Inicio Opinión Educar y crecer con cuentos, por Débora Chomski

Educar y crecer con cuentos, por Débora Chomski

¿Por qué es importante contar cuentos a los más jóvenes? ¿Qué beneficios tiene compartir con ellos una historia y nuestras historias? Los cuentos que explicamos, las historias personales o imaginarias que compartimos, son como una llave que abre las compuertas de la imaginación. Y, también, de los aprendizajes. Compartir historias con niños y jóvenes nos conecta profundamente con ellos, desde el corazón y desde nuestra experiencia.

Una historia real o inventada es un pequeño tesoro: rezuma valores y enseñanzas, entretiene, emociona, nos aclara ante sus ojos. Una buena historia motiva, inspira, devuelve a la acción cuando los niños pierden sus fuerzas. Despierta la fantasía y el deseo de jugar, algo tan importante como comer o respirar. Un cuento es un lazo que vincula a los más jóvenes con mundos cercanos y lejanos, propios y ajenos. A veces es solo una caricia. Otras, pura medicina. Siempre es señal de que estamos vivos.

Incorporar las nuevas historias

Hay muchos cuentos de nuestra cultura que son valiosos y que vale la pena compartir. Todo depende del momento evolutivo por el que transite cada niño, de las circunstancias que viva, de su entorno, su cultura y sus gustos. En este sentido, podemos apelar a los clásicos, a los cuentos tradicionales y maravillosos y a los relatos originarios de cada cultura, que son intemporales y universales porque siempre nos dicen algo, porque podemos interpretarlos de muchas formas. Pero también es importante incorporar las nuevas historias que nos ofrece la cultura actual, que son globales, poliédricas y que responden a los nuevos retos de nuestra sociedad, que se construye y reconstruye por medio de nuevos parámetros sobre la sexualidad, la identidad personal, los conceptos de amor, de familia y de felicidad, entre otros.

Entretodos

En mi último libro, ‘Educar i créixer amb històries’, propongo que los padres y los educadores utilicen la narración como forma habitual de comunicación y educación con los niños y los jóvenes. El desarrollo del pensamiento narrativo de los más jóvenes y el uso de relatos para educar en casa o en la escuela ofrecen mucho juego para explicar conceptos abstractos, valores, conflictos y problemas. Vale la pena crear -o recrear- con los propios niños historias que nos ayuden a entender cosas. Por ejemplo, cómo es que de una semilla sale un árbol o por qué hay niños que tienen dos mamás y otros, un solo papá. Y las buenas historias, potentes y bien contadas, dejan huella en el corazón y también en la razón. Además, son el recuerdo recurrente que enciende los motores cuando nos ponemos en marcha o que nos acuna a la hora de hacer un alto en el camino.

Es bueno que los niños tengan sus propios cuentos, en forma de libros, que los hayan sorprendido y a los que amen de forma incondicional. También es bueno desarrollar historias juntos, mientras jugamos, comemos, nos bañamos o vamos a la cama. Cocrear cuentos juntos entre padres e hijos, maestros y alumnos, es una práctica maravillosa y un gran regalo a la infancia -también, por qué no, a la adolescencia-. Nos conecta, nos relaja, nos proyecta en su vida y en nuestra vida. Ponernos en la piel de un personaje real o inventado, volver a calzar las botas de aquel o aquella que fuimos para ser de nuevo y, de paso, mejorar como personas, cambiar nuestra historia. Reinventar conflictos. Cambiar finales. Crear nuevos comienzos. En suma, invitar al niño -o al joven- a que galope sobre sus propios miedos y los venza, como a los malos de los cuentos maravillosos, que en realidad son una pura bendición.

Llevarse por la intuición

¿Todos los cuentos son para todos los niños? No. Hay cuentos y momentos. Una clave para encontrar una historia «a la medida» de nuestro hijo es conocerlo bien y conocernos. Destinar un tiempo y un espacio a observarlo con todos los sentidos. Conversar con él o ella con franqueza. Y dejarnos llevar por nuestra intuición. Mediante la historia que escogemos contar estamos comunicándole muchas cosas. El mar de sentimientos, ideales, expectativas que nos une y sume internamente. Lo que nos hace reír después de superado. Lo que dejamos ir. La cara de la luna que no podemos dejar de ver. Lo que nos maravilla, nos extraña, nos espanta.

Regalar un cuento, formar por medio de historias, es invitar a los más jóvenes a aventurarse en la vida confiando en su inteligencia y en ese legado de historias que son también su propia historia.