¡Deténganlos!

Anda por ahí una canción inquisidora diciendo que la detengan -por si es una feminista embravecida- o tal vez sea un burlador de tarjetas negras y usted, ahora, se va a inclinar por ese grupo de fanáticos independentistas que nos toman por memos, y eso es lo de menos, sino que nos califican de ladrones y opresores y se ciscan literalmente en España, freedom for Catalunya.

Llevamos más de dos décadas con nuestros rostros llenos de escupitinajos, cagados nuestros antepasados y permanentemente considerándonos ladrones. Si fuera a unos cuantos, vale, porque España (el Estado español que llaman los nacionalistas porque para pronunciar España habrían de lavarse la boca con perborato) es muy grande, en extensión y en dimensión, el imperio, incultos, pensadores de barretina. Y duele decir esto a personas que -como es mi caso- amamos con todo el corazón esa tierra, y en esa tierra la masía por donde Pla sacaba la boina para ver el mundo como un periscopio, y no digamos los pinos de la Costa Brava que tienen el mejor ambi-pur del Mediterráneo.

Estos secesionistas de medio pelo nos llamarán al resto de los españoles como les de la gana. Gabachos -los inmigrantes de interior-, vagos y perezosos de tomo y lomo, opresores, politicastros, pero leales y orgullosos de haber nacido en esta bendita nación. Ellos, no. Viven una alocada fiebre nacionalista. Ultraje a la bandera. Desacato al Rey. Abolición de la lengua nacional Y, sobre todo, el incumplimiento de la ley…

– ¿Adónde quiere ir a parar?

– A que se les detengan.

Es lo que desea la ciudadanía cabal, que somos todos. Hartos de la burocracia constitucionalista, ansiamos las detenciones y como mal menor el art. 155 para que se les quite las incumplidas competencias como comunidad autónoma. Vienen al Supremo conducidos por una cuerda de presos secesionistas. Y se mofan. Y se cagan -en el sentido de deponer- en nuestro sistema jurídico. Especialmente el independentista y diputado en Cortes Francecs Homs. A estos aldeanos con barretina y longaniza se les olvida lo que le ocurrió a Company cuando Companys proclamó la independencia en plena II República. Fue detenido y encarcelado y cuando llegó el franquismo, muerto y sepultado.

Insultan a los jueces que no les son afines y se hacen los suecos con lo del 3%. España nos roba. Serán mamones. Se pavonean ante los juzgados con una cohorte de rostros pálidos. Esto me recuerda -a mediados de los setenta- lo que me dijo el famoso policía Billy el Niño, que, por cierto, me custodiaba, sin yo saberlo, dado el cargo que yo ostentaba: director de TVE en las Cortes.

– Los valientes gudaris -comentaba el guripa Sánchez Pacheco-, en cuanto me ven llegar al País Vasco, se cagan por las patas abajo.

Y se ponen chulitos ante jueces y fiscales acostumbrados en Cataluña a hacer lo que les sale de los huevos.

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