Mi encuesta, por Jordi Évole

Ya les hablé del señor Antonio en las últimas elecciones autonómicas. Dudaba de si iría a votar, porque tradicionalmente mucho votante emigrante, en las catalanas, se abstenía. Pero el señor Antonio acabó votando a Ciudadanos. Y no fue el único. Le vi el miércoles pasado con más ganas de votar que en el 2015. Ha vivido con angustia los meses de septiembre y octubre. Se vuelve a decantar por Arrimadas: le gusta que sea jerezana, que hable tan bien el catalán, que sea la única cabeza de lista mujer candidata a presidir la Generalitat, pero le decepcionó que no se supiese el dato del paro en Catalunya. El señor Antonio acabó muy desencantado con los socialistas, después de votar a Felipe y a Zapatero. Pero reconoce que ahora Iceta le hace tilín, y eso hacía tiempo que no le pasaba con ningún socialista. «Ya veremos, Jordi».

Mi vecino Francesc es ‘convergent’ “de tota la vida”, tan de toda la vida que no reconoce a su partido por ninguna parte. Hasta el punto que me dijo: “Voy a votar a Espadaler“. “¿Tú, Francesc?”. “Te he dicho a Espadaler, no a Iceta, que conste”. “Ya, ya, pero si votas a Espadaler, votas al PSC”. “Yo voto a Espadaler, y punto”.

Entretodos

A la Dolors no la veía desde el verano. Hemos vuelto a coincidir este puente en su bar de un pueblo del Empordà. Me ha preguntado si es verdad que “por allí abajo” (refiriéndose a la zona de Catalunya por la que yo vivo) tanta gente iba a votar por Ciudadanos como dicen las encuestas. Ella va a seguir fiel a Esquerra. No entiende que haya desertores del partido republicano que ahora se estén pasando al “invento de Puigdemont” como ella misma lo define. “¿Cómo es posible, con la situación tan injusta por la que pasa Junqueras?”. Mientras Dolors se desespera, aparece Damià, su marido, que tiene muy claro que hay que votar a Puigdemont. “Es el  ‘president’ destituido por el 155”. Dolors y Damià ya no votarán lo mismo, con lo ilusionados que estaban cuando los dos fueron a introducir el voto de su vida por Junts pel Sí. Es como si la ilusión hubiese cambiado de bando.

En la oficina, pues de todo, como en todos los trabajos. Uno de los más jóvenes lo tiene clarísimo: no hay otra opción que la CUP, y se va pronto que tiene reunión con el CDR de su barrio, menos activo de lo que él querría desde la última huelga. “Ya volveremos a liarla después del 21, que se ve que ahora no conviene”. Otro, menos joven, harto de ver cómo han ido cayendo con el ‘procés’ todas las posiciones híbridas, votará a los Comuns, que tendrán la llave para decidir quién gobierna (y será un marrón). No he encontrado a nadie que vote al PP, que igual vuelve a demostrar que el único voto oculto en Catalunya es el de ellos.

Este ha sido mi muestreo. ¿Conclusiones? No sé. Que Ciudadanos se consolida, que Iceta sube y cae bien (y es el único que hace saltar algún voto de bloque), que el invento de Puigdemont es eficaz, y que a ERC se le puede hacer larga la campaña, pero tiene muchos fieles. Lo que les puedo asegurar es que no he coincidido con nadie que no vaya a ir a votar. Y ahí sí que puede estar la clave de todo.

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