capaz de acoger aviones turbohélices con 40 plazas.

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A la hora de presentar el proyecto insisten también en que su objetivo no es construir un barco descomunal —que también— sino dar forma a una comunidad flotante, “una ciudad internacional, cosmopolita, residencial, comercial y turística” en constante periplo por el planeta.

“El barco es tan grande porque es el tamaño mínimo requerido para que la comunidad sea económicamente autosuficiente y un lugar deseable y atractivo”, remarca. Tan grande es, de hecho, que el equipo cree que no hay ningún astillero capaz de fabricar su gigantesca barcaza.

La pregunta del millón —o de los miles de millones de dólares— es: ¿Cuánto costaría dar forma a Freedom Ship? Roger Gooch, parte del equipo original que trabajó con Nixon en el desarrollo del proyecto en los 90, explicaba en 2013 a Business Insider que harían falta en torno a 9.000 o 10.000 millones de dólares, un coste desorbitado que explica en gran medida que más de 20 años después de su diseño original el Freedom Ship no haya conseguido pasar todavía del papel y los render.

“Ya hay súper plataformas en el mundo. Simplemente no son plataformas móviles o ciudades flotantes. Hay una gran plataforma que Japón utiliza como aeropuerto. Las superplataformas no son la cuestión, la cuestión es si una ciudad autónoma que circunnavega el mundo puede ser económicamente viable y realmente creemos que puede serlo”, reflexiona Gooch.

Lo cierto es que el barco —al menos esa es la intención de sus impulsores— tendría su propia economía, con infraestructuras exclusivas, y si algún día se convierte en realidad quienes residan a bordo deberán pagar una cuota para costear servicios como la seguridad o el mantenimiento.

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Un proyecto de semejante calado, con unas dimensiones titánicas y decenas de miles de personas a bordo, plantea en cualquier caso algunas preguntas interesantes: ¿Qué leyes se aplicarían dentro? En pleno siglo XXI, en lucha constante contra el cambio climático y a la caza de fórmulas alternativas que permitan reducir las emisiones del tráfico marítimo, ¿Cuál sería la huella contaminante de Freedom Sheep? ¿Cuánto ensuciaría exactamente con cada vuelta al mundo?

En caso de que consiguiese la financiación necesaria para iniciar su construcción, ¿Cómo se construiría, si la propia empresa reconoce que no hay astilleros preparados para dar forma a la barcaza que necesita? Y una vez en marcha, surcando los océanos, ¿Podría considerarse un paraíso fiscal? En resumen: ¿Es realista el proyecto o seguirá otros 20 años en el cajón?

Por lo pronto todo indica que tardaremos en ver asomar su gigantesca silueta con una eslora de 1,4 kilómetros y 25 plantas de alto en el horizonte. Lo que nos queda para ir abriendo apetito o fantasear con cómo sería el Freedom Ship son sus espectaculares imágenes y vídeos.

Imágenes | Freedom Ship

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