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Un día de 1978, Porsche intentó alcanzar 240 km/h… con una bicicleta. Y acabó por conseguirlo

En ocasiones tengo la sensación de que vivimos en un mundo totalmente aburrido. Quizás perdemos cierta perspectiva de los logros alcanzados porque la vida avanza a un ritmo vertiginoso. O, quizás, somos menos intrépidos que en el pasado.


De una manera o de otra, lo cierto es que la cantidad de locas historias que nos encontramos cuando echamos la vista atrás es casi abrumadora. Por ejemplo, hemos hablado de la historia de Bertha Benz y su primer viaje a bordo de un automóvil. O de Marcel Leyat, quien intentó popularizar los automóviles movidos por hélices.

Quizás por los avances que se han llevado a cabo o porque todavía no tienen esa pátina de romanticismo nostálgico, miramos con cierta conmoción algunas historias del pasado. O, incluso, tratamos de emularlas. Esto mismo hizo Porsche hace ahora cuatro años cuando volvió a fijarse un difícil objetivo: superar los 240 km/h a bordo de una bicicleta.

Buscando los límites de la bicicleta

Aunque el récord batido por Porsche hace referencia a una historia de 1978, mucho antes, ya en 1962, alguien se había propuesto alcanzar los 200 km/h con una bicicleta. El secreto, cómo no, radicaba en la aerodinámica.

José Meiffret era un apasionado del ciclismo que llegó a intentar probar suerte en el profesionalismo en la primera mitad del Siglo XX. Lamentablemente, Meiffret no parecía poseer las cualidades físicas exigidas para ser un ciclista. Desanimado tras intentarlo en París, Meiffret volvió a su Niza natal donde descubrió que sí podía hacer carrera en la búsqueda de un loco récord de velocidad.

La pista ofreció una segunda oportunidad a Meiffret. Entonces ya se habían popularizado los récords de velocidad. De hecho, el 15 de septiembre de 1909, Paul Gignard se había convertido en el primer hombre en superar los 100 km/h subido a una bicicleta. Lo conseguía en velódromo de Munich-Milbertshofen, detrás de una motocicleta.

Durante aquellas primeras décadas del Siglo XX, los récords fueron cayendo y, conforme aumentaba la velocidad, la logística se complicaba. Alfred Letourneur, en 1941, alcanzó unos asombrosos 175 km/h en una autopista californiana, detrás de un Playmouth que competía en las 500 millas de Indianapolis.

Animado por una sensación de velocidad única, José Meiffret se decidió a alcanzar el siguiente hito: los 200 km/h. Una barrera que consiguió romper el 19 de julio de 1962, armado con una bicicleta con plato de 130 dientes y un piñón de 17. Detrás de un Mercedes 300 SL convenientemente modificado para eliminar la mayor cantidad de aire posible, el objetivo estaba conseguido. Había pasado a la historia tras registrar una velocidad de 204,778 km/h.

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Una bicicleta, un Porsche y 40 años de historia

A partir de entonces, el ritmo de récords de velocidad en carretera fue decayendo lentamente. Se habían alcanzado unos límites que parecían insalvables y una caída a semejante velocidad, probablemente, acabaría siendo fatal. De hecho, el propio José Meiffret llegó a sufrir una caída a 135 km/h.

Se tuvo que esperar hasta 1973 para que Allan Abbott, superara los 223 km/h pedaleando justo por detrás de un Chevrolet. El siguiente paso se lo propuso Jean-Claude Rude. Había llegado la hora de romper la barrera de los 240 km/h.

Para conseguirlo, Rude contactó con Henri Pescarolo, un mito de Le Mans al que tuvo que convencer para que formara parte de su proyecto, pues las primeras tentativas acabaron en fracaso. Finalmente, Pescarolo acabó cediendo y decidió que llevaría a Jean-Claude Rude por encima de los ansiados 240 km/h.

Esta vez, el vehículo sería el Porsche 935 Turbo con el que Pescarolo competía en carreras de resistencia. Un precioso deportivo que era capaz de desarrollar 800 CV de potencia gracias a un enorme turbo. Un turbo que también suponía un problema.

Record Porsche

El piloto francés temía seriamente por la vida de Rude. El Porsche 935 era difícil de domar. Si el turbo no actuaba, el coche no corría lo suficiente, pero cuando el turbo entraba en funcionamiento, casi volaba. Ser fino con el acelerador era imprescindible, pues sacar a Rude de la campana de aire creada por el deportivo (y por tanto del rebufo) a 200 km/h, garantizaba una caída instantánea.

El 23 de agosto de 1978, en la pista de Volkswagen en Ehra-Lessien, Alemania, una bicicleta con un plato desproporcionado, una motocicleta y un Porsche 935 Turbo intentaron lo, hasta entonces, imposible. La moto empujó a Jean-Claude Rude hasta los 150 km/h, cuando debía liberarse para pedalear por detrás del Porsche 935 Turbo dominado por Henri Pescarolo.

Lamentablemente, la rueda trasera de la bicicleta, inesperadamente, acabó estallando y un trozo de caucho, atrapado en el cuadro, la terminó por bloquear. Con gran pericia, Rude consiguió dominar la situación, haciendo derrapar la rueda trasera y saliendo del percance sin mayores daños que lamentar. Eso sí, el susto para todos fue tan importante que allí se abandonó el proyecto.

Hasta que 40 años después, en Porsche estaban seguros de que podían conseguirlo. Esta vez el elegido fue un Porsche Cayenne Turbo, armado con un motor 4.0 V8 biturbo de 550 CV de potencia. Esta vez no se iba a fallar.

Porsche lo puso todo para conseguir el récord. Al SUV deportivo se le instaló una mampara para quitar el aire a Neil Campbell, el ciclista elegido para la ocasión. La bicicleta, diseñada por Moss Bikes, fue impresa en 3D utilizando fibra de carbono, con una distancia entre ejes mucho mayor a la de una bicicleta tradicional y con unos neumáticos especialmente diseñados para la prueba.

Bicicleta récord

Andy Frost, especializado en carreras de aceleración, llevó colgado del Porsche Cayenne a Campbel hasta los 177 km/h. En ese momento, fue soltado desde dentro y comenzó a pedalear, ganando velocidad poco a poco hasta alcanzar los 240 km/h.

Gran parte del secreto, una vez más, estaba en la aerodinámica pero también en la modificación de la bicicleta. Su enorme longitud permitía a Campbell ganar en estabilidad pero también montar un doble desarrollo con el que avanzar una enorme cantidad de metros con cada zancada.

¿Qué habría sido de José Meiffret, Jean-Claude Rude y tantos otros héroes de antaño con estas «facilidades»?

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