Cuarenta años no es nada

El español no puede dejar de meterse en las vidas ajenas. Igual que se mete en el patio de comunidad, en el pueblo y en Sálvame, porque le da vida, lo que tiene bases culturales y fisiológicas, el español exige que Napoleón sea Napoleón y, a la vez, un gran padre de familia.

Por eso inducido por los intereses que fueren, en un nuevo Auto de fe, le salió el Torquemada que lleva dentro y fue cuando primero pidió y más tarde exigió la abdicación del Rey Juan Carlos, como antes habia pedido la cabeza de Suarez.

Cuarenta años después, puestos a conmemorar la Transición y el mayor periodo de libertad que ha tenido la Historia entera de esta Nación, al uno no le han invitado y al otro no le han recordado lo bastante.

Mientras los padres y los hijos demócratas se reúnen en la sede de la soberanía nacional para conmemorar los cuarenta años de reconciliación y libertades en un error comprensible y perdonable, pero error al fin y al cabo, se olvidan de invitar a uno de los padres de la patria constitucional. Y en una habitación contigua, los nietos, los que no conocieron más que de oídas todo aquello, recuerdan con estúpida nostalgia lo que nunca existió o lo que la historia inequívocamente enseña como fiasco y en su afán divisorio y revisionista, revuelven las brasas y las tumbas los que no quieren la democracia más que como instrumento para acabar con ella.

Mezclar la historia de la reconciliación nacional, un cambio de régimen dictatorial a uno constitucional y la integración en Europa con un elefante, una corista y las ganas de comer puede sucederle a cualquiera que quiera que Napoleón sea además de Napoleón, un gran padre de familia, pero instrumentalizarlo sólo lo hacen quienes están llevando a cabo su estrategia totalitaria con nuestro dinero y delante de nuestras narices sin que buena parte del personal se entere o se quiera enterar.

Y cuando no tienen otra cosa, eso sí, cansinamente sacan a pasear la República. Aquella cuya llegada, con aquellas circunstancias, que no son las de ahora, después de la dictadura de Primo de Rivera, saludaron Gregorio Marañón, Pérez de Ayala y Ortega y Gasset, para terminar concluyendo,
“No es esto, no es esto”.

Con todo, al cumplirse cuarenta años de la Transición y el mayor periodo de libertades de que ha gozado la Historia entera de esta Nación, debemos tener presente que la libertad no es una conquista irreversible. Los enemigos de la libertad, los que quieren imponer a todos su voluntad, acechan.

Y lo verdaderamente preocupante, aparte de comprobar un dia tras otro que todo en ellos es estrategia con ese fin, es saber cuántos votantes de Podemos estarían de acuerdo con la frase que ayer mismo pronunció el conductor de la revolución y subvencionador de su organización Maduro, “Lo que no conseguimos por las urnas lo conseguiremos por las armas”.

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