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España afronta la batalla meteorológica definitiva: las borrascas profundas del Atlántico vs. la sequía

Por fin, tras meses de espera, España ha entrado de lleno en el otoño. Un otoño de verdad porque, pese a tener temperaturas más altas que la media histórica, el chorro polar está enviándonos una enorme cantidad de borrascas atlánticas y frentes activos. En las próximas horas, además, el Golfo de Génova verá cómo se forma Denise, otra poderosa borrasca que animará la situación del este de la península y Baleares. Cae agua a borbotones, ¿Qué pasa con la sequía?


¿De qué hablamos cuando hablamos de sequía? Como solemos hablar de estas cosas solo cuando nos afecta, corremos el riesgo de confundir ‘sequía’ con ‘escasez’. La sequía es una «anomalía temporal de precipitación o caudal natural». Es decir, hay menos agua de la que debería. Dependiendo del nivel de demanda hídrica existente en el área, puede haber escasez o no haberla.

De hecho, puede haber ‘escasez’ aunque no haya sequía si hay una situación permanente de déficit hídrico: si consumimos más de lo que tenemos. En cierta forma, como siguiendo la conocida ley de Say, tendemos a utilizar todo el agua disponible (ya sea con fines humanos, agrícolas e industriales) y eso es lo que nos hace vulnerables a la sequía.

El problema (para nosotros) es que es un tema complejo Porque no solo hay un tipo de sequía. Como podemos ver en el Monitor de la Sequía meteorológica del CSIC la cosa ha evolucionado muy positivamente. Hay algunas zonas del país que siguen con un clima muy seco, es cierto, pero la situación ha mejorado sensiblemente en cuando a precipitaciones en los últimos meses. El problema es que, con estos mapas, lo que medimos es la sequía meteorológica.

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Situación – Sequía Meteorológica – Agosto

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Situación – Sequía Meteorológica – Noviembre

¿Qué significa eso? ‘Sequía meteorológica’ es, básicamente, escasez continuada de las precipitaciones. Lo que hace el CSIC, básicamente, es recoger los datos de las estaciones meteorológicas de todo el país y componer un mapa. Se tienen en cuenta más factores (como la evaporación), pero este monitor nos dice la cantidad de agua que está entrando en el sistema.

La ‘sequía meteorológica’ es muy importante porque es el factor clave que, a la larga, desencadena el resto de sequías, pero es necesario estudiarla como si de una «foto» se tratara. Para acabar de entender en qué situación estamos, habrá que ver cómo estaba el sistema previamente y, hasta qué punto, estas lluvias va a solucionar los problemas que arrastramos. Dicho de otra forma: necesitamos analizar la ‘sequía hídrica’.

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¿Sequía hídrica? Efectivamente: «la disminución en la disponibilidad de aguas superficiales y subterráneas en el sistema», el agua que tenemos disponible. En último término, son la sequía meteorológica y la gestión del agua las que producen la sequía hídrica: sin embargo, su relación no es inmediata. La hídrica es «una acumulación» de la meteorológica.

Para estudiar cómo está la situación, lo más rápido es irnos al Boletín Hidrológico Nacional, donde podemos ver un análisis muy minucioso del estado del agua embalsada en los pantanos y las cuencas. En general, los datos del Ministerio vienen a confirmar la tendencia a la que apunta el CSIC: en la última semana, han entrado 91 hm³ de agua (lo que supone un aumento del 0,16% sobre la reserva actual).

Por lo demás, vemos que salvo en zonas concretas (el cantábrico y la cuenca del Tinto, el Odiel y el río Piedras) la situación generalizada es mala. No es ninguna sorpresa. Llevamos desde 2014 con temporadas hidrológicas con precipitaciones por debajo de la media y eso, al acumularse, provocan lo que vemos en el mapa: que apenas tenemos el 30% de las reservas de agua que podríamos tener.

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Estado de las masas de agua superficial

Todo esto tiene consecuencias. Y no me refiero solo a los varios centenares de municipios con restricciones de agua. Es algo más serio porque, nos guste o no, nos acercamos al punto de no retorno. El 47,1% de los ríos y un 49,16% de los lagos, estanques y playas del país están en mal estado. También lo están el 44,23% de las masas de agua subterránea. Esto es un problema porque es justo de ahí de donde extraemos el agua.

Evidentemente, no es una cuestión solo de la sequía, pero la falta de agua hace a nuestros cauces especialmente sensibles a los vertidos de las aguas residuales y otras formas de contaminación directa de los ríos. Los riesgos químicos y medioambientales aumentan y la fragilidad el sistema también.

¿En qué situación estamos? Esa es la pregunta fundamental. El pasillo atlántico nos ha puesto en una situación inmejorable para recibir una enorme cantidad de agua y la necesitamos. La necesitamos porque gran parte de las cuencas clave de nuestro país se llenan en otoño. Y la duda es si esta configuración atmosférica durará lo suficinete para aliviar las peores consecuencias de la sequía. No está claro, pero hay partido. Y eso ya es mucho decir.

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