Enrique Mesa: «Sin pensamiento crítico no hay democracia», por Juan Fernández

Cuando la LOMCE del ministro Wert recortó a la mitad las horas de Filosofía en los institutos, este profesor madrileño de 50 años inició una campaña para devolver a la asignatura la relevancia que tenía en el pasado. En dos años ha logrado reunir casi 200.000 firmas, que ahora piensa entregar a los partidos que discuten en el Congreso las líneas de la próxima reforma educativa. No da clase con traje y corbata por coquetería. «Lo hago por respeto a mis alumnos. Me tomo en serio mi trabajo», advierte.

–¿Qué mueve a un profesor de instituto a hacerse activista de su asignatura?
–Creo en la escuela como herramienta de cambio social. Doy Ética y Filosofía a 300 alumnos de ESO y Bachillerato en el instituto El Espinillo de Villaverde, un barrio popular de Madrid, y sé que en casa de muchos de ellos no entran más libros que los de texto. Sin Filosofía, nunca conocerán el origen de los valores que conformaron Occidente, como la democracia, la libertad o los derechos humanos. Los hijos de familias ricas tendrán otra oportunidad, ellos no. Pero hay algo más grave.

–¿Qué?
–Lo que están perdiendo como ciudadanos pensantes. Es falso que Filosofía sea la asignatura del pensamiento. Todas ayudan a pensar. Pero esta es la única que lleva el pensamiento crítico a sus últimos extremos. Solo la Filosofía te hace dudar de todo, incluso de que la realidad sea tal como la percibimos.

–Seguro que le han preguntado: ¿y eso de qué sirve?
–Sin pensamiento crítico no hay democracia. Si los chicos pierden la capacidad para poner en duda lo que oyen, creerán lo primero que les cuenten. Y eso, en la era de la posverdad, es gravísimo. Ayer, un alumno trataba de convencerme de algo diciendo: «Profe, lo que le cuento es cierto, se lo he oído a un youtuber». Vivimos una época muy adolescente, y la filosofía nunca hizo tanta falta como ahora.

–La asignatura tiene fama de tostón.
–Quizá debemos mejorar la forma de enseñarla, pero es un mito que a los chicos no les guste. Lo que no les gusta es estudiarla, pero Filosofía les pone, porque les reta. Hoy hemos hablado en clase sobre qué es real y qué no lo es, y uno me ha dicho: «Profe, me estás rayando». Esa es una buena señal, significa que se ha picado. La adolescencia es una edad muy emotiva, es crucial que aprendan a argumentar, no solo a sentir.

–Algunos argumentos tendrán quienes redujeron las horas de Filosofía.
–El ministro Wert llegó a decir que hay asignaturas que distraen. Palabras textuales suyas. Se refería a Plástica y Música, y en el paquete metió Filosofía, las tres materias que fueron recortadas en la LOMCE. Su argumento es que no sirven para encontrar trabajo.

–¿Qué opina?
–Es falso. Las grandes corporaciones cada día buscan más humanistas capaces de ser creativos y menos perfiles técnicos. El conocimiento técnico se puede adquirir en relativo poco tiempo, pero la formación humanística es un poso, se forma a lo largo de la vida y depende de estudiar asignaturas como Filosofía. Pero lo más preocupante es la concepción de la escuela que se deduce de esa postura.

–¿A qué se refiere?
–Para Wert y el Gobierno que impulsó esa reforma, los institutos son fábricas de empleados. Pero la escuela no es eso, debe ser un centro de formación de ciudadanos libres y con criterio propio. Reducir las horas de Filosofía entra dentro de un plan mayor: crear una generación de técnicos de baja cualificación para trabajos precarizados. Será una generación más fácilmente manejable. Sin ciudadanos críticos, la paz social está garantizada. Es lo que buscan. 

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