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‘Space Force’: una suave sátira sobre la carrera espacial que se ve superada por una realidad mucho más delirante que sus gags

Quizás el problema más obvio de ‘Space Force‘ quede bien patente con el chiste que catapulta la acción. La división espacial norteamericana comienza a andar cuando el presidente de la nación tuitea que va a mandar a tropas a la luna. Que en realidad tuiteó «tetas» (chiste intraducible entre ‘boobs’ y ‘boots’), pero el ejército prefiere pensar que se trató de una errata. Es decir, el enredo empieza cuando el presidente de los Estados Unidos delira de tal modo en Twitter que de la noche a la mañana hay que invertir millones de dólares en un capricho megalomaniaco. Nada que ver con el día a día de POTUS.

No hay que olvidar que la Fuerza Espacial de Estados Unidos es algo muy real, una rama del ejército de Estados Unidos completamente operativa. Su anuncio público fue acompañado, de hecho, por declaraciones del vicepresidente Mike Pence que, ciertamente, parecían salidas de la mente de un guionista de comedia. No cuesta imaginar al personaje de Steve Carell diciendo cosas como «La paz espacial sólo llegará usando la fuerza» o «Nuestros adversarios ya han transformado el espacio en un campo de guerra». Pero son declaraciones reales.

Teniendo eso en cuenta, lo cierto es que ‘Space Force’, la serie, es solo levemente más ridícula que Space Force, la auténtica. Y eso amortigua en parte su potencial como sátira: hay referencias en la serie a circunstancias generales de la creación de la Space Force real y que se usan como running gag, como la dependencia de las fuerzas aéreas -y la rivalidad entre sus generales-. Pero Steve Carell y Greg Daniels, los creadores de la serie, evitan hacer humor con momentos históricos precisos: el Presidente o la Primera Dama existen en esta ficción, pero permanecen en off aunque está muy claro a qué personas concretas van dirigidos los puyazos.

Es decir, que como sátira, ‘Space Force’ está algo maniatada por su abierta renuncia a hacer humor con acontecimientos concretos, lo que es buena idea para garantizar que la serie no pasa de moda rápidamente. Y también palidece en comparación con el delirante día a día de la actualidad de Estados Unidos, que se está convirtiendo en una distopía ultraviolenta en tiempo real. ¿Qué pretende entonces la nueva serie de Netflix?

‘The Office’ en el ejército, pero no exactamente

Greg Daniels y Steve Carell habían colaborado previamente en la versión USA de ‘The Office’, una de las sitcoms más influyentes y exitosas de este siglo, y en la que popularizaron el humor basado en las dinámicas de oficina. Un subgénero cuyo impacto se percibe en series recientes como ‘Mythic Quest‘, y que aquí parece tomar un enfoque castrense, ambientado en la burocracia del ejército en vez de en una compañía de suministros de oficina.

‘Space Force’ no es exactamente «‘The Office’ con militares» porque, para empezar, tampoco es exactamente una comedia. Es cierto que su punto de partida es muy clásico del género: la creación de la Space Force lleva al general Naird (Carell) a transladarse de Washington a Colorado, con el consiguiente disgusto de su hija y su mujer (Lisa Kudrow), que presa de un ataque de histeria acaba en la cárcel por razones no del todo claras. En su nueva base, Naird tendrá que tratar con gente como el jefe científfico Mallory (John Malkovich), intentando poner en pie un proyecto casi condenado desde su mismo planteamiento.

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Y pese a ese planteamiento, los ritmos, las dinámicas entre los personajes no son exactamente cómicos. ‘Space Force’ carece de la estructura forjada a golpe de gag de ‘The Office’, sin ir más lejos, y el personaje protagonista está descrito con relativa amargura, como un triste militar encorsetado por sus propios galones e incapaz de gestionar un proyecto que él mismo ve indigno de su historial. Pero que acepta porque lo primero es cumplir órdenes. Su relación con su conflictiva hija adolescente, por ejemplo, está planteada completamente en serio, y hay un par de episodios que acaban con ellos dos entendiéndose a golpe de tarea doméstica.

El tempo relajado y los chistes de baja gradación (que por otra parte sientan como un guante al estilo apocado y con ocasionales estallidos de furia de Carell) no impiden que la serie dé la bienvenida a personajes excéntricos o paródicos. Por ejemplo, el responsable de las redes sociales del general o el equipo científico, encabezado por el mejor personaje de la serie, el doctor Mallory encarnado con su estrafalaria vis cómica habitual por John Malkovich. De sus interacciones con Carell salen los mejores momentos de la serie, a veces en los momentos más inverosímiles, como cuando discuten acerca de la necesidad de que el ejército vaya al espacio en los preámbulos de una simulación de combate en la superficie lunar.

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El deje pasivo-agresivo de Mallory, sus estupendos diálogos y el aplomo con el que Malkovich saborea sus diálogos y le da la réplica a un eternamente estupefacto Carell salvan una comedia a la que quizás le falta afinar levemente sus elementos. Por ejemplo, hay personajes como el de la obrera de la construcción, la algo cargante militar sobre-preparada o la misma mujer de Naird que merecían más tiempo y unos personajes más trabajados. A menudo con ellas se tiene la sensación de que sus personajes han sufrido considerables recortes en los guiones.

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‘Space Force’ nos deja una primera temporada con comedia de baja intensidad y algún episodio brillante, como el del mono intentando reparar una cápsula espacial, o el mencionado del enfrentamiento entre divisiones del ejército en una simulación de combate. Siempre son los episodios en los que Carell y Malkovich tienen más espacio y pueden intercambiarse insultos solapados y faltas de respeto entre saludos militares.

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El ejército es un buen lugar para la comedia: los conflictos a medio gas, la rigidez de las formas y lo insalvable de los escalafones lo convierten en una ambientación especialmente graciosa cuando se desata el caos. El problema con ‘Space Force’ es que ese caos nunca termina de aterrizar del todo, y hasta series con muchos menos medios y más encorsetadas por el formato como la propia ‘The Office’ o ‘Parks & Recreation’ encontraban hueco para introducir bombas argumentales que estallaban sin dejar títere con cabeza.

‘Space Force’ puede interesar, sobre todo debido a lo lujoso de los medios invertidos, a los aficionados a la carrera espacial. No es una comedia especialmente desternillante, pero sí sabe sentar cierta diferencia con otras muestras del género. Solo queda esperar, si hay segunda temporada, que la tensión cómica y el desarrollo de personajes estén un poco mejor calibrados.