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Cataluña ha prohibido llenar las piscinas este verano. Así que había gente intentando comprar el agua en Francia

«No podemos enviar al mundo la imagen de los hoteles con piscinas vacías». Jordi Clos, presidente del Gremio de Hoteles de Barcelona, ha vuelto a la palestra para criticar la prohibición de que los hoteles puedan abrir sus piscinas (a no ser que sea con agua marina) porque la mayoría de hoteles no están técnicamente preparados para ello.

Ha exigido «a la administración también busque soluciones» y han puesto una sobre la mesa: ir a comprar el agua a Francia.

Con el pie cambiado. En mitad de una de las sequías más intensas de las últimas décadas, Cataluña declaró la fase de emergencia por sequía para más de 200 municipios y 6 millones de personas en las provincias de Barcelona y Girona. Esta fase tiene muchas medidas: desde obligar a las instalaciones deportivas a cerrar las duchas a reducir los caudales de los ríos hasta la mínima expresión.

La polémica del momento se centra en las piscinas porque el Gremio de Hoteles es consciente de que la mayoría de establecimientos no han hecho los cambios necesarios para llenar las piscinas de agua salada y teme el impacto para el turismo que pueda tener la imagen de las piscinas vacías. Se calcula que un hotel familiar con una piscina relativamente pequeña necesitaría invertir entre 15.000 y 20.000 euros entre instalación, mantenimiento y reposición de agua salada.

En busca del agua perdida. De ahí que, según explicaba La Vanguardia, la idea de comprar agua al otro lado de la frontera y llevarla a los hoteles con cubas y camiones cisterna ha ido ganando peso. Los rumores y especulaciones llegan a hablar de complejos hoteleros cerrando acuerdos para los próximos meses.

Solo hay un pequeño problema: es ilegal.

Carreteras llenas de camiones cisterna. En una reciente entrevista en TV3, Samuel Reyes (presidente de la Agencia Catalana de Agua) explicaba que no es «una medida de última hora». La medida está en el Plan Especial de Sequía desde noviembre de 2022 y el texto es cristalino. “Da igual que venga de Francia, Bilbao o Japón, si no es agua de mar, no se puede llenar la piscina”.

Según Reyes, no es solo que «no tendría ningún tipo de sentido que el agua no fuera destinada a actividades de uso doméstico, como cocinar o  ducharse»; sino que, de permitir la compra de agua con estos fines, «tendríamos camiones cisterna circulando por toda Cataluña y sería una situación imposible de controlar».

Mientras tanto, la presión sigue creciendo. Porque no es solo un problema internacional, es también un problema regional. Aunque los hosteleros de la Costa Dorada también temen el «daño reputacional» que puedan causar los problemas hoteleros en Barcelona, lo cierto es que no tienen los mismos problemas. Tarragona, al depender de la cuenca del Ebro, no está afectada por la emergencia y, si todo sigue así, sus hoteles podrán abrir con normalidad.

¿Veremos este verano contrabando de agua en la frontera? Esa empieza a ser la gran pregunta a medida que las patronales se ven incapaces de conseguir que la Generalitat financie la reconversión de las piscinas.

Imagen | Susan Flynn

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