Marta Rovira, la plañidera del procés, por Antonio Robles

Marta Rovira
Marta Rovira

Las declaraciones de la dirigente de ERC, Marta Rovira, asegurando que el Gobierno español amenazó con armas de fuego y sangre en las calles si seguía adelante el proceso de secesión proclamado el 27 de octubre han levantado indignación por doquier. Por una vez, hasta Rajoy se indignó y la acusó de mentir. “No todo vale”, le reprochó ofendido. Y con él, todo el Gobierno de la nación y sus socios del 155, Pedro Sánchez y Albert Rivera.

Es una lástima que se hayan quedado en el reproche a la mentira. Han mentido tantas veces, con tantas cosas… ¿Por qué indignarse tanto contra una más? Al fin y al cabo “la revolución de las mentiras” consistía en eso, en tejer una telaraña de invenciones, ficciones y falsedades para crear un relato épico de un pueblo oprimido por un Estado opresor al que le ha llegado la hora de ser libre. ¿Habrá mentira mayor que exigir libertad para Cataluña? ¿Habrá mentira mayor que las clases dirigentes de Cataluña llamen colonizadores a las clases con menos renta per cápita y ningún poder político? ¿Habrá mentira mayor, que ampararse en la democracia para negarla en el mismísimo templo de la democracia el 6 y 7 de septiembre?

Pocas veces han mostrado de forma tan diáfana la naturaleza patológica de su victimismo. Perdidos en el laberinto sentimental de la España franquista donde vagan como zombis, no saben vivir sin Franco. Los nacionalistas son los únicos españoles que no han enterrado al dictador, lo necesitan. Y por extensión, también la imagen de la España franquista que desapareció con él.

Su sueño húmedo es ver aparecer los tanques por la Diagonal. Lo necesitan para confirmar su relato de víctimas y opresores. Si reparan, la encerrona de Trapero y su correa de transmisión política el 1 de Octubre, no tenía otra finalidad que fabricar represión contra una población civil indefensa para vender imágenes al mundo que confirmasen sus mentiras. Y si no se producían, se inventaban. Como ocurrió con Marta seis dedos o con la cara ensangrentada de un niño producto de una carga policial de los Mozos de Escuadra de años anteriores. Su relato depende tanto de la represión real del otro, que sin ella todo su discurso se disuelve en la nada. Necesitan sangre, necesitan muertos, necesitan un drama colectivo para “ser”. Todo eso es lo que muestran las declaraciones patéticas de Marta Rovira. Si no hay represión, si no hay sangre, la inventan. Todo con tal de aparecer como víctimas, dar pena, provocar odio, generar frustración, encadenar emociones, esclavizar conciencias. La única diferencia que existe entre el vídeo de Odium Cultural protagonizado por una actriz profesional, y Marta Rovira es que no sabemos distinguir quién de las dos lloronas es mejor actriz.

Por eso, lo de menos es la mentira grosera, miserable, sino la manifestación patética de su patología victimista.

Será muy difícil combatir este catalanismo enfermizo si no se le percibe como es: una patología del espíritu, morbosa y masoquista, que pone en la derrota la energía de su distorsión de la realidad. Solo un día antes de estas declaraciones de Marta la Plañidera, escribí sobre ello en LD: “El masoquismo como entidad nacional”. Valga para precisar mejor esta patología.

Pero no todo es histrionismo y simulación, hay mucho de cálculo y negación de responsabilidad. Recurrir, como ha sobreactuado Marta Rovira, a la responsabilidad del independentismo para evitar un baño de sangre y mostrar así su lado más humano, sólo ha sido un recurso de falso humanitarismo para justificar su impotencia, su falta de respuesta popular contra las medidas del 155 tomadas por el Gobierno. Ellos, qué tanto alardeaban de pueblo, enfatizando que “las calles siempre serán nuestras”, se ven al primer envite, sin pueblo para llenar tanta calle. Es fácil de entender su desolación al comprobar cómo el pueblo catalán les ha dado la espalda a la menor dificultad. Algo había que decir. Por qué no con una mentira más.

Hay en semejante obscenidad, una lectura más, si cabe, más perversa aún. De tanto dramatizar con el uso de la fuerza por parte de las Fuerzas de Seguridad del Estado, acaba legitimando socialmente, que el uso de la violencia legítima del Estado de Derecho es intolerable en cualquier circunstancia. Una gran manipulación, una nueva mentira y una perversa satanización de la fuerza del Estado que, en última instancia, les haría imposible lograr sus objetivos secesionistas. Dicho de otra manera, se quieren asegurar que, en caso de necesidad, el Estado renuncie a la fuerza para defender su soberanía. O sea, para que la secesión le salga gratis. Estamos ante una sociedad de adolescentes incapaces de hacerse cargo de los daños colaterales de sus actos irresponsables. ¿O acaso debería haber renunciado el Estado a reducir por la fuerza, si hubiera sido necesario, el golpe de Estado del Coronel Tejero?

P.D. Las plañideras, tradicionalmente, eran mujeres a las que se les pagaba para ir a llorar a los entierros. Tales lloronas solían ser contratadas por los ricos en su entierro. ¡Qué terrible metáfora! Marta, La Plañidera, ¡será la llorona del procés?

 

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