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‘Mad God’: 30 años de rodaje para un paseo de pesadilla por el lado oscuro del creador de los efectos de ‘Parque Jurásico’

Una enumeración solo superficial de todas las influencias que exhibe ‘Mad God’ en su abigarrado collage de imágenes animadas nos llevaría todo el espacio de este artículo, y sin duda quedaría incompleto: H.R. Giger, los hermanos Quay, Jan Svankmajer, Terry Gilliam, las primeras películas de Shin’ya Tsukamoto, ‘Metal Hurlant’, Screaming Mad George, la zona más experimental de la ‘Liquid Television’ de MTV, Skinny Puppets y los videoclips de música industrial de finales del siglo pasado y principios de este vienen a la cabeza sin mucho esfuerzo. Pero hay más, mucho más.

De las pesadillas de la Nueva Carne de David Cronenberg a una historia con resonancias clásicas que se remonta a ‘La Divina Comedia’ de Dante, pasando por el siempre inevitable Lovecraft en su metafísico tramo final, ‘Mad God’ viaja, sin embargo, mucho más allá que a la simple suma de sus partes, y se revela, ya casi desde el inicio del festival, como una de las mejores piezas que se van a ver este año en Sitges. Y desde luego, como la ganadora casi asegurada de la sección Anima’t.

Lo que aglutina y da coherencia a este batiburrillo de referencias es la personalidad de Phil Tippett, el mítico creador de efectos especiales que despuntó en la industria ya desde la primera ‘Star Wars’, donde diseñó el famoso ajedrez holográfico. Influido por Harryhausen, se especializó en animación stop motion e hizo evolucionar la técnica creando el renovador go motion que aplicó, entre otras cosas, a los AT-AT de ‘El Imperio contraataca’.

En 1991 Spielberg le propuso animar con sus técnicas tradicionales los dinosaurios de ‘Parque Jurásico’. Pero al director le convenció más el trabajo por ordenador de Dennis Muren, lo que llevó a Tippett a exclamar su famoso «Me he extinguido» que Spielberg incluyó en el guión. Aún así, Tippett se quedó supervisando el trabajo de Muren, ayudando a crear detalles y sutilidades que dotaran de vida a los saurios. Su trabajo le valió su segundo Oscar, y desde entonces, Tippett se pasó a la animación por ordenador, en películas como ‘Starship Troopers’.

Una creación que es la suma de toda una carrera

Cuando habló con Spielberg, Tippett ya estaba preparando ‘Mad God’, pero lo que vio allí le hizo pensar que no había futuro para las técnicas tradicionales de animación fotograma a fotograma. Veinte años despu´és, miembros de su estudio le convencieron de que retomara el proyecto, y lo hizo usando equipos de voluntarios que trabajaban los fines de semana, liberando fragmentos en internet y financiándolo por Kickstarter. El resultado es una película de animación única.

La carrera que ha hecho que Tippett se convierta en experto en muy diversos tipos de animación y trucajes visuales cuaja en una película que sirve como punto de encuentro para multitud de técnicas que quedan perfectamente ligadas gracias a una visión coherente. En ‘Mad God’ hay, primordialmente, stop motion, pero también animación por ordenador, efectos de todo tipo, marionetas y actores reales sepultados bajo toneladas de trucajes. Todo fluye en una visualización unívoca de un atroz panorama entre post-apocalíptico e infernal que a veces funciona como un museo de atrocidades y a veces como una alucinación sin sentido.

Con una línea argumental críptica, ‘Mad God’ es una clara metáfora, no demasiado optimista, acerca del colapso de las civilizaciones (desde el descenso a los infiernos cristianos a los doctores de la plaga) y de los viajes personales que tenemos que emprender para sobrevivir. Pero en otras ocasiones, funciona más bien como un espectáculo surrealista, uno que hermana a las criaturas de pesadilla de ‘Cabeza borradora’ de Lynch y el monolito de ‘2001: Una odisea en el espacio’ por la vía de los Mitos de Cthulhu. En cualquier caso, ‘Mad God’ es un asalto a los sentidos y un apabullante tsunami de imaginación macabra.

‘Mad God’, desde luego, no es una película para todos los gustos: sus zambullidas en el gore -rodado con la delicadeza de una película alemana  en VHS de los noventa-, y sus excesos escatológicos alejarán al paseante casual. Pero como se suele decir, en el infierno hay espacio para todos. La sensación tras un visionado de ‘Mad God’ es la de acabar de despertar de una pesadilla vívida… en la que estamos deseando volver a sumergirnos. Un viaje lisérgico y extremo que corrobora el talento de alguien que no solo es un técnico histórico, sino a partir de ahora, también un visionario único.

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