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Cientos de coches de Porsche y Audi están retenidos en su entrada a EEUU. El motivo: una pequeña pieza de origen chino

No son tiempos sencillos para competir contra China. Ni en el coche eléctrico ni en otras industrias, aunque algunos gobiernos estén tomando el camino para poner dificultades e importantes trabas al crecimiento de estos automóviles en sus mercados.

Un buen ejemplo es Francia, donde las autoridades han creado un sistema basado en puntos como medio para discriminar qué vehículos se quedan fuera de las ayudas. Si el coche está fabricado en China, la valoración que se hace del país y de los costes medioambientales del traslado del vehículo lo dejarán fuera de todo tipo de subvención a ese automóvil.

El sistema, que ha provocado que en Francia queden fuera del programa de ayudas dos de sus tres coches eléctricos más vendidos, es uno de los que se han valorado para los posibles aranceles que se pueden levantar en toda la Unión Europea. Hay que recordar que los funcionarios de la Comisión Europea están estudiando si hay motivos para castigar a China alegando competencia desleal, frente a los fabricantes europeos.

En Estados Unidos, sin embargo, no se lo han pensado tanto. La guerra comercial que mantienen con China hace tiempo que colea. Esto provocó, por ejemplo, que los fabricantes de este país se enfrenten a unos aranceles de un 27,5% si quieren introducir sus automóviles en el mercado. Una barrera comercial que, ahora, fabricantes como BYD buscan la manera de saltársela.

El país lleva años intentando relanzar la industria del automóvil dentro de sus fronteras aprovechando el crecimiento de los coches eléctricos. Esto ha provocado que salga adelante normativas como la Ley de Reducción de la Inflación, en la que se apruebas jugosas ventajas fiscales para los fabricantes que produzcan en suelo estadounidense o en aquellos países con acuerdos comerciales especiales, como México o Canadá.

Pero además de los elevados aranceles a la importación de vehículos chinos, en Estados Unidos está vigente, desde 2021, una dura ley que veta todos los productos en los que se incluya, incluso de manera mínima o casi anecdótica, algún componente con origen en regiones específicas de China.

Miles de coches parados en aduanas

Esta ley de la que hablamos es la Uyghur Forced Labor Prevention Act. Esta normativa se puso en marcha hace casi tres años y prohíbe «la importación de cualquier bien, mercancía y artículo, producida o fabricada total o parcialmente en la Región Autónoma Uigur de Xinjiang de la República Popular China.»

Para defender esta ley, el Gobierno de Estados Unidos argumenta que en esta región se producen materiales, componentes y productos utilizando trabajos forzosos. Esto mismo también se ha alertado desde la ONU, donde han asegurado que la población es obligada a trabajar para multinacionales en lo que califican de «crímenes de lesa humanidad».

Cuando se detecta que un producto tiene algún componente con origen en Xinjiang, Estados Unidos paraliza por completo su importación, pues está prohibido que estos bienes crucen las fronteras del país.

¿El resultado? 1.000 deportivos y SUV de Porsche detenidos en aduanas, además de cientos de Audi y algunas unidades de Bentley, según datos de Financial Times. Todas las marcas forman parte del Grupo Volkswagen que, según el medio, habrían alertado a las propias autoridades de que se estaban incumpliendo las normas.

El origen del problema se encontraría en «un pequeño componente electrónico que forma parte de una unidad de control más grande, que será reemplazada», en palabras que se han remitido mediante carta a los clientes afectados y que tendrán que esperar, al menos, hasta finales de marzo para que les sean entregados sus coches cuando esta pieza (que no se ha especificado) termine por ser reemplazada.

Desde el diario económico apuntan a que la pieza en cuestión habría sido aportada por un proveedor externo a Volkswagen quien habría descubierto que, a su vez, otro de sus proveedores obtenía algunos materiales de la región china de Xinjiang. Una posibilidad de la que ya había alertado Human Rights Watch este mismo mes de febrero.

El comunicado de la ONG en el que se hacía referencia a la producción de aluminio en la región fue el siguiente:

Casi una décima parte del aluminio del mundo, un material clave para la fabricación de automóviles, se produce en la Región Autónoma Uigur de Xinjiang (Xinjiang o XUAR), una región en el noroeste de China, donde el gobierno chino está llevando a cabo una larga campaña de represión contra los uigures y otras comunidades musulmanas túrquicas. Desde 2017, las autoridades chinas han perpetrado crímenes de lesa humanidad en Xinjiang, incluidas las detenciones arbitrarias de aproximadamente un millón de personas en el apogeo de la represión, la tortura, las desapariciones forzadas, la vigilancia masiva, la persecución cultural y religiosa, la separación de familias, la violencia sexual y las violaciones de los derechos reproductivos, así como la sujeción de los uigures y otras comunidades musulmanas túrquicas a trabajos forzados dentro y fuera de Xinjiang

Esta paralización en la importación de los automóviles de Volkswagen llega en mal momento para el grupo autmoovilístico, que ha sido acusado de producir algunos de los materiales utilizados en sus vehículos en esta región, a través de su colaboración con SAIC, con quien comparte una planta en la región.

Estas presiones por parte de los políticos alemanes llegaron después de que la compañía química BASF se desligara de dos joint venture con las que trabajaban en la región, tras publicarse nuevos informes en los que se apuntaba a que podían estar utilizando mano de obra forzosa de la minoría musulmana uigur.

Imagen | Porsche

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