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«Un empujoncito»: los sencillos trucos psicológicos para hacernos más productivos y mejorar nuestra vida diaria

A principios de la década de 2010, a David Halpern y a su equipo le propusieron un reto: aumentar el número de inscritos en el registro de donantes de órganos en el Reino Unido. El Gobierno británico se había gastado millones en campañas de publicidad, iniciativas en los centros escolares y todo tipo de iniciativas menores, pero los resultados eran decepcionantes.

Halpern propuso algo muy sencillo: ofrecerlo.

Simple, barato y, sobre todo, eficaz. En concreto, ofrecer la posibilidad de inscribirse en el registro a aquellos que realizaban alguna gestión online con la administración. La opción más obvia, para el equipo de Halpern, fue hacerlo con el impuesto de vehículos y los resultados fueron sorprendentes. Añadir un simple mensaje en la web conseguía una conversión de entre el 3,2 y el 2,2%. Es decir, 96.000 inscritos extra al año. Y a coste prácticamente cero.

Halpern, que había sido analista Jefe de la Unidad Estratégica de Tony Blair y director del Behavioral Insight Team con el gobierno liberal-conservador de David Cameron, forma parte de un conjunto de investigadores sociales que trata de usar lo que sabemos de psicología para mejorar las políticas públicas, la estructura institucional de un país o (¿por qué no?) la vida diaria de las personas. Esto último es lo que nos interesa.

Bienvenidos a la ‘nudge theory’. El caso del registro de donantes es solo un ejemplo, pero hay docenas de ellos. Y todos se basan en dos de las ideas básicas de la ciencia de la conducta: la primera es que el refuerzo positivo y la sugestión indirecta son más efectivos que la prohibición y el castigo a la hora de modificar conductas. La segunda que hay decenas de cosas que hacemos sin pensar y que si reflexionamos bien sobre la heurística que hay detrás de todas esas cambios simples lo cambian todo.

En este sentido, la ‘nudge theory‘ nos da trucos para diseñar el contexto en el que nos movemos de tal forma que el resultado de nuestra conducta se acerque lo más posible a los objetivos personales que nos marcamos.

Un ‘empujoncito’. Quizás el ejemplo más popular de cómo pequeños cambios pueden dar grandes resultados es el de las pegatinas de moscas en los baños del aeropuerto de Amsterdam. Aunque la práctica es muy antigua, el primer análisis concreto de que «poner una imagen de una mosca en un baño» hacía que se vertiera menos orina en el suelo y por tanto los costos de limpieza bajaran fue en el aeropuerto de Schiphol en los años 90.

Otro que se suele citar es que aparcar el coche a más de 50 metros de nuestra casa no solo reduce en un 25% el número de viajes que hacemos con él, sino que sirve para incrementar nuestra actividad física diaria. Más aún, la evidencia nos dice que la forma en la que ordenamos nuestra despensa (y nuestro frigorífico) tiene un impacto enorme en la comida que finalmente consumimos: reservar los sitios más visibles y accesibles para la comida sana y ocultar la de peor perfil nutricional es una medida sencillísima de mejorar nuestra dieta.

¿Cómo puedo auto-empujarme? La ‘nudge theory’ no es una regla simple que pdoamos aplicar a cada situación de nuestra vida. Se trata, más bien, de un ‘framework’ que nos permite analizar contextos y diseñarlos a nuestra medida. Ya hemos dado algunas ideas: prestar atención a cómo ordenamos nuestra casa y nuestro lugar de trabajo, modula la accesibilidad (subscribe a las cosas que quieres — una entrega semanal de verduras — y ponte difícil acceder a lo que no) o usa estrategias para enfriar malas decisiones (dar un rodeo antes de ir a un sitio que no deberías, ayuda a pensarlo mejor).

Pero hay muchas más. Desde hacer un uso intensivo de recordatorios y avisos a crear planes concretos de actuación (y no permitirnos improvisar). Lo importante, al final del día, es pensar en las decisiones que tomamos y las cosas que hacemos no tanto como un «asunto moral», sino como un problema de diseño, algo que podemos ir modificando para optimizar los resultados.

Eso sí, no es la panacea. Por supuesto que no. En los últimos años, cada vez más investigadores nos dicen que hay muchos «empujoncitos» que no funcionan. Sobre todo, porque estas pequeñas iniciativas tienen un carácter temporal y difícilmente se trasladan al largo plazo. Sin embargo, si tenemos claros nuestros objetivos reflexionar (y modificar nuestro entorno) puede ser una ayuda increíblemente efectiva.

Imagen | Alan Stanton

En Xataka | Creía que la respiración controlada era un cuento. Ahora la practico cada noche