El catalanismo ha tomado los psiquiátricos

Antonio Robles, portavoz de dCIDE
Antonio Robles, portavoz de dCIDE

Estamos asistiendo a una cantidad de disparates históricos en Cataluña, que ya solo cabe calificarlos de realidad paralela para hacer coincidir el deseo irrefrenable personal con el delirio colectivo.

Lo malo no es que haya pirados como Juli Gutiérrez, lo esperpéntico es que existe una atmósfera, un caldo de cultivo hoy en Cataluña que acepta con agrado tamaños disparates. Lo malo no es que haya gañanes, en todas las sociedades los hay, lo malo es que aquí se les hace caso. Lo malo no es que se les permita que diga disparates, sino que se les facilite espacios en formato académico, se les exhiba como científicos de la historia y los avalen y presenten personajes mediáticos del procès que cobran de él y tienen todo el aparato de TV3 y demás medios públicos catalanes a su servicio. Lo malo, en fin, no es que le aplaudan, lo malo es que su aceptación rezuma ese aroma supremacista que delata al catalanismo.

El catalanismo ha tomado los psiquiátricos y los ha convertido en universidades. El nacionalismo ha tomado las universidades y las ha convertido en gradas de hooligans de cualquier estadio de fútbol, y a éstas, en la medida de todas las cosas. También de la democracia. Porque ahora la democracia, según el diccionario separata, es lo que a mí me va bien, sea legal o no.

¿Qué si no es el empecinamiento de Puigdemont? El resultado de una sistemática indigestión de delirios supremacistas acumulados desde niño sin capacidad alguna para distinguir entre el deseo de que los disparates de Victor Cucurull, Juli Gutièrrez o Jordi Pujol sean verdaderos, y la realidad gris de la historia. Y no crean que Jordi Pujol es el más cuerdo de los tres, muy al contrario, es el creador de la matriz que los ha hecho posible. Él pergeñó el invento del Institut de Nova Història; su obsesión compulsiva. El que cebó con dinero público sus disparates y el que creó la atmósfera supremacista surgida de una personalidad obsesivo compulsiva empeñada en convertir a Cataluña en una nación étnica a su imagen y semejanza. Exactamente lo contrario que hizo se predecesor, Josep Tarradellas, que en un día como hoy, 23 de octubre de 1977 se dirigió a todos los catalanes desde el Palacio de la Generalidad como “Ciudadanos de Cataluña” sin distinguir catalanes de origen de catalanes de adopción, convirtiendo a todos en ciudadanos. El hombre que denunció el régimen de Pujol como una “dictadura blanca, ya en su primer mandato nos advirtió de su peligro, pero nadie le quiso hacer caso. Y es que ese personaje ruín, corrupto y corruptor había convertido la legislatura en un régimen.

En memoria de Josep Tarradellas.

Por Antonio Robles

 

 

 

 

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