De la Misericordia a la Romareda

Dos templos, dos aficiones, casi dos formas de entender la vida. La plaza de toros de Zaragoza atravesó hace unos años su etapa más negra y encontró el camino para resurgir

Los aficionados taurinos saben lo que está sufriendo la afición del Real Zaragoza. Antes pasaron por ese mismo estado de zozobra, de inquietud y hasta de miedo. Y lo saben quienes han vivido los últimos devenires del coso de la Misericordia, porque muchos son asiduos también del estadio de la Romareda. Dos templos, dos aficiones, casi dos formas de sentir la vida.

Hace apenas un lustro, la plaza de toros de la capital aragonesa atravesaba una de sus etapas más negras. Una nefasta gestión empresarial le estaba robando su categoría. Casi dos siglos y medio como un coso de referencia en la Historia del Toreo estaban a punto de esfumarse, muy cerca del infierno, asomándose al abismo, como ahora se encuentra el Real Zaragoza, el que hizo grande la Romareda.

En el ruedo misericorde cada tarde era un eslabón más hacia la nada. Carteles sin sentido, maltrato al abonado, deudas millonarias con la Administración. En la temporada de 2013 se tocó fondo por parte de una empresa que no cumplió lo firmado, y fue más lejos ofreciendo una paupérrima temporada que acabó por hacer olvidar al público el camino de la Misericordia.

Casi en el tiempo de descuento se tomaron medidas, y drásticas, pues la cosa acabó en los tribunales, y gracias a eso se pudo cambiar el rumbo tras la desbandada de aquel empresario de infausto recuerdo. Casi partiendo de cero, la Diputación de Zaragoza, propietaria de la plaza, cedió en sus pretensiones económicas y planteó unas condiciones para que un empresario de primera línea tratara de reflotar el barco casi hundido. Y las cosas van saliendo bien. Lo que se ha perdido en pos de una temporada mucho más recortada, se ha ganado en calidad y en solvencia. Zaragoza, la Misericordia, vuelve a estar en el circuito de primera, el que a punto estuvo de perder para siempre. El público, en tres años, ha vuelto a encontrar el camino de la plaza, y en estos momentos hay ilusión en el aficionado, la que nunca debió perderse.

Hay muchos puntos coincidentes en esta historia taurina con lo que se está viviendo en la Romareda, en el temor y sufrimiento de los hinchas, y la solución no puede seguir hacia la dilapidación de un gran equipo, de una seña de identidad de la ciudad y de todo Aragón. Se imponen medidas drásticas con el único objetivo de salvar la gloria escrita en tantas tardes de fútbol, medidas fuera de cualquier interés particular. Todo por que la Romareda resurja. Poco sé de fútbol, pero la fórmula no es otra que ofrecer al aficionado algo más que ilusión, metas palpables. La Misericordia encontró la salida del negro túnel, ahí puede estar el ejemplo.

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