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El retraso en la extradición de Julian Assange, fundador de Wikileaks, es una pequeña victoria para la libertad de prensa

La justicia británica ha dado la razón al fundador de Wikileaks. Julian Assange podrá seguir retrasando su extradición a los Estados Unidos, tras la victoria obtenida hoy en el Tribunal Superior de Londres. En Estados Unidos está acusado de conspiración por hacking informático y se enfrenta hasta a penas de prisión de 175 años. Pero tras cinco años de batalla legal, el alto tribunal británico ha determinado que Assange tiene derecho a volver a apelar.

El caso de Assange lo amparará el Tribunal de Derechos Humanos. Desde hace más de una década, Assange se enfrenta a graves penas en los Estados Unidos por lo que considera una de las filtraciones de información clasificada más importantes en la historia.

Hace tres años se decidió paralizar su extradición por riesgo sobre la salud mental de Assange. Ahora el alto tribunal británico da un paso más y confirma que Assange puede volver a apelar y que además su extradición podrá ser amparada por el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, o un posible acuerdo con el Departamento de Justicia de los Estados Unidos.

Assange no es periodista. Este es el principal argumento del Departamento de Justicia de Estados Unidos cuando acusa a Assange. También apuntan que Assange no respetó los estándares de los medios con los que colaborará en la filtración de Wikileaks. Sin embargo, su caso es todo un precedente para el debate sobre la libertad de prensa.

La organización Freedom of Press explica que «el caso contra Julian Assange es la amenaza más peligrosa para la libertad de prensa de Estados Unidos en décadas» y que utiliza la Ley contra el Espionaje de 1917 en contra de Assange puede marcar una peligrosa jurisprudencia contra la libertad de prensa.

Tres nuevas garantías. Assange ha ganado este juicio y su extradición ha quedado paralizada. Pero el caso se prolongará todavía unas semanas más, hasta el 20 de mayo cuando está previsto una nueva audiencia. Está pendiente un nuevo juicio sobre la extradición, donde deberán asegurarse al menos tres peticiones de la defensa del fundador de Wikileaks.

En primer lugar Estados Unidos deberá asegurar la libertad de expresión, que está en la primera enmienda de su Constitución. En segundo lugar que no se aplicarán penalizaciones a Assange por no ser estadounidense (es australiano) y en tercer lugar que no se aplicará la pena de muerte.

Si la justicia estadounidense asegura al menos estos tres puntos, el proceso de extradición sí podría continuar.

Negociando un acuerdo. Con todo, la resolución del caso se estaría negociando por otra vía, según explica el Wall Street Journal y recoge el propio tribunal de Londres: un acuerdo entre Assange y el Departamento de Justicia. En él Assange se declararía culpable de un cargo menor por un mal uso de documentos confidenciales. Y para esta condena, el tiempo que ya ha pasado en la cárcel sería suficiente. Se pondría así fin a un proceso legal que ya dura 14 años.

La libertad de expresión como salvavidas. El caso de Assange ha generado grandes protestas y muchos piden su puesta en libertad. El propio Tribunal de Londres apunta a la libertad de expresión como un punto a tener en cuenta por la justicia estadounidense para su procesamiento, recogiendo el fondo del debate sobre el caso de Assange.

Sin embargo, de confirmarse el acuerdo entre Assange y la Justicia estadounidense no se habría impuesto este derecho. Amparándose en la libertad de expresión y prensa la justicia británica ha impedido su extradición y permite derivarla al Tribunal de Derechos Humanos, pero no parece que vaya a ser este derecho el que ampare sus acciones si finalmente decide declararse culpable.

Imagen | Pamela Drew

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