Catalunya resiste, pese a todos, por Emilio Pérez de Rozas

Pensemos que, durante años, han estado prometiéndonos uno de los países más maravillosos del mundo, cuando ya vivíamos en él. Imaginémonos que más de medio mundo quería vivir aquí y ellos querían alejarnos del mundo. Ha habido periodistas, pilotos, ingenieros, patrocinadores, propietarios, campeones que me han pedido a gritos por qué no se organizaba el Mundial de motociclismo, las 18 carreras, en Catalunya. Porque, en efecto, todo el mundo tenía la sensación de que, como aquí, era difícil encontrar un país más estupendo. En todos los sentidos.

Y ellos, durante años, no han hecho nada por mejorar (o mantener) este paraíso. Durante años, los políticos, unos y otros, los de las dos orillas, solo han trabajado para ellos, para mantenerse en el sillón, para ganar los pulsos que protagonizaban dentro de sus propios partidos, para ver quién tenía más poder y mando, y utilizarlo, y chulearnos, unos y otros, pero no para cambiar las cosas malas y mejorar las buenas. Este país lo ha hecho grande y mantenido en pie su gente y no los políticos. Ninguno.

El mejor de los países posibles

Los políticos han trabajado, vivido, figurado para salir en la foto, para aparecer en la tele (especialmente en su tele), para ir una mañana al programa de Jordi Basté y, al siguiente, sentarse en la mesa de Mònica Terribas. Para formar parte del procés o lo contrario. Aquí, señores, han mandado presidentes que no fueron elegidos por el pueblo y líderes vecinales, activistas (alternativos, dicen), han tenido asiento en el puente de mando de la Generalitat cuando no los había votado ni dios.

Entretodos

Piensen en lo bestialmente fuerte que es Catalunya, enorme, el mejor de los países posibles (dentro de lo que es posible) que, pese a estar tocada y empezar a tener fugas de agua (de dinero, de ciencia, de arte, de cultura, de investigación), sigue en pie, admirada, funcionando. Hay que ser un país inmenso, portentoso, para soportar tanto desgaste, para mantenerse erguido después de tanta dejadez por parte de sus gobernantes.

¡Imagínense lo que seríamos si esta gente, unos y otros, se hubiesen dedicado a gobernar! Pero no, ellos se han dedicado a lo suyo. Ya saben: «¿Qué hay de lo mío?». Y lo mío ha sido siempre lo suyo, el procés, su liderazgo, su partido, ganar protagonismo, no gobernar para los demás; imponerse entre ellos; separar; proclamar, eso sí, «simbólicamente» la república. Su república.

Nos han tomado por tontos

Y ahí siguen, pretendiendo dirigirnos desde el extranjero o por carta. Diciendo un día que Europa es un asco y, al siguiente, no al cabo de un año, o dos, no, no, al día siguiente, rectificando. Y no les pasa nada. Porque si algo ha tenido todo este procés es que nos han tomado por tontos. A todos. Y puede que ya sea hora de que esa élite, con la que no nos iríamos al cine, ni a cenar, ni de fin de semana, ni de vacaciones y mucho menos les prestaríamos el coche, un libro, nuestra estilográfica, compartiríamos piso o los quisiéramos de cuñados/as, sepan que, a nosotros, no nos volverán a timar.

Usemos nuestro voto. Y no lo hagamos simbólicamente. Han tratado de hundir nuestro país con la excusa de que lo iban a hacer mejor, cuando ya era maravilloso. O estaba en camino de serlo.

P.D.: Y no me hablen de Mariano Rajoy, que me da miedo. Tanto como estos. Yo nunca le voté y a algunos de los que me han engañado, sí.

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