España se mira en el espejo de la adolescencia

¿Estamos asistiendo a una revolución generacional de la sociedad? ¿Quizás a una involución?

La militancia de base del PSOE (sus hijos, según Josep Borrell), han matado al padre. Nunca antes el aparato del PSOE (expresidentes, barones territoriales y medios afines incluidos), fueron desautorizados de forma más diáfana.

Ya tenemos un partido más dirigido por un adolescente en guerra contra sus padres. Y ya son tres, de cuatro. En la izquierda populista, Pablo Iglesias; en el centro, Albert Rivera (Cs); y en el centro Izquierda plurinacional, Pedro Sánchez (PSOE).

Es casi biológico, hay una etapa de la vida en todo ser humano donde su socialización pasa por la confrontación con sus ascendentes para afirmar su personalidad aún en formación. La acompañan de aspavientos y desplantes, como si fuera el primer ser humano en descubrir la luz. Adanismo inevitable. Suele acarrear quebrantos y disgustos a sus mayores, para pasar a reintegrarse en el regazo familiar en cuanto se ha creado un lugar emocional y material en el mundo. Como si hubiera entendido al fin, que no se puede estar eternamente en guerra con el mundo, porque no es el mundo, sino uno mismo, que viene defectuoso de fábrica.

Este tipo de adolescentes, a menudo consentidos, llevan mal el rigor del esfuerzo y la coherencia. Para eso ya están los padres. Ellos han venido al mundo a disfrutar y despotricar. Y si hay que girar como una veleta para ponerse al sol que más calienta, se cambia el fondo de pantalla de una bandera más grande que las que lucía Obama y se cuelgan 17 con subtítulos de nación de naciones. Un alegato a las bases por conveniencia, y a vivir, que son dos días. Al fin y al cabo, ¿quién se acuerda de la destitución de Tomás Gómez mano militari con mayor arbitrariedad que la suya por la Gestora?

Pasa lo mismo con Podemos, otro partido de adolescentes políticos empeñado en matar al padre. En este caso no es el aparato del partido, porque Pablo Iglesias es a la vez, el adolescente en guerra con sus mayores y el aparato, sino el propio Estado Constitucional surgido de la Transición Política del 78 encarnado en el poder corrupto del PP. Un padre capitalista confabulado con los poderes conspirativos de la tierra, sostienen. Es el tratado de la “ética” de la razón pura, subtitulado como la guerra de los de abajo contra los de arriba, reducción de parvulario de la factoría adolescente, formato 140 caracteres.

Estos adolescentes de izquierdas tercermundistas y populistas han convertido el Congreso de los Diputados en un plato de televisión, y las RRSS en un agip pro diario. Lo importante no es el esfuerzo, el trabajo bien hecho, la honestidad, la promesa sujeta a los rigores de la realidad económica, y la responsabilidad de los propios actos, sino el espectáculo, las emociones y el derribo por el derribo. Ni siquiera el afán de limpieza es constructivo, antes que ninguna otra cosa están empeñados en destruir el orden constituido con la determinación que muestra el adolescente contra la figura del padre, contra la del profesor o de las normas universales más cotidianas. Adanismo puro, repito. Ni un instante de duda antes de arremeter contra el complejo orden institucional que tantos desahogos vitales se han necesitado sacrificar. Lo malo es, que cuando bien se quieran dar cuenta, como tantas veces antes, ya será demasiado tarde. Y vuelta la burra al trigo.

En el Centro derecha también han llegado los jóvenes. Más educados y mejor planchados, pero dispuestos a confundirse con el paisaje que más convenga en cada instante. Albert Rivera los encarna con la virtud del vendedor de provincias: se adapta a cada situación libre de ataduras y principios. Le dice a cada cual lo que quiere oír y se abstiene cada vez que implica retratarse, o asumir un riesgo. Con un Cs hecho a su imagen y semejanza, vende gente joven y guapa, amoldada a las exigencias del departamento de comunicación, de las tendencias políticas de moda y atento a aprovechar el acontecimiento electoral más prometedor. Antes Kennedy, después Obama, más tarde Adolfo Suárez y ahora, Macron, siempre a la última moda y al ritmo de las RRSS. Al fin y al cabo, los padres son una carga: “La regeneración democrática y política pasa por gente nacida en democracia” nos dijo el angelito.

Todos ellos desprecian la edad, el respeto por la obra hecha, la madurez, el conocimiento acumulado, las arrugas de la experiencia y la advertencia del pasado.

¿Quieren cambiar el mundo? ¿o quieren sustituir a quienes dirigen el mundo?

Pero concretemos más. ¿A qué nos referimos cuando hablamos de la mentalidad adolescente de la sociedad actual? Alta conciencia para exigir derechos, y escasa predisposición por hacerse cargo de los deberes que conllevan; sensibilidad extrema por la justicia social y muy poca por cooperar con sus costes o hacerse cargo de sus limitaciones; hedonismo compulsivo y escasa resistencia a la frustración, rechazo del esfuerzo y la constancia, desprecio por las causas empíricas y las soluciones responsables, desprecio por las políticas de Estado a largo plazo; la inmediatez, el efectivismo, el éxito a cualquier precio y ahora mismo…

Puede parecer ofensiva la descripción, pero sólo pretende ser descriptiva, no de las personalidades de los líderes que quieren gobernar España, sino de la España política que se mira en la adolescencia. La LOGSE ha hecho mucho daño. Ahora las personas son tan volátiles como la tecnología digital líquida que nos marea sin tiempo para macerar nada. Ya no se valora la sabiduría largamente obtenida por el sosiego de la vida. Manda el marketing, y el marketing tiene aristas de pechos recién reventados y torsos depilados. El iluso de Platón pretendía que el arconte perfecto (el gobernante) no debía ejercer el poder hasta los 54 años, después de haber demostrado una vida de estudio, sabiduría y prudencia. Hoy un macho alfa del tres al curto, pretende enseñar al mundo que su corta vida, su escaso esfuerzo intelectual y su mínima experiencia le avalan para echar abajo la Transición política del 78 y el orden constitucional. Pues ya tiene quién le imita, Pedro Sánchez y cada uno de los votos de la militancia que se le ha entregado gozosa.

Mientras tanto, la sensatez del único líder experimentado, Mariano Rajoy, está emponzoñada por la corrupción que los adolescentes con razón quieren erradicar. Quizás por poco tiempo, porque ya hay en la posición de salida una partida de jóvenes para competir con garantías en una sociedad de adolescentes.

Esta es la España política que tenemos, una España que se mira en la adolescencia y se dispone a cambiar la sensatez y la complejidad de la experiencia por una lluvia de ocurrencias encapsuladas en twist. Sorry.

Por Antonio Robles. Portavoz de CINC

 

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