‘Ada Colau se cree Pasqual Maragall’, por Manuel Trallero

Un frio pelón reinaba en la llamada plaza mayor del distrito barcelonés de Nou Barris. El quiosco de perritos calientes no daba abasto y un simple café era un bien preciado. Las zonas en las que reinaba el sol eran espacios cotizados al alza. A los chicos de la prensa, envueltos hasta las cejas, han tenido que colocarles unas estufas ad hoc. La canción elegida como banda de la campaña, Ain’t got No, I got Life, de Nina Simone, se convertía en un himno capaz de levantar el ánimo más alicaído. La plaza se ha ido llenando hasta registrar un pleno absoluto entre globos morados, gritos de “sí podemos, sí podemos”, banderas republicanas y una escuálida enseña catalana. Unos jubilados apoyados en las barreras observaban el acto como quien mira el progreso de las obras de la calle, dos chicas se besaban y un mozalbete mostraba unos lóbulos de orejas perforadas como los masáis de Kenia.

Cuando ha hecho su reaparición entre los vivos la señora Ada Colau, tras su espantada durante toda la campaña y su salida televisiva del armario, ha sido como si hubiera aparecido Papá Noel bajando por la chimenea. Ha puesto a Nou Barris como ejemplo de fraternidad y ha procedido a efectuar el bonito número de “me cachis en la mar salada, qué guapa que soy y qué bien lo estoy haciendo” como alcaldesa de Barcelona. Los del bloque soberanista son unos desalmados que no han puesto ni euro para guarderías mientras que Ciudadanos son unos señoritos y parecen salir de un anuncio Ikea. Ocurrencia que ha sido muy celebrada.

Tripartito de izquierdas

El candidato Xavier Domènech, más que el candidato, parecía que iba de relleno. Los gritos de “¡presidente, presidente!” han sido de una timidez perturbadora. El chico ha estado voluntarioso. Ha vaticinado una remontada histórica, ha maldecido las patrias que olvidan a sus hijos, por catalanas que sean; ha tildado Ciudadanos y Populares de ser el bloque de Aznar, es decir, de Frankenstein, y ha acusado a los independentistas de jugar a la ruleta rusa con Cataluña. En una incontrolable hemorragia de imaginación, ha propuesto resucitar el tripartito de izquierdas. ¡Que el señor se lo sepa perdonar!

Le ha seguido en el uso de la palabra el señor Alberto Garzón, quien ha explicado que la esperanza de vida en Pedralbes es once años mayor que en Nou Barris y se ha metido en mayores honduras. Una señora a mi lado ha apostillado: “Es que aquí fumamos mucho”.

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