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Hemos creado cinco «máquinas de matar» cada vez más perfectas. Y de la forma más inesperada: tomando antibióticos

De acuerdo, quizás «inesperada» no es la palabra que mejor describe este despropósito. Sobre todo, si tenemos en cuenta que el 11 de diciembre de 1945, ya hubo un señor en Estocolmo que, entre otras cosas, dijo que «el mal uso de la penicilina, con dosis demasiado elevadas, podría hacer  que los microbios se volviesen resistentes y revertir así sus beneficios».

Era Alexander Fleming y hacía 15 años, apenas 15, que había descubierto la penicilina. Un descubrimiento que le valió el Nobel de ese año y que cambió el mundo como pocas personas lo han cambiado hasta ahora. Desde entonces, no hemos hecho otra cosa que darle la razón: las bacterias superresistentes se han convertido en una de las grandes amenazas de la humanidad.

La diferencia entre ganar una batalla y ganar la guerra

Las bacterias son un enemigo temible. No sólo son «una de las formas de vida más antiguas, resistentes y extendidas de la Tierra», sino que su número y diversidad las hace prácticamente imprevisibles. Se suele decir que en un gramo de Tierra hay 40 millones de bacterias, pero eso no es lo peor. Lo peor es que el 90% de ellas ni siquiera sabemos cómo son.

Es decir, que solo conocemos (con suerte) un 10% de todas las bacterias que existen en el mundo. Pero ese 10% basta para saber que estamos hablando de algo que redefine por completo lo que entendemos por «supervivencia». Conocemos bacterias capaces de sobrevivir en el espacio exterior, en el cráter de un volcán en activo o en la mitad misma de una montaña de desechos radioactivos. Sin despeinarse.

Por todo esto (y por muchas otras cosas que nos tendrían entretenidos toda la tarde), desde el principio los científicos fueron conscientes de que con los antibióticos estábamos teniendo un enorme golpe de suerte. Y no sólo porque los descubriéramos gracias a que el viejo Fleming era tremendamente desordenado y a que su laboratorio no estaba precisamente limpio y ordenado.

Han sido un ‘golpe de suerte’ porque como hemos aprendido por las malas, no es tan fácil encontrar formas de matar a una bacteria. La mejor evidencia de esto es que, en fin, desde los años 60, no hemos logrado desarrollar una nueva clase de antibióticos efectivos contra las bacterias gramnegativas y su barrera celular. Es decir, las bacterias van fortaleciéndose, pero nuestras armas… no.

Los más buscados… del mundo microbiano

Lo que pasa es que, a menudo, todo el debate de las resistencias es demasiado genérico. Suenan a profecías para asustar-niños y que moderemos el consumo de antibióticos. Profecías terribles, sí; pero profecías al fin y al cabo. Ni siquiera con miles de personas muriendo cada año por las resistencias antibióticas, parece que sea real.

Así que nos hemos preguntado por las bacterias que más se están fortaleciendo a raíz de esta batalla sin cuartel con los antibióticos. Este es el TOP cinco.

  • La Streptococcus pneumoniae (también conocido como ‘neumococo’) no puede decirse que fuera una bacteria amigable. Es cierto que está detrás de muchas sinusitis, otitis y neumonías poco graves; y que  sus septicemias o meningitis no son extremadamente comunes. Pero no es menos cierto que la mayoría de muertes de la ‘Gripe Españolase produjeron por neumonías bacterianas secundarias causadas por este bicho.  Pues bien, lo estamos haciendo cada vez más fuerte.
  • El Enterococcus es más bien un género entero (29 especies a día de hoy) que cuentan con una ventaja increíble frente a las demás: ya están dentro de nosotros, en nuestra flora intestinal. No suelen ser problemáticas, porque allá en el sistema digestivo compiten con otras bacterias, pero al estar tan expuestos a los antibióticos orales…  se están convirtiendo en un problema. De hecho cuando cogen vuelo, puede estar detrás de todo tipo de endocarditis, peritonitis y abscesos intraabdominales.
  • La Escherichia coli también es una vieja conocida. Se trata de una bacteria esencial para el buen funcionamiento del proceso digestivo y tiene un papel clave en la producción de las vitaminas B y K. Sin embargo, sus infecciones se están convirtiendo en algo cada vez más complicado de tratar porque las «formas resistentes a los antibióticos tipo penicilina, cefalosporina y aminoglicosida son cada vez más habituales».
  • La Klebsiella pneumoniae, es uno de esos ejemplos paradigmáticos de lo que llamamos ‘enfermedades oportunistas’. Es conocida por colonizar la piel, el tracto gastrointestinal y las vías respiratorias de pacientes hospitalizados. Y es que ese es el terreno en el que se encuentra cómoda: personas con sistemas inmunitarios debilitados. Está asociada a infecciones urinarias y respiratorias en esos pacientes y, sí, quizás por prosperar en ambientes hospitalarios, también se está fortaleciendo a marchas forzadas.
  • Otra oportunista es la Pseudomonas aeruginosa. Como curiosidad, diré que este bicho es capaz de vivir y prosperar en combustibles como el queroseno o el gasóleo. Sin embargo, no es eso lo que nos preocupa de ella. Nos preocupa que, una bacteria que ya era naturalmente resistente a muchísimos antibióticos, no deja de hacerse más y más dura de roer. Eso la hace ser protagonista de infecciones nosocomiales con cada vez más frecuencia (sin hablar de las complicaciones que causa en pacientes con fibrosis quística).

Este es un top cinco, sí; pero se podría hacer sin esfuerzo un top 500. La situación, pese a las noticias que a veces aparecen en la prensa, se está complicando a gran velocidad y eso es un enorme problema. Volver a un mundo en el que los antibióticos no funcionan es volver a una pesadilla. Una pesadilla de la que será muy difícil despertar.

Imagen | Melany/Unsplash

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