Inicio Opinión “La risa que salva”, dice Berger, por Josep Maria Espinàs

“La risa que salva”, dice Berger, por Josep Maria Espinàs

Ya hace tiempo que no tengo noticias de un viejo amigo, Joan. Cuando se quedó viudo fue a instalarse en un pueblo de la Costa Brava, donde se hizo amigo de los pescadores. También sé que se apuntó a cantar en el coro del pueblo. Lo vi algunas veces, pero como he dicho, ya hace tiempo que no sé nada. Pero tengo muy presente su capacidad de reír. Su risa era tan fácil que no era necesario que la justificara. Exactamente lo contrario de los malhumorados permanentes.

He pensado en él cuando he releído el libro del sociólogo Peter L. Berger que lleva este título: ‘La risa redentora’, y como subtítulo: “La dimensión cómica de la experiencia humana”. Un ensayo tan riguroso como divertido. El traductor al catalán, Joan Estruch, era muy amigo del autor y le sugirió unos cuantos chistes catalanes que quedaron incluidos en este libro de reconocimiento internacional.

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Es difícil explicar el libro y la intención de su autor, el humor es universal, no ha habido una cultura humana sin humor. La complicidad puede ser una provocación involuntaria, hay gente especializada en hacer reír sin premeditación. Son los que tienen un instinto, una tendencia natural a combinar frases o palabras en un momento determinado, no previsible.

Del mismo modo que hay gente que instintivamente practican el pesimismo sistemático -todo va mal- está la gente que tiene el don de saber introducir en una reunión una dosis higiénica de humor o de ironía.

El lector ya habrá entendido que no soy transcendentalista por respeto, precisamente, a los hechos realmente trascendentales. La sonrisa y la risa son mejores si no son deliberados. Y tampoco un exceso de dramatismo. Yo pienso que la sabiduría consiste en saber, en muchos momentos, ser moderado.