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Estamos encontrando grandes anillos brillantes en los confines de la galaxia. Y aún no sabemos muy bien qué son

Durante los últimos años, las antenas del observatorio ASKAP (Australian Square Kilometre Array Pathfinder) han estado encontrando extrañas y brillantes nubes con apariencia de anillo en el espacio exterior. Llevan cinco de estos objetos descubiertos, pero el último anillo espacial que han encontrado es distinto a los demás. El nuevo anillo es una enorme nube situada en los albores de nuestra galaxia, cerca de la Gran Nube de Magallanes, la galaxia satélite de la Vía Láctea. El hallazgo de este misterioso objeto ha sido publicado en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society y plantea más preguntas que respuestas.


El objeto que han encontrado.
Por ahora se sabe muy poco de esta nube anular. Se ha bautizado como J0624–6948 y se calcula que podría tener entre 2100 y 7100 años. La teoría más probable sobre su naturaleza es que se trata de los restos de una supernova intergaláctica. O al menos eso piensa el equipo que la ha descubierto.

Supernova intergaláctica.
De ser así sería el primer objeto de este tipo hallado. Una supernova es una explosión estelar, una fase de transición al final de la vida de las estrellas más masivas y en algunos casos de las enanas blancas. En este caso, explica Miroslav Filipovic, autor que encabeza el estudio, el anillo podría ser el resultado de la explosión, puede que hace 7.000 años, de dos estrellas que estuvieran orbitándose una a la otra.

Las supernovas no son raras en el universo pero suelen darse en los entornos en los que más estrellas se acumulan: las galaxias. Este objeto en cambio se encontraría en el espacio intergaláctico, entre nuestra galaxia, la Vía Láctea, y la Gran Nube de Magallanes, una galaxia enana que orbita la nuestra.

Hay otras posibles explicaciones.
El equipo de investigadores responsables del descubrimiento considera que este es el escenario más plausible, pero no es la única explicación que consideran en su artículo. Una de ellas es que fuera el resultado de una súper-fulguración procedente de una estrella de la Vía Láctea, una versión enorme de las erupciones solares que podemos ver en nuestro propio Sistema Solar, en este caso a unos 190años-luz de distancia y ocurrida hace unos cientos de años.

La primera teoría con la que especuló el equipo es que se tratara de un círculo extraño de radio (Odd Radio Circle, u ORC), explica Filipovic. Sin embargo las observaciones posteriores les hicieron descartar este escenario. Las diferencias con otros círculos de este tipo eran un índice espectral de radio más “plano”, un mayor tamaño aparente y su localización desligada de ninguna galaxia.

Pero, ¿qué son los ORCs?
Los ORCs son objetos curiosos como puede intuirse fácilmente de su nombre. Tan solo se han detectado cinco desde que se encontrara el primero en 2019. Son señales de radio en apariencia circulares (probablemente esféricos) más “brillantes” en su circunferencia. A la inversa que en este último caso, una de las especulaciones iniciales fue que estas señales correspondían a supernovas, aunque aún se sabe poco de su origen y naturaleza. No es extraña la confusión puesto que las imágenes que nos llegan de estos objetos son semejantes, pero no iguales.

Los descubrimientos más recientes sobre estos objetos los describen como explosiones de gas caliente. Inmensas, de un millón de años luz de diámetro (diez veces el de la Vía Láctea), y es que en su centro puede apreciarse, aunque muy débilmente, una galaxia. Serían esferas en cuyo centro se encuentra la galaxia de la que proceden, si se ven como círculos con una circunferencia muy marcada es por la perspectiva, como podemos ver mejor los bordes de una burbuja que el resto de su superficie.

Ocultos en frente de nuestras narices.
Estas nubes estarían situadas a miles de millones de años luz, de ahí que su señal sea tan débil y no hayan sido descubiertas hasta hace poco. Para detectarlas son necesarias enormes infraestructuras como el ASKAP, con sus 36 antenas capaces de cubrir grandes superficies de la bóveda celeste. Lo mismo ocurre con las galaxias del interior de estos círculos, algunas de las cuales ni siquiera habían sido detectadas en las primeras observaciones.

Tampoco se sabe mucho de qué causa estos fenómenos. Los investigadores involucrados consideran dos principales hipótesis. La primera es que son resultado de la colisión de dos agujeros negros supermasivos; la segunda es el nacimiento simultáneo de millones de estrellas de la nube de gas de una galaxia.

¿Qué nos puede contar sobre el universo?
Por ahora se sabe poco de qué podrá decirnos este descubrimiento sobre nuestro universo, ya que aún queda mucho por saber del evento en sí. El equipo, ambiguo, señala que “enriquecerá nuestro entendimiento del Universo”. El trabajo de infraestructuras como ASKAP y similares probablemente irá revelando poco a poco más curiosidades sobre el espacio en el que vivimos. El problema es parece que nos generan preguntas a un ritmo mayor al que nos dan respuestas.

Imagen | La Supernova Hubble podría ser parecida a la hallada ahora, NASA.

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