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Auge y caída de Fresh Kills, el vertedero más grande del mundo que llegó a ser visible desde el espacio

Cuando abrió sus puertas, en 1948, el vertedero de Fresh Kills se planteaba como una solución temporal, un remedio con fecha de caducidad para paliar el cierre de Rikers Island y acoger parte de la ingente cantidad de desperdicios que generaba Nueva York. Pasó el tiempo sin embargo y, como es habitual, lo que arrancó como algo pasajero acabó consolidándose. Para mediados de los años 50 Fresh Kills eran ya el mayor vertedero del mundo y en la década de 1980 llegaba a recibir alrededor de 29.000 toneladas de basura diarias. Tan grande era que podía verse desde el espacio.

Ahora, tras una historia accidentada, digna de las mejores páginas de Ken Follet, Fresh Kills encara una nueva vida, totalmente distinta. Si bien recibió la última barcaza con basura residencial de Nueva York en 2001, las autoridades de la Gran Manza y Staten Island certificaron la clausura definitiva del recinto hace solo unas semanas para que pueda «renacer» reconvertido en un gigantesco parque, un espacio verde que triplicará a Central Park y se convertirá en el segundo mayor de la ciudad.

¿Cómo pasa el vertedero más grande del planeta a reconvertirse en uno de los grandes parques de Nueva York, un área de más de 890 hectáreas? ¿Cuál es la historia de Fresh Kills?

Una gran «pesadilla ecológica»

El vertedero se puso en marcha hace tres cuartos de siglo en lo que entonces era una zona de arroyos y marismas de State Island y durante décadas acogió buena parte de los desechos de Nueva York. Sus acerca de 900 hectáreas se convirtieron en una auténtica «pesadilla ecológica» y «una patata caliente política», como lo define el escritor Robert Sullivan en The New York Times.

«Imagina Central Park con montículos de basura de 20 pisos de altura. Ahora imagina eso multiplicado por tres. Imagina una mezcla de desechos domésticos que excretan metano nocivo y millones de galones de lixiviados ricos en amoniaco, el término técnico para el jugo que fluye desde las colinas de basura hacia las vías fluviales. A finales de la década de 1970, cada día llegaban a Fresh Kills unas 28.000 toneladas de basura«, recuerda Sullivan, quien calcula que cuando se planteó un nuevo uso se habían arrojado millones y millones de toneladas de basura.

Conscientes del problema que suponían las montañas de detritus de Fresh Kills, las autoridades decidieron tomar cartas en el asunto ya en la década de los 80. En 1997 se cerraron y remataron dos de los cuatro montículos y el 22 de marzo de 2001 el vertedero recibió su última barcaza cargada de residuos residenciales de Nueva York. Los trabajos para cubrirlos arrancaron en 2007.

Se calcula que desde 1986 el departamento de Limpieza de Nueva York se ha gastado una cantidad ingente de recursos para poner punto y final al mega vertedero y «avanzar en la transformación» que le permita reconvertirse en una gran zona verde: alrededor de 980 millones de dólares.

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Barcazas con basura en Fresh Kills, en la década de 1970.

A pesar de los planes de cierre, el vertedero se vio obligado a asumir un rol inesperado en septiembre de 2001: acoger buena parte de los escombros generados por el atentado terrorista del 11-S. Durante meses las autoridades lo usaron como escenario para analizar cerca de 1,2 millones de toneladas de desechos del World Trade Center. Las labores de análisis e identificación en Fresh Kills se prolongaron hasta julio de 2002 y los restos se mantienen todavía claramente identificables, entre dos capas de terreno limpio, en una sección con una superficie de 19,4 hectáreas.

A medida que las autoridades iban cerrando las sucesivas secciones, se cubrían con una capa elaborada a base de diferentes materiales, como geotextiles y geomembrana. Tras años de trabajos, el Departamento de Conservación Ambiental del estado completaba a finales de 2021 la construcción del cierre del vertedero y el Departamento de Conservación Ambiental le daba su plácet en mayo.

Info

Infografía del parque.

La certificación de su cierre definitivo llega meses antes de la apertura de una parte recuperada del antiguo vertedero, North Park, y da el pistoletazo de salida para lograr un gran entorno verde de alrededor de 900 hectáreas, el segundo mayor de Nueva York, por detrás de Pelham Bay.

No es mal final para una antigua mole de basura.

Imágenes | Geosyntec Consultants y Chester Higgins, Jr. – U.S. National Archives and Records Administration

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