La caja y el cajón

León Arsenal, escritor

En su larga y poco exitosa gira mundial, el Gran Circo del Prusés llega a bombo y platillo a Madrid. Pero descuiden, que no vamos a entrar en lo ilegítimo o no de tal acto. Ya hay suficiente ruido sobre el asunto y, justo por eso, hay un detalle que queda casi oculto y que quiero señalarles.

Porque, veamos. El director del circo, Puigdemont, acude a la capital con un gran espectáculo de tres pistas, con fieras, saltimbanquis y payasos. Y, ante despliegue tan fastuoso, me asombra que casi nadie se pregunte quién paga todo ese montaje.

¿Quién paga el local? ¿Y los viajes y estancias de toda la troupe? Que esa gente no es de la de autocar, bocadillo y pensión, no. ¿De dónde viene el dinero para todo eso? De sus bolsillos no.

Sale del erario público. Ese que usan los secesionistas para pagar saraos y buscar en el extranjero estómagos agradecidos entre personajes de segunda fila o en decadencia. El que les sirve para repartir maná en forma de euros entre grupos afines y medios serviles.

El tinglado de la secesión, al que algunos llaman con salero el PER Secesionista, se mantiene con dinero público quitado a la sanidad, educación, seguridad, obras públicas. Y parece que no le damos importancia.

Pero veamos esto como una ventana de oportunidad. La de hacernos conscientes de este mal. Porque esto no es más que un caso extremo de un vicio común entre los partidos políticos. El de usar la caja pública como su cajón particular, a beneficio de sus propios intereses.

La culpa es nuestra, de los ciudadanos, que lo aceptamos. Si lo vemos como parte del paisaje político, no vamos a arreglarlo.

Ya hemos paliado otros abusos. Hubo tiempo en que se veía normal que los cargos electos o designados usasen medios públicos a capricho. Si uno llegaba tarde a una fiesta, pues iba en un helicóptero de tráfico. Y no pasaba nada. Ahora pasa. No acaba ante el juez pero al menos paga su precio en imagen. Menos da una piedra.

Extendamos esa óptica a los partidos. No nos resignemos a que dispongan a su antojo del dinero público. Hay que echar cuentas y sacar cifras. Tenemos que denunciarlo. Debemos exigir a los medios que den publicidad a los abusos. Y hemos de porfiar hasta que se legisle contra malas prácticas que, al final, son otra de las muchas cabezas de la hidra de la corrupción.

 

Por León Arsenal, escritor

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