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Los payasos llevan décadas registrando el copyright de sus rostros de la forma más loca: pintándolos sobre huevos

Cuando de copyright se trata, los payasos se encuentran con un dilema complicado: nada más importante para un artista que proteger sus creaciones y nada más aburrido y «anticómico» que un tedioso registro de la propiedad. Para no renunciar a lo primero sin caer en lo segundo, hace ya un buen puñado de décadas el colectivo se dotó de un peculiar sistema que blinda el mayor activo que puede tener un clown, el diseño del maquillaje con el que adorna su rostro.

En vez de recurrir a patentes, registros notariales o actas oficiales, los payasos han optado por dejar constancia de sus personajes pintándolos directamente con pinceles y una buena dosis de paciencia sobre cáscaras de huevos.

El resultado es tan fascinante que incluso tienen su propia galería.

Una afición peculiar. La de Stan Bult, químico, aficionado a los payasos circenses y uno de los fundadores del Clowns International, la era desde luego. En sus ratos libres Bult se dedicaba a coger pintura, agua y pinceles y crear retratos de los payasos de la asociación que había ayudado a crear. Hasta ahí nada extraño. Lo curioso es que Bult no plasmaba su arte sobre lienzos, papel o tablillas de madera. Aquellos rostros de ojos saltones, labios carnosos y narices bulbosas los plasmaba en un lugar tan llamativo como sus modelos: cáscaras de huevos.

Algo más que retratos. Con el paso de los años su colección de rostros de payasos fue creciendo hasta rondar los 200 huevos, que eran los que se calcula que Bult había acumulado cuando falleció, en 1966. Aquella galería de retratos ovoides era sin embargo algo más que una suma de retratos estrambóticos y de colores chillones. Como recogía una publicación contemporánea, se convirtió en «un archivo de caras para que los payasos puedan evitar copiarse unos a otros».

«Era un pasatiempo, pero las cáscaras de huevo se convirtieron en un registro único de cada artista que se unía a la organización. Cada cara es diferente y los huevos actúan ahora como un registro de derechos de autor para el diseño del maquillaje personal de un payaso», explicaba en 2013 al diario Financial Times Matthew Faint, payaso profesional y responsable del archivo de huevos.

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Una historia épica. La colección de Stand era sorprendente, pero eso no evitó que acabase desperdigada y medio perdida. Tras su muerte, en 1966, se cree que al menos parte de sus pintorescos retratos ovoides acabaron en un restaurante en Londres. Hay quien dice que fueron a parar a una colección privada y que la mayoría de aquellas piezas delicadas y artesanales acabó esfumándose.

La cadena BBC asegura que en 2017 el Clowns International había logrado recuperar 40 de las 200 piezas originales. Otras, como Smithsonian Magazine, sostienen que se conservan incluso menos: la galería del Clown´s Gallery-Museum de Londres sumaría 24 retratos originales y otras 43 réplicas de huevos rotos.

A la tradición de pintar huevos con rostros de payasos no le fue mucho mejor tras la muerte de Bult. «Casi desapareció, pero resurgió nuevamente en 1979 utilizando huevos de cerámica, que son mucho más robustos», apunta Faint. Desde entonces, y con un nuevo impulso a finales de los 80, lo de los retratos con forma de huevo se ha recuperado como una forma de celebrar a los socios del Clowns International y dejar un registro indiscutible del diseño único e irrepetible de sus personajes.

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Una tradición para presumir. Eso es lo que hace Clowns International, la organización creada en 1946 por Bult, que lleva décadas sacando pecho por su peculiar registro de retratos. Dado el tamaño de la colección el organismo decidió repartirla entre la conocida como Clown´s Church y el museo de Somerset, ambos en Reino Unido. Lo de los retratos en huevos es sin embargo mucho más que una   antigua tradición conservada para maravillar a los visitantes. En pleno siglo XXI la organización todavía la mantiene viva y ofrece a sus miembros la oportunidad de dejar esa particular muestra de su ADN, su gran tarjeta de presentación.

«La afiliación ofrece la oportunidad de encargar un juego de huevos de su personaje, uno para la Clowns International Egg Collection y otro para usted», aclara la Clowns International, que insiste en que cada pieza es «un registro de la identidad única de un payaso, preservando la regla no escrita de que ningún clown debe copiar la apariencia de otro». Según la web de la asociación, cada par cuesta 60 euros, más los gastos de envío. No está mal teniendo en cuenta que uno de esos retratos puede requerir tres días de un minucioso y detallado trabajo.


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Artistas del huevo. La estela de Bult se han encargado de seguirla además artistas especializados. En su web la Clowns International presenta a Julie Proctor, maquilladora profesional y pintora que suele exponer en Londres. A lo largo de los últimos años ha habido otros nombres de creadores dedicados a estampar rostros con grandes ojos y enormes narices en huevos, incluidos Janet Webb, Kate Stone y Debbie Smith. «Cuando un nuevo miembro se une a Clowns International, envía fotos de su rostro maquillado, así como un recorte de su peluca y la tela de su disfraz», explica Faint antes de insistir en que el trabajo resulta minucioso.

En 2017 la colección pasaba ya de los 200 retratos con cáscara, todos de profesionales de la comedia con tablas, ya que como recuerda Smith no todos los payasos que quieren su retrato lo consiguen. Clowns International solo abre sus puertas a intérpretes ya asentados. Los neófitos no pasan su cribado.

Una regla no escrita. El registro de huevos es una tradición de más 70 años y motivo de orgullo para el colectivo, pero en realidad —explican los expertos legales Dave Fagundes y Aaron Perzanowski— se trata de un sistema válido solo a nivel interno y que «opera al margen de los tribunales y no es aplicado por abogados».

Su propósito no es blindar de forma inviolable un diseño de maquillaje o un personaje, sino apoyarse en la regla no escrita de que los payasos no se copian entre sí. «Aunque existe consenso entre los payasos sobre la importancia de no copiarse entre sí, Faint no considera necesario un sistema formal de propiedad para hacer cumplir esta norma. Los propios payasos hacen gran parte de este trabajo dentro de su propia comunidad», explican ambos expertos.

Cuestión de prestigio. «Registrar tu huevo es uno de los aspectos más destacados de convertirse en artista. Los payasos no pueden usar el mismo nombre artístico que otro miembro y el maquillaje de la cara es individual —señala Faint—. Nunca se ha dado el caso de que dos caras sean iguales. Si hubiera una gran similitud, ayudaríamos a un miembro a encontrar un maquillaje único».

Imágenes | Clowns International y Marc Lewys (Flickr)

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