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Urgencias, colapsadas y UCIs, llenas: el virus de la bronquiolitis es la gota que faltaba para la «tormenta epidemiológica perfecta»

La pandemia se acabó en un puñado de días de marzo de 2022. Los que pasaron entre el momento en que los servicios de monitorización del sistema nacional de salud empezaron a ver que algo se movía y la gripe irrumpió en nuestra vida con crecimientos en la incidencia «casi verticales». Eso no era «normal», el problema es que no sabíamos que iba a ser «normal» a partir de ese momento.

Ahora sabemos algo más. Del peor modo posible.

El caos epidemiológico que nos dejó la pandemia. Como explicábamos en marzo, antes de la pandemia «nuestra cita anual con la gripe empezaba en torno al mes de enero, llegaba a su máximo en febrero y se moría en marzo». Podía haber variaciones: epidemias que se adelantaban o que se atrasaban, pero el esquema era más o menos el mismo.

No fue lo único raro que sucedió. Unos meses antes, en verano de 2020, la positividad por el virus respiratorio sincitial se disparó en todos los países del mundo. Hasta entonces, el VRS era un virus invernal.

La gran pregunta. Este caos postpandémico generaba mucho desasosiego entre los especialistas. No tenían claro qué iba a pasar a partir de ahora, ¿la llegada del SARS-CoV-2 provocaría una reorganización de todos las epidemias anuales y nos obligaría a redimensionar los recursos sanitarios? ¿o, el levantamiento de las medidas de distancia social, no abocarían a lo que podríamos llamar «la tormenta epidemiológica perfecta»?

Empezamos a tener respuestas y no son tranquilizadoras. Las respuestas, en los últimos días, han venido en forma de virus respiratorios. Muchos. Han regresado con tanta fuerza y han alcanzado incidencias tan elevadas que los expertos ya empiezan a hablar de una triple epidemia en la que confluyen COVID, gripe y virus respiratorio sincitial (VRS).

El virus de la bronquiolitis. Precisamente el VRS, el principal causante de las bronquiolitis infantiles, es el que más sorpresa ha causado porque «está saturando las urgencias pediátricas de todo el territorio nacional, incluso Canarias, con un aumento de hasta un 40% con respecto a lo que teníamos en 2019, antes de la pandemia», explicaba Paula Vázquez, presidenta de la Sociedad Española de Urgencias de Pediatría.

Es cierto que los casos, en su mayoría, no son graves: pero la tendencia es muy preocupante porque, ante un aumento tan acusado de la incidencia, «al final siempre salen casos graves, y de hecho, las plantas de hospitalización y de UCI están llenas, sobre todo en los hospitales más pequeños», dice Vázquez.

¿Qué está pasando? En principio, todo parece indicar que estos años de baja incidencia ha hecho que el número de niños inmunizados sea mucho menor de lo habitual. Antes de la pandemia, las oleadas anuales de VSR dejaban un ‘poso inmunológico’ que hacía de muro epidemiológico, frenaba las epidemias y, además, ayudaba a que los niños tuvieran más defensas. Ahora, hay dos o tres generaciones que se enfrentan al VSR sin inmunidad de ningún tipo y el número de casos se dispara (es el acumulado de los años anteriores).

Eso es lo que está poniendo patas arriba todo el sistema: demasiados niños con bronquiolitis, demasiados adultos con gripe y covid, demasiada escasez de recursos sanitarios. Y, de nuevo, no sabemos que va a pasar. Hablamos de virus respiratorios invernales y lo cierto es que, en el mejor de los casos, el invierno meteorológico no ha hecho más que empezar. ¿Qué pasará en enero? ¿Volveremos a tener un sistema sanitario al borde del colapso? Estas son preguntas que están encima de la mesa y que lamentablemente no podemos responder.

Imagen | Kelly Sikkema

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