El último disparate de un cursi llamado Pablo Iglesias

El frente independentista ha acelerado el paso. Cortocircuitados los últimos cables con el rocambolesco y tenso Pleno, la respuesta a la sedición está en marcha.

Mariano Rajoy ha dinamitado a golpe de Tribunal Constitucional el programa diseñado por Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y los radicales de la CUP para iniciar la “desconexión” de España.

Hacía tiempo que el presidente del Gobierno había dado por perdida cualquier posibilidad de diálogo. En el curso de los últimos meses, según confiesan fuentes monclovitas, ha ido cultivando la imagen de unidad de los constitucionalistas.

Basta con echar un vistazo a las hemerotecas para constatar que Rajoy ha hecho gala de neutralidad ante los bandazos plurinacionales de Sánchez, confiando en que el PSOE mantendría sus posiciones históricas en defensa de la unidad de España.

A tal fin, Mariano Rajoy ha ido adelantando el alcance de su respuesta a Pedro Sánchez, cuya comunicación ha sido descrita como “leal” y “discreta”, además de “permanente”.

Ambos continuarán por ese cauce abierto que conduce a los socialistas a asegurar el respaldo sin ambages al Gobierno para salvaguardar la vigencia de la legalidad frente a quienes intentan quebrarla.

Lo propio ha hecho el presidente con Albert Rivera, cuyo partido lidera la oposición en Cataluña. Aunque, en su caso, el jefe de CS ha podido pecar de indiscreto en algún momento.

Afanes de protagonismo aparte, los posados de Rajoy en las escalinatas de La Moncloa, al mediodía con Sánchez y por la tarde con Rivera, han servido para escenificar el cierre de filas en defensa de la democracia.

Presidente del Gobierno y líder de la Oposición convinieron incluso en retrasar una convocatoria de Adriana Lastra en el Congreso para presentar el registro de su foro de diálogo territorial, dando toda la prioridad a la solemne comparecencia de Rajoy. En realidad, todo está pactado. Al detalle.

Quien sigue sin percatarse de que el país está lejos de tolerar fisuras al afrontar la pretensión secesionista es Pablo Iglesias.

Centrado en su crítica al PP, ha llegado a atribuir a los diputados podemitas en el Congreso la misma falta de garantías que la sufrida por CS, PSC y PPC en el Parlament.

Un nuevo disparate. Fuera de juego, el líder de Podemos ha optado por la soflama contra el constitucionalismo en vez de contra los sediciosos.

Y ahora tiran con bala y a matar, en su propia trastienda. Catalunya Sí Que Es Pot ha entrado en combustión y hasta podría explosionar. “Joan Coscubiela es un embustero” ha sido una frase repetida en las filas de Podem, que clama en Twitter por enviarlo al Grupo Mixto.

Sin un liderazgo incuestionable, la coalición se ha convertido en una guerra de guerrillas entre las siglas de Iglesias e ICV, con EUiA de por medio.

Las visiones casi contrapuestas sobre el 1-O han sembrado una hostilidad que subió otro peldaño cuando Coscubiela impidió al denostado Albano Dante Fachin intervenir en el tumultuoso Pleno.

Son esas peleas internas las que dejan una vez más en evidencia la querencia de Iglesias por quedarse anclado en el gallinero de la política. Y por estar siempre dispuesto a desafinar.

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