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Un año después de empezar a vacunar, morir por COVID-19 en España es prácticamente improbable estando vacunado

Once meses después de que Araceli recibiese la primera vacuna para el COVID-19 en España, el 90% de la población diana (la mayor de doce años) está vacunada de pauta completa. Una campaña que ha permitido recobrar la normalidad previa a la pandemia en muy alto grado, y sobre todo, salvar muchas vidas por el camino. Tras este tiempo es cuando podemos repasar la incidencia de la enfermedad tanto en vacunados como en no vacunados, así como su riesgo de acabar hospitalizados, en una UCI o fallecidos en función de si han sido inmunizados o no.

Los datos publicados por el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, dependiente del Ministerio de Sanidad, evidencian cómo se están cumpliendo los mismos porcentajes de efectividad de las vacunas que los probados durante los ensayos de 2020. El riesgo de hospitalización de una persona contagiada de 12 a 30 años no vacunada (1,4%) es muy similar al de una persona de 60 a 79 años vacunada (2%), cuando sin la vacuna este último grupo tenía tasas 25 veces superiores. A partir de 60 años es cuando el COVID-19 tiene una mayor incidencia de hospitalizaciones y letalidad. Sin la vacuna, este grupo de 60 a 79 tendría una tasa de hospitalización del 35,7%. Más de uno de cada tres. Con la vacuna, uno de cada cincuenta.

De cada 25 muertos de entre 60 y 79 años, 24 se salvan gracias a la vacuna

La letalidad en ese mismo grupo también ha caído: de cada 25 personas de 60 a 79 años que se contagiaban y acababan muriendo, ahora 24 se salvan si están vacunadas. En el grupo más crítico de esta enfermedad, los mayores de 80 años, la mortalidad también se ha hundido. Pasa de un 11,6% en no vacunados a un 1,3% en vacunados. La mayoría de porcentajes de la gráfica caen en torno a un 90% para los mismos grupos de edad cuando pasan a estar vacunados.

La letalidad del COVID-19, que antes era muy infrecuente en menos de 60 años (0% para menores de 30, 0,1% para personas de entre 31 y 59), ahora lo es todavía más, quedando al 0,0% en ambos grupos. Esto significa que puede haber algún caso de muerte en personas vacunadas de estas edades, pero será inferior a ese porcentaje. Es decir, menos de una persona de cada 10.000.

Estas tasas, con el 90% de la población diana vacunada (el 10% restante no ha podido hacerlo por cuestiones de salud o por negativa a recibir la vacuna entre otros motivos), implican que el COVID-19 tiene un muy bajo impacto para los menores de 60 años, y con consecuencias menos graves que hasta antes de la campaña de vacunación.

En este punto podemos tomar conciencia de que las vacunas funcionan y son de una enorme ayuda, pese a que haga falta algo más para solucionar por completo la pandemia. Pese a que su eficacia no llegue al 100% han sido la llave para devolver nuestra vida a un nivel de normalidad muy similar al anterior. Quedan cuestiones como buscar otras soluciones que ayuden a dejar atrás la pandemia por completo o ver qué pasa con las vacunas para los menores de 12 años. Ya en verano pudimos ver cómo las vacunas hundían la letalidad del virus, pero ahora es cuando podemos ver su efectividad real en todos los grupos de edad.

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