El abordaje del abordaje

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Lo bonito de la realidad es que tiene prismas. Como un dodecaedro, que no le pongo cara pero suena bien. O como la pirámide del Louvre donde el sol hace múltiples reflejos.

Pero cuando estás en alta mar y al grito de al abordaje unos piratas asaltan el barco del poder y con extrañas maniobras organizan un motín a bordo no hay prismas ni matices, no puedes hacer una votación entre la tripulación para escoger el rumbo. Por eso en los barcos hay un capitán. Igual que en los gobiernos. Cuando vienen mal dadas no hay tiempo para hacer asamblea sobre el momento de lanzar al agua el chinchorro.

Algunos en España se han subido al palo mayor, y pretenden cambiarle el pabellón a un barco que no les pertenece y con una tripulación de piratas provenientes de las costas más diversas, ninguno elegido personalmente por el pueblo armador, se proponen dejar este verano a la deriva irresponsablemente un barco sin rumbo lleno de gente a donde les lleve, que lo mismo puede ser al triángulo de las Bermudas que al mar de “los Sablazos”.

España rodeada de mar y de piratas, es un barco con un motín a bordo. Un motín de filibusteros, corsarios y bucaneros de la Cup más Cocomocho, Rufián y Pandafilando de la fosca vista, que al grito de al abordaje han tomado el timón de algunas instituciones y quieren echarnos al agua desde nuestro propio barco.

Los separatistas nos provocan ahora para que caminemos por el tablón de madera en suspensión de las competencias para que demos un mal paso hacia donde esperan los tiburones para comer adeptos, no para el referéndum sino para las elecciones autonómicas, que los corsarios se proponen convocar para seguir dando el coñazo al dia siguiente.

Entonces venderán la prohibición del referéndum como una violación de Wilfredo el Velloso, mientras siguen buscando cofres, medallas, monedas de la herrumbre y el saqueo que unos han llevado a cabo en Cataluña durante todos estos años y otros reclaman su turno para seguir haciéndolo.

Petulantes como lo son siempre todos los irresponsables, Artur Más, Iglesias o Sanchez se proponen sacar tajada de la confusión, con los Pujol en la cueva del pirata, cueva del Quebradón o cueva de la culata.

La cansina sonsonia de los bucaneros provocando la confusión entre la parte y el todo, -entre ellos y Cataluña-, debiera conducir al final de este periplo insensato a un mayor implicación de los catalanes en el futuro y rumbo de España. Y a todos los que han promovido y llevado a cabo este cansino motín a bordo, al ostracismo.