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Sevilla ha prohibido los patinetes eléctricos en el metro. El problema de fondo: no sabemos qué hacer con ellos

Prohibidos en hora punta. No más patinetes eléctricos en el metro de Sevilla en las horas de mayor traslado de viajeros. La capital andaluza no es la primera que aplica restricciones en el suburbano a este tipo de vehículos pero, sobre todo, de fondo se deja entrever una situación más grave: tenemos serios problemas para encajar la movilidad intermodal.


Fuera de aquí. Al menos de lunes a viernes entre las 7:30 y las 9:30 horas. También desde las 13:30 a las 15:30 horas y desde las 18:30 a las 20:30 horas. Es decir, en todas las horas puntas de los días laborables los patinetes estarán restringidos en el metro sevillano, justo cuando más sentido tiene para gran parte de los usuarios.

Da igual patinete eléctrico plegable que sin plegar. Este vehículo pasará a tener las mismas restricciones que las bicicletas, que desde 2009 tampoco tenían permitido el acceso al metro sevillano en estos horarios. Curiosamente, las bicicletas que miden menos de 100X60X25 cm sí tienen las puertas abiertas.

Una medida polémica. Como era de esperar, las voces contrarias a esta medida no se han hecho de rogar. En el Diario de Sevilla recogen a un buen número de pasajeros afectados por la decisión que recogen todas y cada una de las ventajas de las que disfrutaban hasta ahora: se movían hasta la estación de metro en un medio de transporte limpio y mucho más rápido que a pie.

La alternativa ahora es dejar el patinete amarrado en la entrada a las estaciones del metro sevillano. En una decena de estaciones, los patinetes podrán ser aparcados junto a estaciones para recargas eléctricas gratuitas. En otras 21 paradas, se permitirá el estacionamiento de los patinetes en los mismos espacios destinados al aparcamiento de bicicletas.

No es la primera. No, el de Sevilla no es el primer metro que pone trabas al transporte de patinetes eléctricos o bicicletas. En Cataluña, aunque como medida temporal, se ha prohibido subir a los autobuses y trenes dependientes de la comunidad con patinetes eléctricos, después de registrarse un incendio en un tren el pasado 17 de noviembre.

En Madrid, sin embargo, en el metro no se ha determinado ninguna norma para el traslado de patinetes eléctricos, pero las bicicletas (a menos que sean plegables) sí tienen prohibido el paso en las horas punta y, en el resto de horas, sólo podrán viajar un máximo de dos bicicletas en el vagón de cabecera y otras dos en el vagón de cola.

En Valencia, el traslado de patinetes eléctricos está permitido en cualquier caso (preferiblemente plegado y bajo el asiento) y las bicicletas sólo tienen permitido el acceso los días laborables a la red en superficie. En Bilbao, como en Valencia, sólo los trabajadores pueden prohibir el paso con estos medios de transporte por gran afluencia de pasajeros.

El reto de la intermodalidad. Lo que esconde la prohibición del metro de Sevilla es el reto que supone en una ciudad la movilidad intermodal que, en el fondo, también está ligado a la concepción urbana que se quiere tener y desarrollar por parte de las instituciones. La DGT, por ejemplo, apuesta por un seguro y una regulación propia de los coches. En Renfe, viajar con un patinete eléctrico o bicicleta no es sencillo y los requisitos son variables en función del tren y el trayecto.

Y al mismo tiempo que avanzan las trabas para que los ciudadanos utilicen vehículos más limpios que el coche, desde el Gobierno se presiona para aumentar las restricciones en el centro de las ciudades, con unas ZBE que, de momento, serán aplicadas por una minoría de municipios. En el artículo de Diario de Sevilla, Sonia, estudiante, resumía la situación con la siguiente frase: «¿el problema son los patinetes? ¿Por qué no aumentan la frecuencia de los pasos de los trenes o ponen en servicio más trenes dobles o incluso triples? Resulta más que evidente que hay una alta demanda»

Un problema que está por resolver. ¿Qué sucede si miramos a otras ciudades europeas? Que estamos ante un problema que nunca antes se había dado. En Países Bajos es habitual que las grandes ciudades tengan enormes aparcamientos de bicicletas en la entrada de las estaciones de tren. Allí la aparcan durante horas y, en su lugar de destino, se suben a otra. Es el motivo principal por el que hay más bicicletas que ciudadanos.

Pero en el resto de países, el patinete ha sumado a la movilidad intermodal a mucha gente que no estaba dispuesta a coger la bicicleta. Y, ahora, nos encontramos que no sabemos cómo resolver el problema porque su uso ha explotado en Europa y no deja de crecer. España es, además, uno de los países donde más tirón están teniendo los patinetes eléctricos.

En Berlín, sin embargo, el uso de la bicicleta y el patinete está permitido en cualquier horario, siempre que haya espacio para el transporte de estos vehículos. En París, sin embargo, la bicicleta está prohibida en el metro y el autobús y en los servicios de tren tiene importantes limitaciones horarias.

Lo público que empuja a lo privado. Pero, sobre todo, el patinete eléctrico tiene un problema que no tiene una bicicleta tradicional (pero que sí tiene la eléctrica): sus baterías pueden explotar. Y, de hecho, es el motivo por el que se ha repensado su traslado en los trenes catalanes y por el que se están buscando alternativas en Nueva York, donde estos accidentes empiezan a ser habituales.

Lo ideal, por tanto, sería que los pasajeros pudieran combinar sus propios patinetes eléctricos con el transporte público y que este se adaptara a las necesidades de los ciudadanos. Sin embargo, los datos parecen ir en contra de esta opción. En Londres también se prohibieron en el metro como consecuencia de dos incendios.

Como consecuencia, si dejar el patinete aparcado en la estación no es una opción y trasladarlo en el transporte público tampoco, ¿esta empujando el este último a un uso masivo de los servicios de alquiler compartido? Desde luego, parece la única alternativa a la que nos dirigimos si los vehículos de movilidad personal siguen recibiendo restricciones a su uso en el transporte público.

Foto | Yiting He

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