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Con la nueva subida de precios, Netflix se acerca peligrosamente al límite de «si no lo uso un mes no me compensa cancelar»

En septiembre de 2017 aún pagábamos 11,99 euros por el plan Premium de Netflix. Las condiciones y prestaciones de ese plan no han cambiado apenas desde entonces, pero en cuatro años ese precio ha subido un 50%: ahora hay que pagar 17,99 euros.

La última subida que entró en vigor en octubre de 2021 es extraordinaria, y aunque ciertamente el cátalogo ha ido creciendo y la inversión de Netflix en contenidos es notable, el precio empieza a ser demasiado alto. Tanto que amenaza con hacer que los usuarios acaben dando de baja Netflix uno o varios meses si no están aprovechando el servicio.

Por qué Netflix puede permitirse subir precios una y otra vez

El servicio de streaming llegaba a España en octubre de 2015. Lo hacía con tres planes de precios que se diferenciaban por la calidad de la emisión (SD, HD, 4K) y por el número de pantallas simultáneas (1, 2, 4).

Eso no ha cambiado en estos seis años de servicio, aunque desde luego el catálogo se ha ido renovando. Llegan nuevas series y películas pero cuidado, porque otras desaparecen.

Las prestaciones no han cambiado de forma esencial: es verdad que las descargas para visionado offline fueron una opción llamativa, pero más allá de eso no ha habido grandes cambios salvo esa (por ahora) tímida entrada en el mundo de los videojuegos para Android.

A pesar de ello, en Netflix han ido subiendo precios de forma sostenida e inmisericorde cada (aproximadamente) dos años. Lo hicieron en octubre de 2017, en junio de 2019 y ahora otra vez en octubre de 2021. El patrón siempre ha sido el mismo: la suscripción básica se mantiene como estaba en 7,99 euros al mes, pero el plan Estándar sube un euro en cada ocasión, y el plan Premium sube dos.

Eso ha hecho que hoy en día utilizar ese plan Premium no salga precisamente barato: ya cuesta 17,99 euros cuando hace algo menos de cuatro años —antes de la subida de octubre de 2017— costaba 11,99 euros. Seis euros de diferencia (un 50% de incremento) que, la verdad, duelen.

Esa subida se une al hecho de que hoy por hoy hay una oferta de servicios de streaming que es más potente que nunca. La llegada de Disney+, la renovada apuesta de HBO con HBO Max, y por supuesto alternativas como Prime Video, Apple TV+ o Filmin hacen que los usuarios tengan cada vez más opciones a la hora de ver lo que quieren y cuando quieren… si pueden pagar por ello.

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Fuente: Statista.

La compentencia ha tenido desde luego impacto en el crecimiento de suscriptores de Netflix, que sigue un ritmo ascendente pero que ha visto frenado ese ritmo de forma notable en los últimos trimestres. En el segundo trimestre se estima que Netflix cuenta con 209,18 millones de suscriptores en todo el mundo.

La clave para subir precios sin que haya picos en cancelaciones o en los índices de satisfacción es convencer a los clientes de que siguen disfrutando de un servicio excelente, y Netflix parece haber logrado hasta ahora ser convincente. La pregunta es si logrará seguir haciéndolo al mismo ritmo que crecen sus precios, y aquí hay un elemento clave: las cuentas compartidas.

Las cuentas compartidas compensan, pero quizás no sigan haciéndolo mucho tiempo

Netflix, como sus competidoras, nos lo pone fácil. Si quieres desconectarte un mes porque no vas a usarlo puedes hacerlo fácilmente. No hay cuotas de permanencia ni ataduras reales, y lo mismo ocurre con otros servicios que realmente puedes alternar para irte suscribiendo solo a aquellos servicios que vas a disfrutar durante ciertas temporadas.

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El problema real probablemente está en que las suscripciones Premium son las que permiten no ya disfrutar de contenidos en 4K, sino hacerlo con las célebres cuentas compartidas. Muchos usuarios comparten esa cuenta Premium no ya con miembros de la familia en un mismo hogar, sino con familiares e incluso amigos que viven en otros lugares.

Desconectarse uno es desconectarse todos. Como cada cual usa el servicio de forma independiente, casi como si fuera su propia cuenta, la cancelación del servicio durante uno o varios meses que puede ser perfecta para un usuario del grupo puede no serlo para otros del mismo grupo que aprovecha la cuenta compartida. «Oye, es que yo ahora estoy viendo ‘El juego del calamar‘, que tu ya viste el mes pasado» es un argumento claro que hace que efectivamente dar de baja esas «cuentas grupales» sea más difícil de lo que parece.

Ocurre básicamente lo mismo para todos los servicios que miran para otro lado cuando sus servicios se comparten de formas algo más «agresivas» de lo que realmente permiten los términos de uso. Se lleva tiempo hablando de que al menos en Netflix habrá una verificación de propietario que impondrá claras restricciones a esas cuentas compartidas, pero de momento la firma no ha movido ficha definitivamente.

Si lo hace el impacto en el servicio será sin duda sensible, y es asumible pensar que muchos usuarios no puedan o no quieran asumir el pago de 17,99 euros al mes por ver Netflix en 4K y como mucho se acojan al plan de 13,99 euros.

Esos planes más «individuales» serán además mucho más propensos a ser víctimas de un uso intermitente: este mes me suscribo, este mes me doy de baja, y así continuamente para tratar de recortar un poco gastos en un modelo que desde luego empieza a no salir a cuenta si siguen subiendo los precios y sobre todo si acaba dejando de ser fácil de poder compartirse.

Imagen | Alexander Shatov

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