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No era la última baza, pero sí la mejor: qué implica el fracaso de la última vacuna contra el VIH

Los ensayos clínicos no siempre van por buen cauce. Eso es lo que ha ocurrido recientemente con un ensayo de una vacuna contra el VIH, detenido esta misma semana tras comprobarse que el compuesto utilizado no era más efectivo que el placebo. No es la única vacuna contra este virus que falla en los últimos meses, pero era la única que se encontraba en Fase III.


Fase III.
La tercera fase de los ensayos clínicos de un tratamiento suele estar destinada a comprobar la eficacia de un tratamiento en un amplio número de personas y, en caso de que existan tratamientos alternativos, comprobar su eficiencia frente e ellos. Es en esta fase en la que la nueva vacuna contra el virus que causa el sida ha caído, tras no mostrar su capacidad para prevenir la infección.

La vacuna Mosaico para el VIH había sido creada por los laboratorios Janssen. El nombre se debe a que debía actuar como un “mosaico” contra distintas cepas del virus VIH. El modus operandi de la vacuna era semejante al de la vacuna contra el Covid-19 creada por el laboratorio, utilizando un adenovirus para “repartir” los antígenos en el cuerpo.

La tercera fase del estudio de la vacuna comenzó en 2019 y se realizó sobre 3.900 participantes en diversos lugares, incluyendo países en Europa y Latinoamérica como Argentina, España, Italia, México, Perú o Polonia.

Segura, pero no eficaz.
Los ensayos clínicos tienen el objetivo de comprobar la seguridad, efectividad y eficiencia de un tratamiento (vacuna en este caso). La seguridad es lo primero y está presente en todas las fases, desde la primera, en la que se comprueba en un grupo reducido de participantes la seguridad de la vacuna.

Que un tratamiento sea seguro no quiere decir que no tenga efectos negativos. Los posibles efectos secundarios son también tenidos en cuenta en las siguientes fases, si bien éstas están más enfocadas en analizar la capacidad de la vacuna para prevenir la infección o enfermedad. En su comunicado, la farmacéutica añadió que no se hallaron problemas de seguridad en los ensayos.

No era la última baza, pero sí la mejor.
Por ahora Mosaico era la única vacuna contra el VIH con la que contábamos en un estado de desarrollo tan avanzado como la tercera fase. Hace año y medio Johnson & Johnson, empresa matriz de Jansen, anunció otro traspiés en los ensayos de Imbokodo, que se encontraban en fase IIb.

Este ensayo clínico se producía en paralelo al de Mosaico, pero fue detenido a mediados de 2021 también al no poder demostrar la eficacia del compuesto. Nueve meses después de administrar las vacunas los investigadores no encontraron diferencias relevantes entre los contagios que padecieron las participantes que habían recibido la vacuna y quienes habían recibido el placebo. En este caso tampoco se registraron daños causados por la vacuna.

Se nos da mejor curar.
Parece pues que por ahora las buenas noticias sobre el sida se restringen al ámbito del tratamiento. En este frente sí hay motivo para el optimismo. Los tratamientos contra el VIH y el sida son hoy por hoy tan eficaces que pueden evitar contagios, ejerciendo de barrera funcional contra la expansión de la enfermedad.

Los tratamientos con los que contamos pueden reducir notablemente la presencia del virus en nuestro cuerpo e incluso se han registrado casos en los que éste ha desaparecido o al menos se ha vuelto indetectable.

La vacuna sigue siendo necesaria.
Los tratamientos que permiten combatir el VIH hasta el punto de su eliminación práctica o total no están al alcance de todo el mundo. Es por eso que una vacuna sigue siendo necesaria. Sólo en 2021 millón y medio de personas se contagiaron de este virus potencialmente letal para el ser humano cuyos efectos indirectos atañen a todos. Su erradicación total no parece posible sin una vacuna. Por ahora contamos con una baza menos.

Imagen | Mat Napo

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