Inicio Opinión El primitivo origen del fútbol, por Josep Maria Espinàs

El primitivo origen del fútbol, por Josep Maria Espinàs

Cuando escribo estas líneas el equipo del Futbol Club Barcelona ocupa el primer lugar de la clasificación. Estoy seguro de que todo el mundo sabe qué es este juego-deporte. El más popular de todos, sin duda. Ningún otro deporte es capaz de movilizar a tantos deportistas y aficionado, y espectadores, no es necesario recordarlo.

En mis años escolares en las horas libres de clase salíamos al patio y hacíamos correr una pelota arriba y abajo. A menudo formábamos equipos y los chicos más admirados no eran los que obtenían buenas notas, sino los que tenían un buen chut. Ahora el fútbol tiene la condición de deporte, el juego se profesionalizó, nacieron los fichajes y hoy el fúbtol se podría decir que es un fenómeno y un negocio universal. 

Entretodos

Yo me incorporé a este fenómeno muy modestamente. Escribí el ‘Cant del Barça’, que bien seguro es el texto que ha resonado más de todos los que he escrito. El ‘Cant del Barça’ suena en campos de todo el mundo, en competiciones mundiales y europeas. Cuando a veces, por televisión, he visto a japoneses y africanos cantando aquella letra que escribí en mi despacho de toda la vida, tengo un sentimiento de extrañeza curioso.

Que me perdonen la vanidad. Y también los historiadores: ¿hay algún antecedente histórico del fútbol? Me parece que no. Quizá el fútbol nació de una piedra. 

Hay indicios del juego en China hace más de veinte siglos, o en la cultura maya hace unos 3.000 años. Pero en tiempos muy remotos, alguien, yendo por un camino, al encontrar una piedra que le molestaba, muy bien podría haberla apartado de una patada. Nuestros remotos antepasados seguro que encontraron muchas piedras que apartar y, a lo mejor, también para ponerse a jugar con ellas. Además eran útiles para construir paredes. Así, apilando piedras, marcaron sus territorios.  

Y un día se inventaron las puertas, las porterías. Vigiladas por alguien, haciendo de barrera, dificultando el acceso. Hasta que un día se superó la barrera.

Y a aquella habilidad le llamaron ‘gol’.