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El misterio de los manuales de usuario: nadie los lee pero los seguimos fabricando para casi todo

Mea culpa. A mis 34 años no suelo leerme los manuales de instrucciones de los aparatos que compro. Lo hago solo cuando no me queda más remedio o el riesgo de meter la pata puede ser alto y, sobre todo, caro. Lo reconozco sin vergüenza porque sé que en esto no camino solo.

¡Qué solo! Aquí voy en un bando bien nutrido. Una estudio de la compañía Allstate Protection Plans concluye que solo la mitad de los encuestados se leen los manuales cuando necesitan aprender cómo solucionar un problema o utilizar determinada función de sus dispositivos.

¿Es eso malo? Depende.

El informe, recogido por Lifewire, deja una cal y otra de arena. Hay quienes condenan los manuales al cajón del olvido o directamente al contenedor del papel porque prefieren jugársela en el oráculo de Google o YouTube. Y quienes no lo hacen porque cuando reciben el aparato ya han leido tanto, absorbido tal cantidad de datos y tutoriales, que, sencillamente, lo saben casi todo.

¿Qué dicen YouTube o Google?

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“Hoy en día las personas investigan tan profundamente el producto antes de comprarlo que ya conocen todas sus características y funcionamiento. En algunos casos más incluso que el vendedor”, explica Vikrant Ludhra, de la empresa de servicios financieros Alternative Path, a Lifewire.

Las propias compañías parecen haber asumido un cambio de escenario que incentivan en cierto modo desde hace años reduciendo las guías a su mínima expresión, un par de páginas con nociones básicas que permiten al usuario arrancar su aparato e investigar luego por su cuenta y riesgo.

El informe de Allstate Protection Plans muestra que al 78% de los encuestados se les había estropeado un electrodoméstico hacía poco, sobre todo lavadoras y neveras. De las mil personas de Estados Unidos con las que habló la compañía, apenas el 50% había consultado antes su manual.

Lo más curioso es que buena parte de los encuestados acudían en búsqueda de información a YouTube o Google. También los hay que pasan de los librillos impresos que acompañan a los dispositivos y, cuando se presentan los problemas, recurren a la web del fabricante.

Cómo nos comportamos está muy ligado también a la edad. Cuanto más jóvenes somos, más nos fiamos de Internet. El porcentaje de quienes acuden a Google o YouTube antes que a los manuales es del 80% entre los menores de 44 años, porcentaje que baja al 58% entre los mayores de 45. “Se están volviendo menos una primera opción y más una copia de seguridad”, concluye.

¿Cuál es el motivo del ocaso de los manuales?

Para entender la nueva realidad ayuda manejar algunos datos. Quizás el principal sea que hay mucha gente a la que no le gusta leer. El Barómetro de Hábitos de Lectura de 2019 reflejaba que algo más de un tercio de los españoles, el 38,2%, no lo hacen nunca o casi nunca.

Lo que sí ganan peso son nuevas formas de comunicarse, más apoyadas en la imagen y lo audiovisual. La gente busca experiencias más inmersivas, dinámicas, didácticas y que les permitan obtener datos con rapidez. Otra de las grandes claves es lo poco intuitivos que llegan a resultar algunos manuales. A su favor tienen, eso sí, recursos como la realidad aumentada o virtual.

Imagen de portada | Tnarik Innael (Flickr)

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