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Los adolescentes de hoy apenas saben utilizar un ordenador de escritorio. La pregunta es: ¿y qué?

Uno de los Dramas de Twitter de la Semana en el círculo tecnológico vino a raíz de un tuit en el que alguien se mostraba decepcionado por el hecho de que los adolescentes, básicamente, apenas saben usar un ordenador. «Hoy tuve que guiar a dos de ellos sobre cómo descargar un programa e instalarlo».

Luego, este usuario conoció el signficado de ratio. Pagó los platos rotos por pronunciarse públicamente de esa forma, pero es bastante habitual entre los millennials talluditos hacia arriba despotricar sobre este asunto, elevándose por encima de la chavalada por usar mejor la informática «tradicional» (ordenador de escritorio, ratón, sistema de archivos, software que se instala desde fuera de una tienda centralizada). Como si tuviesen una menor habilidad pese a haberse desarrollado en un mismo contexto.

Pero el contexto no es el mismo.

«En mis tiempos…»

Nací en 1990. Apenas tuve que aprender a usar cuatro básicos de MS-DOS dentro de Windows 95 y Windows 98. En cuanto un adulto me veía usar el ordenador para garabatear en Paint o sentirme mayor jugando al PC Fútbol 5.0, se solía repetir los mismos comentarios. Todos empezaban con la locución «En mis tiempos…».

«En mis tiempos usábamos pantalla de fósforo verde, nada de colores».

«En mis tiempos jugábamos al fútbol de verdad, no con la maquinita».

«En mis tiempos entregábamos los trabajos a máquina de escribir».

«En mis tiempos no escribíamos usando un autocorrector».

«En mis tiempos sabíamos hacer un nudo cote».

Oiga, ¿y a mí que me cuenta? Si hubiese nacido en el mismo año que yo también estaría jugando al Crash Bandicoot y no segando la mies.

Ahora se repite el mismo patrón. Adultos reconfortándose porque personas que nacieron veinte años después que ellos no saben usar las mismas herramientas. Como si les hiciera falta. En el confinamiento duro vimos niños que no tenían acceso a un ordenador en casa haciendo los deberes desde el móvil. Y hasta hacían infografías. Sin usar el ratón ni un sistema de archivos tradicional.

El saber no ocupa lugar y sería ideal que el adolescente de 2023 supiera manejarse hasta con Windows 3.1, pero no le hace falta, como dejó de hacer falta aprender a criar y manejar caballos en cuanto los coches se hicieron asequibles para las masas.

Internet ubicuo gracias al teléfono móvil fue el clavo en el ataúd del conocimiento bruto memorizado, sin capacidad de relacionar conceptos entre ellos. El de quien estudia para vomitar lo memorizado, no para aplicarlo de forma tangencial.

Quizás ChatGPT, que ha sido un regalo del cielo para los estudiantes, sea el siguiente clavo que también ayude al alumnado a saltarse pasos y aprender de otro modo, sacando partido a las herramientas de su era en lugar de fingir que no existen o renunciando a sus posibilidades.

Imagen destacada: Javier Lacort con DALL·E.

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