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El futuro de la vacuna ARNm: lo aprendido con el COVID-19 cambiará tanto el mundo en 20 años como los antibióticos cambiaron el siglo XX

La tecnología que está detrás de las vacunas ARNm, que Moderna y BioNTech- Pfizer han diseñado para combatir el COVID-19, nos está dando algunas noticias esperanzadoras en el campo de la biomedicina.

En primer lugar, BioNTech, la empresa alemana que colabora con Pfizer en una de las vacunas de la COVID-19, ha anunciado ensayos en humanos para vacunas contra el cáncer utilizando tecnología de ARNm o ARN mensajero. Moderna, por su parte, ha presentado datos preclínicos a propósito de una vacuna respiratoria 3 en 1: además de proteger contra el COVID-19, también lo haría contra la gripe y el virus sincicial respiratorio (VSR), un virus muy común que ocasiona síntomas leves similares a los del resfriado.

Cambio de las reglas del juego

La pandemia ha supuesto un espaldarazo para la ciencia y la investigación médica y, particularmente, para la tecnología ARN mensajero. Esta tecnología, empleada en las vacunas de Pfizer y Moderna, puede que en poco tiempo cambie las reglas del juego para muchas otras enfermedades.

Esto es posible gracias a la versatilidad de las plataformas de ARNm, que son más rápidas y fáciles de usar que las que subyacen a la fabricación basada en proteínas de las vacunas tradicionales. Y, si bien es aún prematuro hacer cualquier tipo de predicción, algunos, como el periodista científico Derek Thompson, sugieren que la tecnología de ARNm podría hacer lo que la Guerra Fría hizo por el microchip. O que en apenas veinte años, cambiará la la sociedad de la misma forma en que los antibióticos cambiaron el siglo XX.

Las vacunas de ARNm son un nuevo tipo de vacunas que protegen contra enfermedades infecciosas, pero a diferencias de las tradicionales, a fin de despertar la respuesta inmunitaria, no inyecta el germen atenuado o inactivado en nuestros organismos. En lugar de eso, las vacunas de ARNm enseñan a nuestras células a producir una proteína que desencadena una respuesta inmunitaria dentro de nuestro organismo. Esa respuesta inmunitaria, que produce anticuerpos, es la que nos protege de infecciones si el virus real ingresa a nuestros organismos. De alguna manera, pues, estas vacunas enseñan usan el código de nuestro cuerpo para fabricar sus propias defensas.

Así, las vacunas de ARNm no contienen el virus vivo que causa el COVID-19. Tampoco afectan nuestro ADN ni interactúan con él de ninguna forma. El ARNm nunca pentra al núcleo celular, que es donde está nuestro ADN. La célula se descompone y se deshace del ARNm al poco tiempo de haber terminado de usar sus instrucciones.

El fin de los virus respiratorios

Moderna, animado por el éxito de su vacuna COVID-19, empezó hace poco una fase 1/2 de ensayos de su inyección basada en ARNm para la gripe estacional, dirigida a cuatro cepas diferentes. Finalmente ha anunciado datos preclínicos positivos para una sola inyección que combina las vacunas contra el COVID-19, el virus sincicial respiratorio (VSR) y la gripe. Es decir, que han logrado combinar 6 ARNm contra 3 virus respiratorios diferentes en una vacuna única vacuna: refuerzo COVID-19 + refuerzo VSR + refuerzo contra la gripe.

El virus sincicial respiratorio (VSR), un virus muy común que ocasiona síntomas leves similares a los del resfriado pero que resulta peligroso en bebés. La ribavirina es el único medicamento antiviral autorizado actualmente para el tratamiento del VSR en niños, aunque su uso sigue siendo controvertido. La gripe estacional mata a más de medio millón de personas al año. Y coronavirus SARS-CoV-2, responsable de la enfermedad COVID-19, avanza por todo el planeta sumando más de 4,6 millones de fallecidos (solo en Estados Unidos, una de cada 500 personas ya ha muerto por esta causa).

Así pues, los datos preclínicos positivos de Moderna, que muestran que han combinado con éxito los ARNm contra la variante COVID actual, el virus sincitial respiratorio y cuatro cepas de gripe en una sola inyección, son noticias más que esperanzadoras para la humanidad.

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Combinar diferentes vacunas no algo raro y novedoso. Los bebés reciben vacunas MMR que mezclan el sarampión, las paperas y la rubéola. También reciben vacunas DPT para la difteria, la tos ferina y el tétanos, mientras que la vacuna anual contra la gripe es en realidad una mezcla de cuatro cepas diferentes del virus de la gripe.

Sin embargo, las vacunas actuales contra la gripe solo ofrecen alrededor del 40% al 60% de eficacia, algo que podría cambiar a mejor gracias a la tecnología ARNm. Además, la gripe es un candidato perfecto para esta tecnología, porque si bien virus cambia rápidamente, las vacunas de ARNm se pueden desarrollar muy rápidamente, lo que significa que los fabricantes pueden alterar rápidamente sus vacunas si la predicción anual de la cepa que probablemente circulará en la temporada siguiente resulta ser incorrecta. Otra ventaja de las vacunas de ARNm es su capacidad de combinar diferentes antígenos para proteger contra múltiples virus. La versatilidad y rapidez de la tecnología ARNm, pues, no tiene paragón.

Por ello, la plataforma de ARNm, potencialmente, permitiría fabricar vacunas contra todo, desde enfermedades infecciosas hasta enfermedades cardíacas e incluso cáncer.

Antígenos contra el cáncer

Este es el enfoque que también ha utilizado BioNTech para combatir la que se considera la segunda causa de muerte en el mundo: identificar cuatro antígenos propios del cáncer. Más del 90% de los melanomas de los pacientes presentan al menos uno de estos antígenos.

Una célula cancerosa solo es una célula averiada, y todos empezamos a tener células averiadas al poco de nacer. Cada vez que aparece una célula averiada se pone en marcha nuestro sistema inmunitario, que se encarga de identificarla y eliminarla. Cuando nos diagnostican cáncer, la situación ha alcanzado tal punto que las células averiadas ya son muchas y se están multiplicando descontroladamente. Y eso explica por qué podemos llamarlo «vacuna» y no tratamiento contra el cáncer.

Esta potencial vacuna se administraría a personas que ya tienen cáncer en lugar de prevenir el cáncer, pero funcionaría creando una respuesta inmunitaria contra las células cancerosas, entendiendo el cáncer como un proceso continuo más que un patógeno. Con todo, dependiendo del tipo de cáncer, podría ser posible crear vacunas preventivas para personas con riesgo a desarrollar ciertos tipos de cáncer (por ejemplo, las personas con una mutación BRCA 2 tienen un alto riesgo de desarrollar cáncer de mama).

El ARN mensajero tiene muchas ventajas para combatir el cáncer, de nuevo por su versatilidad y capacidad de desarrollar vacunas personalizadas para mutaciones concretas del tumor de cada paciente. Por otra parte, el ARN mensajero puede utilizarse para que nuestras células produzca proteínas inmunoestimuladoras o que inhiban los puntos de control inmunitarios de manera que el tumor ya no pueda pasar desapercibido en un diagnóstico.

Esta idea no es nueva, porque hace más de cien años que se intentar abordar el cáncer a través vacunación. No obstante, estos primeros intentos en los que se inyectaban células del propio tumor del paciente no tuvieron éxito en su mayor parte. Desde entonces, se ha seguido trabajando incansablemente en el desarrollo de terapias que permitan usar el sistema inmune contra los tumores, y hace alrededor de veinte años empezaron los primeros ensayos clínicos con ARN mensajero. Tras la pandemia, sin embargo, se han invertido tantos recursos que todo el conocimiento adquirido permite aplicarse a nuevos objetivos que hasta ahora no estaban en el horizonte de nadie. La pandemia nos proporcionado cantidades masivas de datos que normalmente no podrían haberse obtenido.

Por si no fueran suficientes noticias esperanzadoras, la tecnología ARNm todavía tienen que darnos muchas más sorpresas. BioNTech también ha anunciado hace unas semanas que está preparando una vacuna contra una de las enfermedades más mortíferas del mundo: la malaria. Y, actualmente, hay en marcha más de 200 ensayos clínicos para desarrollar vacunas con esta tecnología.

Por consiguiente, todo lo malo que nos ha traído el COVID-19 también ha implicado una mayor inversión de recursos y una enorme adquisición de nuevos conocimientos, de nuevas ideas, que finalmente nos puede permitir dar un salto cuántico en el tratamiento de muchas de las dolencias que llevan siglos, incluso milenios, acompañándonos.

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